Brasil ante su pasado dictatorial

20/05/12

La puesta en marcha de una Comisión de la Verdad en Brasil supone un importante paso en el largo, complicado y doloroso proceso que implica ahondar en el pasado dictatorial en la búsqueda de respuestas inquietantes para preguntas complicadas. Gracias a la decisión de Dilma Rousseff pudo ponerse en marcha una iniciativa que en su día quiso impulsar el ex presidente  Lula y que encontró fuertes resistencias entre los militares, especialmente aquellos ya retirados pero entonces involucrados en buena parte de las violaciones de los derechos humanos que hoy se quieren investigar.

Una primera lectura de la convocatoria y composición de la Comisión lleva a destacar su carácter profesional, equilibrado, multipartidario y no sectario, estatal y no gubernamental, junto a un escrupuloso reconocimiento de la legalidad vigente. En ese sentido, la presidente no quiso superar los límites de la Ley de Amnistía, aprobada en 1979 durante la dictadura militar y cuya constitucionalidad fue avalada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal. Pese a que ese mismo año la Corte Interamericana de Derechos Humanos, tan denostada por Hugo Chávez, la declaró sin efectos jurídicos, el gobierno brasileño no quiso ir más allá con el objetivo de no afectar los difíciles equilibrios sobre los que se apoya una iniciativa de este tipo.

El deseo manifiesto de no hacer un uso partidario y progubernamental del trabajo de la Comisión contrasta claramente con lo ocurrido en Argentina, donde pese a los avances importantes en el conocimiento del pasado se ha producido una clara manipulación de los Derechos Humanos por los dos presidentes Kirchner. Un dato a destacar desde esta perspectiva es que en Brasil se invitó al acto de constitución de la Comisión a todos los ex presidentes democráticos vivos (Sarney, Collor de Mello, Cardoso y Lula), algo muy diferente al ninguneo a que se sometió a Raúl Alfonsín.

Si bien la Comisión no podrá enjuiciar a ninguno de los implicados en las violaciones de los derechos humanos, sí podrá dejar constancia de las atrocidades cometidas y de los responsables de las mismas. Aquí encontramos a los dos grupos que con mayor empeño rechazan la formación de la Comisión y sus posibles resultados. Por un lado, los militares retirados, con apoyos corporativos en algunos sectores activos, que ven con pavor que su hasta ahora reconocida impunidad sea cuestionada. Por el otro, ciertas ONG y grupos defensores de derechos humanos que se mueven con criterios maximalistas, aunque algunas ven a la Comisión sólo como un punto de partida. En este grupo están todos aquellos que rechazan la ley de Amnistía y quieren enjuiciar a los torturadores.

De ahí la importancia de conocer el pasado. De saber a ciencia cierta qué cosas ocurrieron en un país en un momento determinado de su historia y conocer a los responsables. Sólo de esa manera se puede impulsar seriamente la construcción del futuro, un proceso en el que Brasil está firmemente empeñado. Pero una cosa es la búsqueda de la verdad y el conocimiento del pasado y otra muy distinta la evocación de una memoria que pretende ser monopólica. Para evitar caer en este error hay que reconocer que no hay memoria, por más histórica que sea, sino memorias, y que es con la suma de todas ellas como se avanzará en la reconciliación nacional.



Paranoia y personalismo del siglo XXI

13/05/12

El pasado 9 de mayo, Miguel Ángel Pérez Pirela, presentador del programa “Cayendo y corriendo”, en la oficialista VTV, y de la web “La iguana”, anunció con tonos apocalípticos un complot para asesinar a Adán Chávez, hermano del presidente y uno de los favoritos en la línea sucesoria. Según explicó Pérez Pirela, la trama no se descubrió gracias al azar, sino por una profunda investigación de los servicios de inteligencia venezolanos, a la vista de un crucigrama publicado en un periódico opositor.

Entre las respuestas del aparentemente inocente pasatiempo había algunas, como “camino, ráfagas, llanuras, asesinen, Adán, base, probabilidades y Rabat”, que eran un claro mensaje para los terroristas. Era el mismo método que usaba el general De Gaulle durante la II Guerra Mundial para comunicarse con sus comandos en Francia. Tanta paranoia proveniente de las filas bolivarianas debería provocar una sonrisa y poco más. Después de todo, ¿cuántos intentos de invasión norteamericana denunció Hugo Chávez en la última década?

