EL ANÁLISIS

¿Valores o conveniencia?

 

Reforma
México, 5 de marzo de 2008


"Todas las guerrillas cometen excesos, pero las FARC sólo cometen excesos: éstos son su regla, no la excepción. Y además las FARC nunca han atendido sugerencias de sus aliados de que moderen sus excesos o de preferencia los eliminen...México, América Latina y la izquierda latinoamericana agrupadas en instancias como el Foro de Sao Paulo debieran aquilatar esta diferencia: apoyar a las FARC es apoyar al hampa contra un gobierno democrático..." (Reforma. México)

"...México le ha extendido a varias organizaciones político-militares de izquierda un reconocimiento más o menos formal y un relativo santuario en territorio nacional desde hace ya 30 años. Los más destacados fueron el FSLN entre 1977 y 1979 bajo el impulso de Reyes Heroles, Roel, funcionarios de la Cancillería y de Castañeda y Álvarez de la Rosa al final, bajo la Presidencia de López Portillo; al FMLN sobre todo a partir de 1980 y hasta la firma de los Acuerdos de Chapultepec en 1992, bajo el impulso de Castañeda y Álvarez de la Rosa y del que escribe, también bajo la Presidencia de López Portillo; y a la URNG guatemalteca en menor medida a principios de los ochenta. Se coqueteó con el M-19 hasta el asalto al Palacio de Justicia en Bogotá y con las FARC hasta 2002 cuando fueron expulsadas de México por Fox y el que escribe. La relación política siempre ha sido distinta a la negociación llamada humanitaria, el gobierno de Fox negoció la liberación de dos rehenes mexicanos en 2001-2002 con las FARC sin confundir esa negociación con una relación política, salvo cuando el gobierno colombiano lo pedía.

Pero hay grandes diferencias entre la situación de los Castro en los cincuenta, del FSLN en los sesenta o del FMLN en los ochenta, con la situación de las FARC hoy y la desenfrenada búsqueda de reconocimiento internacional realizada para ellos por Chávez y La Habana. Estas diferencias son las que la izquierda latinoamericana nunca ha querido hacer explícitas y que hoy la han colocado en una situación dramática.

En primer lugar, las FARC no son una guerrilla como las otras: practican sistemáticamente -lo que se ha demostrado decenas de veces y recientemente con la investigación de John Carlin publicada en El País- la producción, procesamiento y tráfico de drogas, el secuestro como medio de financiamiento y el reclutamiento forzoso de "niños soldado" (ver informe de HRW de 2003).

Todas las guerrillas cometen excesos, pero las FARC sólo cometen excesos: éstos son su regla, no la excepción. Y además las FARC nunca han atendido sugerencias de sus aliados de que moderen sus excesos o de preferencia los eliminen.

Segunda diferencia: la dictadura militar salvadoreña, los Somoza y la dictadura de Batista eran eso: regímenes represores y violentos y no existían otras aparentes vías de lucha. El gobierno de Uribe quizás no sea tan respetuoso de los derechos humanos como es deseable, pero tan existen otras formas de lograr otros objetivos que el Polo Democrático, una organización de izquierda con miembros afines a las FARC, es la segunda fuerza y gobierna su capital. Así, ninguna de las tres condiciones que han imperado en otras coyunturas aplican hoy para las FARC.

México, América Latina y la izquierda latinoamericana agrupadas en instancias como el Foro de Sao Paulo debieran aquilatar esta diferencia: apoyar a las FARC es apoyar al hampa contra un gobierno democrático..."

Extracto del artículo del diario Reforma

 
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