
El Universal
México, 20 de abril de 2008
"...Puede resultar cierto, como lo señala Guillermo Velasco Arzac —el promotor del video que compara a AMLO con Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta— que “una importante porción social comparte que el asalto al Congreso es un acto golpista”, puede ser cierto que miles o millones de ciudadanos estén hartos de los estilos políticos de AMLO(...) Todo eso puede ser cierto, pero también lo es que nadie con aspiraciones democráticas puede festejar que desde el otro extremo, el de la derecha radical, se responda con la misma piedra." (El Universal, México)
"No más ciudadanos rehenes de las minorías extremas
... Existen razones suficientes para cuestionar el asalto violento al Congreso, para censurar la farsa de resistencia civil y para criticar el atentado que todo eso significa para la vida democrática del país.Pero no se puede aceptar y menos aplaudir que la violencia política desatada por el jefe del FAP, Andrés Manuel López Obrador, se responda a través de mensajes televisivos, no menos violentos, que sólo encienden la hoguera de la polarización social, y que financia Guillermo Velasco Arzac...
No al ojo por ojo
Es cierto —y debemos insistir en ello— que el líder del FAP prendió la mecha del conflicto institucional que tiene paralizado al Congreso; que el mismo AMLO ha mandado al diablo a las instituciones, y que a través de sus dichos y sus hechos ha desconocido a los tres poderes de la Unión, y que el asalto al Congreso tiene tintes fascistas y de golpe de Estado. Todo eso es cierto, pero también lo es que nadie que se diga demócrata puede aplaudir que se estimule la espiral de violencia, el odio, la intolerancia y la confrontación.
Puede resultar cierto, como lo señala Guillermo Velasco Arzac —el promotor del video que compara a AMLO con Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta— que “una importante porción social comparte que el asalto al Congreso es un acto golpista”, puede ser cierto que miles o millones de ciudadanos estén hartos de los estilos políticos de AMLO —por lo menos las encuestas lo colocan muy por abajo del porcentaje que alcanzó en julio de 2006— y que esos sectores lo perciban como un golpista en potencia. Todo eso puede ser cierto, pero también lo es que nadie con aspiraciones democráticas puede festejar que desde el otro extremo, el de la derecha radical, se responda con la misma piedra.
Sin duda que a muchos molestó y ofendió el asalto al Congreso, la farsa de resistencia civil, la contradicción escandalosa entre aquellos que a nombre de la democracia pisotean la democracia, que reclaman diálogo y clausura, y toman la casa del diálogo —acciones extremas que al mismo tiempo fueron motivo de regocijo entre los leales al legítimo— como tampoco podemos dudar que el mensaje televisivo que quiere emparentar a López Obrador con Hitler, Mussolini, Pinochet y Victoriano Huerta molestó y ofendió a muchos del otro bando, a los que asaltaron el Congreso y que, en su momento, aplaudieron esa decisión radical, violenta y nada democrática....
Polos opuestos se juntan
Pero hay que insistir. Esa historia, la de una peligrosa polarización social, de encarnizada lucha por la razón, por la verdad, por el poder; la confrontación entre supuestos buenos y presuntos malos, entre sedicentes salvadores de la patria y aparentes traidores de la patria, es una historia tan vieja como la humanidad.
Y para resolverla, para evitar confrontaciones, guerras civiles, conflictos interminables, las sociedades inventaron la política y la democracia. ¿Quién tiene la razón en este caso? No la tiene el locuaz de Andrés Manuel, pero tampoco el lenguaraz de Velasco Arzac. Los dos tienen una porción de la razón —y capaz que son porciones muy pequeñas de razón— porque los dos representan a los polos opuestos que, como en la física, se juntan. Los polos opuestos se atraen, los polos iguales se rechazan.
El movimiento de AMLO, sus desplantes fascistas y su fobia a la deliberación, a la pluralidad de ideas y a la democracia están más cerca de la derecha extrema que lo combate, que de una izquierda sensata —no se ocurra decir “izquierda moderna”, porque corremos el peligro de despertar a los dinosaurios custodios de la izquierda de las catacumbas— como esa derecha extrema de Velasco Arzac está más cerca de los desplantes fascistas del FAP, que de la derecha que gobierna.
Por eso resulta curioso cómo los extremos de la geometría política —la extrema izquierda del FAP y la extrema derecha del yunquista Velasco Arzac— son los responsables de estimular la polarización, pisotear las bases democráticas, de encender la intolerancia y los odios, de despertar los ánimos de una guerra entre hermanos. Pero es más curioso aún que esas minorías radicales pretendan tomar como rehenes a las mayorías que no están en ninguno de esos extremos. Mayorías que incluso los rechazan...
¿Todos ciegos?
Muchos no lo van a creer, otros —a la Pedro Infante— preferirán agacharse e irse de lado, en tanto que los de más allá responderán con el insulto cotidiano. Pero hace 11 años, en agosto de 1997, vivimos una situación similar a la que hoy vemos con el asalto al Congreso, con muchos de los mismos personajes, con palabras como “asalto al Congreso”, “golpe de Estado”, “espurio”, “legítimo” y “golpismo”. Pero todo al revés, como si fuera una película de Chaplin.
Entre el 29 y el 31 de agosto de ese 1997, el Congreso vivía uno de sus momentos históricos. Por primera ocasión, el PRI no logró 50% más uno de los 500 lugares en la LVII Legislatura de la Cámara de Diputados —logró apenas 239, en tanto que juntos PAN, PRD, PVEM y PT lograron 261 diputados—, lo que provocó que los cuatro partidos opositores se hicieran del control de “la casa del pueblo”, alianza que durante pocos meses fue motejada como “El G-4”. Por primera vez, el PRI perdió el control de la Cámara.
...¿Y qué creen? Pues sí, el PRI que lideraba Arturo Núñez se negó a perder el control de la Cámara de Diputados, y junto con algunos de sus leales, como Fidel Herrera y Ricardo Monreal intentó la toma de la tribuna, mientras los opositores se instalaron la mañana del 30 de agosto. Arturo Núñez calificó de “ilegal y espuria” la integración de la Cámara por la mayoría opositora, y en una entrevista en televisión acusó a los opositores de intentar “una asonada”. Deslizó que senadores y gobernadores del PRI no permitirían que los opositores “asaltaran” el Congreso, y la noche de ese 30 de agosto, se corrió la versión de que cerca de San Lázaro estaban listos camiones para la toma de la tribuna....Tiempo de los ciudadanos
Como se puede ver, los políticos de todos los partidos acomodan los conceptos de democracia a su conveniencia, a su vulgar interés personal y a la sombra del membrete que los protege. La crisis de 1997 y la de 2008 en el Congreso deben dar lecciones; que los mandantes somos los ciudadanos y que los políticos y detentadores de cargos de elección popular están para servirnos. El ciudadano no puede ser rehén de un partido y menos de un liderazgo. Es el tiempo de los ciudadanos. ¡Ya basta!
(Extracto de artículo publicado en "El Universal")
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