Si vinculamos esta denuncia con la publicitada hace dos semanas por Fidel Castro sobre los planes desestabilizadores de Barack Obama la cosa deja de ser una broma para convertirse en una campaña propagandística en toda regla. Su principal objetivo es amilanar a la oposición venezolana y reforzar el respaldo popular al proyecto de construcción del socialismo del siglo XXI.

Sin embargo, llama la atención la forma como todo gira en torno a la figura del comandante Chávez, de manera tal que más que apostar por construir el socialismo del siglo XXI el proyecto sea el del personalismo del siglo XXI. Desde hace tiempo Andrés Oppenheimer habla del “narcisimo leninismo” propio del bolivarianismo. ¿Qué más que el personalismo llevó en el último año a cambiar la consigna de “patria, socialismo o muerte”, que había sido durante años uno de los ejes estructuradores del bolivarianismo?

Si profundizamos en la realidad venezolana vemos que el socialismo del siglo XXI no es tal y que la idea de la revolución bolivariana es uno de los mayores éxitos propagandísticos del chavismo. La única fuente de legitimidad de Chávez y sus seguidores son las elecciones. No ha habido nada en la historia venezolana reciente que se parezca a una revolución, ni tan siquiera el Plan Nacional Simón Bolívar, las propuestas comunalistas o el llamado retórico al socialismo, propio del “Aló presidente” o de otras manifestaciones oficialistas.

Insistir en la inexistencia de la revolución bolivariana y del socialismo del siglo XXI, un producto que ni los más firmes defensores del chavismo son capaces de definir, resulta crucial en la actual coyuntura electoral. Sea cual sea el desenlace de las elecciones, el potencial ganador deberá gobernar de acuerdo con la ley y la Constitución de 1991, un extremo que ni siquiera negó el líder de la oposición Henrique Capriles. Cualquier salida que no contemple este extremo podría conducir al país por una peligrosa pendiente de desestabilización.



La inversión extranjera y las múltiples Américas Latinas

06/05/12

Un reciente informe de la CEPAL señala que en 2011 América Latina atrajo el 10% de la inversión extranjera directa (IED) mundial. Según este estudio, la región logró su máximo histórico, con más de 153 mil millones de dólares, tras los 137 mil millones de 2008. Es, sin lugar a dudas, una excelente noticia aunque hay otras regiones que siguen siendo más atractivas para los inversionistas internacionales. Sin embargo, tras esta cifra global se esconden diversas asimetrías que nuevamente confirman que estamos frente a una región fragmentada, y no sólo desde una perspectiva política.

Los cinco países más beneficiados por la IED (Brasil, México, Chile, Colombia y Perú) concentran el 81% del total. Por su parte, los países sudamericanos del ALBA (Bolivia, Ecuador y Venezuela) más Nicaragua (Cuba no aparece en las estadísticas) sólo representan el 4,3%, que asciende al 9% si añadimos los 7.243 millones de Argentina, el sexto receptor. El 10% restante se divide entre las demás naciones de América del Sur, América Central y el Caribe. En términos relativos Venezuela es el país que más incrementó la IED entre 2010 y 2011, un 339%, seguido de El Salvador (231%), Ecuador (107%), Colombia (92%) y Nicaragua (91%).

Junto a las diferencias nacionales y regionales, hay otro dato importante a tener en cuenta: la distribución por ramas productivas. En 2011, el 57% de la IED de América del Sur (sin Brasil), donde el riesgo de la “reprimarización” de las exportaciones es mayor, se concentró en agricultura y actividades extractivas (minería y energía), frente a un 36% en servicios y sólo un 7% en manufacturas. En Brasil, que sumó el 43,8% de las inversiones en América Latina, manufacturas y servicios recibieron el 46,4% y el 44,3%, respectivamente, y las actividades primarias un 9,2%. La situación es diferente en México, América Central y el Caribe, con un 52,5% en servicios, un 39,7% en manufacturas y sólo un 7,8% en recursos naturales.

La Unión Europea sigue siendo el mayor inversionista en la región. En la última década el 40% de las inversiones partieron de algún integrante de la Unión. Por países, en 2011 los más importantes fueron EEUU (18%), España (14%) y Japón (8%). China supuso el 5,2% y las inversiones latinoamericanas dentro del propio continente alcanzaron un nada desdeñable 9%, aunque en 2011 se detectó un cierto retraimiento en la actividad de las multilatinas.

Estas cifras no contemplan, obviamente, las consecuencias de la expropiación de YPF por Argentina y la nacionalización de TDE por Bolivia. A esto hay que agregar las especulaciones crecientes en torno a posibles nuevas expropiaciones del gobierno de Cristina Fernández en empresas de distribución de gas o electricidad o, inclusive, mineras. En cierta medida, la disparidad en las cifras de IED en América Latina se vincula con las oportunidades económicas y también con la seguridad jurídica, la estabilidad política y la previsibilidad en las decisiones de los distintos actores. En un continente crecientemente fragmentado es cada vez más difícil hacer predicciones de conjunto, pero sí es evidente que hay claros ganadores y perdedores en el complejo juego de atraer la inversión extranjera.



La sucesión de Chávez y la lógica de Fidel

29/04/12

En su reflexión “Lo que Obama conoce”, Fidel Castro advierte gravemente contra la disposición del presidente de EEUU de “promover el derrocamiento del gobierno bolivariano”, atendiendo a la deteriorada salud de Hugo Chávez. Esta acusación, sin aportar prueba alguna, se acompaña de las tres siguientes consideraciones: 1) “la oligarquía jamás podría gobernar de nuevo” en Venezuela; 2) el lenguaje de Chávez no incluye “insultos ni bajezas” hacia sus “enemigos”; y 3) es un enfermo ejemplar que no ha dejado de cumplir “estrictamente con las medidas pertinentes sin dejar de atender sus deberes como Jefe de Estado y líder del país”.

Castro analiza Venezuela como a su Cuba revolucionaria y cree que la legitimidad del gobierno venezolano emana de la revolución bolivariana y no de las elecciones. Sin embargo, ellas han legitimado a Chávez una y otra vez. Por más que ambos recurran a la lógica revolucionaria, en la V República los comicios han decidido hasta ahora los triunfos chavistas, salvo que se quiera reiniciar una deriva basada en golpes de estado militares.

Castro maneja a la perfección la premisa populista: “el poder es para siempre, ni se comparte ni se reparte”,  que Evo Morales reescribe como “hemos llegado al poder para quedarnos”. En el discurso chavista cualquier oposición es la oligarquía, y Henrique Capriles cae en la misma categoría. Decir que el lenguaje de Chávez con sus enemigos no incluye insultos ni bajezas va contra toda lógica, salvo que mermara la comprensión de un Fidel Castro senil o fallara su traductor simultáneo. Así lo prueban las expresiones despectivas e insultantes de Chávez contra Capriles. No sólo lo llamó irresponsable, embustero o político de pacotilla, sino también le dedicó una de sus enrabietadas soflamas, con sutiles bajezas e insultos: “Tienes rabo de cochino, orejas de cochino, roncas como un cochino, eres cochino majunche, eres un cochino, no te disfraces”.

Desde la lógica populista, cualquier intento opositor de presentarse a unas elecciones para ganarlas tiene una motivación destituyente, acorde con la ingeniosa fórmula de la presidente Cristina Fernández. Según esta interpretación, la oposición busca birlarle al pueblo lo que legítimamente le pertenece. Si se dice que “la oligarquía jamás podrá gobernar de nuevo en Venezuela” es porque no se quiere entregar el poder. En los últimos meses conocimos numerosas declaraciones de altos mandos militares venezolanos diciendo que la FAN (Fuerza Armada Bolivariana) chavista, socialista y antiimperialista no permitirá que el pueblo pierda el poder. Seguían las palabras del general Rangel Silva que a fines de 2010 dijo: “Un hipotético gobierno de la oposición a partir de 2012 sería vender el país, eso no lo va a aceptar la Fuerza Armada” .

Pese a lo dicho por Castro, los temores de involución no provienen de ningún complot orquestado por Obama sino de las propias entrañas del chavismo. Durante años Chávez agitó el fantasma de una inminente invasión norteamericana que nunca se produjo con el fin de rearmarse hasta los dientes. Ahora la lógica sigue siendo la misma: para que el imperialismo no desestabilice Venezuela lo mejor es golpear primero, especialmente con Chávez muerto o muy enfermo.

Aquí entramos en el último argumento de Castro: Chávez no ha dejado de atender “sus deberes como Jefe de Estado y líder del país”. Para Castro es totalmente normal gobernar con el mando a distancia, aunque sea desde la cama de un hospital. No importan ni las consideraciones institucionales ni los preceptos constitucionales que establecen los mecanismos sucesorios, tanto transitorios como permanentes. Fidel Castro, desde la trastienda, sigue incidiendo en la agenda y bloqueando algunas de las medidas más importantes de su hermano Raúl. Por eso sería conveniente que Chávez hiciera pública la naturaleza de la enfermedad que lo aqueja y los diagnósticos médicos. De este modo el gobierno venezolano saldría de su bloqueo,  el país comenzaría a funcionar con normalidad y se podrían organizar las elecciones sin contratiempos.



La expropiación de YPF y América Latina

22/04/12

Sólo ha pasado una semana desde que la presidente Fernández redactara el proyecto de ley expropiatorio y decretara, manu militari, la intervención de la empresa. Sin embargo, por el cúmulo de artículos, declaraciones y hasta discursos de barricada, el tiempo parece mayor. Como todavía no se alcanzó el punto álgido del enfrentamiento, las acusaciones cruzadas siguen aumentando y el tiempo de la negociación sigue sin llegar.

Tras la unilateral iniciativa kirchnerista, en ambas orillas se han hecho encuestas similares pero contrapuestas. En Argentina, de seis a siete de cada diez habitantes apoyan la medida y la popularidad de la presidente se recupera a la par que la soberanía petrolera. En España, más del 80% considera grave la expropiación y un 44% que las relaciones bilaterales saldrán perjudicadas.

Aquí y allí las declaraciones altisonantes son acompañadas de descalificaciones, incitaciones a boicotear la producción del otro o mensajes nacionalistas. En Argentina son escasos los llamamientos gubernamentales para preservar una relación muy asentada y de fuerte raigambre bidireccional. Al contrario, la tónica dominante es llamar al enfrentamiento, a “redoblar la apuesta”, a movilizar los sentimientos nacionalistas y estatistas.

Un aspecto poco tratado es la reacción latinoamericana. Las posturas han sido variadas, aunque oscilan entre lo dicho por Hugo Chávez y Felipe Calderón. Mientras el primero se mostró solidario con Cristina Fernández y comprometió, al menos de palabra, el apoyo de PDVSA a la nueva YPF, Calderón se opuso frontalmente a la expropiación. Mientras Daniel Ortega sintonizaba con Chávez, Sebastián Piñera coincidía con Calderón, y Juan Manuel Santos, en alusión tácita a Argentina, fue terminante: “Aquí no expropiamos”.

La mayoría de los gobernantes prefirieron no pronunciarse, manejando el argumento de la bilateralidad del conflicto y entendiendo el fondo de la posición argentina, pero sin ir más allá. Evo Morales tuvo la postura más llamativa en esta línea, al agregar que tenía excelentes relaciones con Repsol. Joaquín Morales Solá señalaba que muchos gobiernos latinoamericanos hicieron llegar reservadamente su solidaridad a España a fin de no provocar al vecino austral.

Brasil es un caso aparte. Para muchos, YPF debe seguir el modelo de Petrobras, exitosa empresa estatal con fuerte presencia privada. Pero otros, incluyendo altas instancias del gobierno argentino, ven a Petrobras como alternativa a Repsol en la gestión de YPF, o quieren que invierta y produzca más. El ministro de Planificación e interventor en YPF, Julio de Vido, visitó en Brasilia a Dilma Rousseff, a varios ministros y a la presidente de Petrobras. Rousseff fue categórica: “de ninguna manera vamos a interferir en el proceso argentino. No emitiremos posiciones ni juicios de valor”.

Pese al exitismo de de Vido, la revista Valor señala que el gobierno brasilero ayudará a Argentina en lo que sea posible pero sin comprometer “la rentabilidad de sus operaciones”. Petrobras seguirá reivindicando, como los demás operadores en Argentina, precios razonables por su producción. La respuesta, muy lógica en términos de mercado, desconcertó a los partidarios de la expropiación total del sector energético, que acusaron a Petrobras de hablar el mismo lenguaje que los “pulpos petroleros”. Sea quien sea quien reemplace a Repsol, y será una gran empresa del sector, hablará el mismo lenguaje empresarial y restará contenido al discurso soberanista.




1 de 612345...Última »