
Infolatam
Caracas, 21 de julio 2008
(Especial para Infolatam).-
"...esta vez Chávez vuela a Europa con un propósito más claro y definido que las veces anteriores, un objetivo que hasta cierto punto evidencia desesperación: tratar de transmitir a Venezuela y al mundo el mensaje que aún es poderoso militar y políticamente, que todavía cuenta con capacidad, voluntad y ánimo para seguir en la senda del socialismo militarista y antidemocrático del siglo XXI."
Con salida retrasada y luego de una aparición televisiva en su programa Alo Presidente signada por la violencia, la amenaza y la polarización verbal en contra de sus adversarios internos y externos -actitud que en cierto modo rompe con la estrategia de moderación que venía siguiendo en el último mes- Hugo Chávez emprende una nueva gira exterior. En esta ocasión hacia las lejanas Rusia y Belarús, dos de los pocos aliados internacionales fieles que le quedan y con cuyos mandatarios comparte el "honor" del creciente cuestionamiento mundial por sus actitudes forajidas, autoritarias y violadoras de los derechos fundamentales; únicos regímenes, además, dispuestos a venderle armas, submarinos y otros artilugios para poner a tono su aparato militar de seguridad, represión y expansión armamentista regional. El periplo presidencial también incluye España y Portugal, dos países que pese a algunos impasses diplomáticos que se han atravesado en el camino bilateral, considera aliados moderados, dado sus empatías socialistas y buenos negocios financieros y petroleros.
Pocos días antes de esta gira europea, el presidente Chávez visitó a algunos de sus aliados latinoamericanos. Estuvo en Ecuador, Bolivia y Nicaragua a cuyos presidentes les dio mayor respaldo político, ayuda económica y oportunidades comerciales. Así como para la venezolana, el momento es difícil para las revoluciones de Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega. Correa y Morales enfrentan consultas populares esenciales para mantenerse en el poder y avanzar en sus respectivos proyectos. A Bolivia, Chávez no fue sólo, sino acompañado por otro de sus importantes aliados ¨moderados¨, Luiz Inácio Lula da Silva. Allí, ambos mandatarios no sólo respaldaron a Morales quien en poco más de tres semanas, el próximo 10 de agosto, someterá su cargo a un referendo revocatorio como una forma de dirimir su enfrentamiento con la oposición regional y autonomista del país, sino que firmaron varios acuerdos de integración vial y de cooperación por un total de 530 millones de dólares.
Pero más allá de dar apoyo y afianzar relaciones con sus aliados ¨duros¨, así como recomponer las relaciones bilaterales con los aliados ¨moderados¨, especialmente con el gobierno de Rodríguez Zapatero luego de la crisis diplomática entre ambos países a raíz de que el rey Juan Carlos mandó a callar al gobernante venezolano en la Cumbre Iberoamericana de noviembre del año pasado, ¿qué busca Chávez con estos viajes al inicio de una campaña electoral por él mismo definida como esencial para su futuro y en medio de una situación doméstica adversa de creciente rechazo popular hacia su liderazgo y gestión pública, que lo que menos aconseja es una nueva y costosa salida al exterior?
No creo, como recién afirmó el canciller Nicolás Maduro, que esta nueva gira presidencial sólo pretenda "neutralizar las fuerzas negativas de las élites imperialistas". Esto es parte de la retórica revolucionaria que siempre ha formado parte su ¨diplomacia viajera¨ aunque hoy un poco atenuada por las circunstancias. Tampoco creo, como aseguran muchos de la oposición venezolana, que sólo se trata de una huída más por los problemas que se agravan en casa.
Creo que esta vez Chávez vuela a Europa con un propósito más claro y definido que las veces anteriores, un objetivo que hasta cierto punto evidencia desesperación: tratar de transmitir a Venezuela y al mundo el mensaje que aún es poderoso militar y políticamente, que todavía cuenta con capacidad, voluntad y ánimo para seguir en la senda del socialismo militarista y antidemocrático del siglo XXI. Chávez quiere que el mundo crea que a pesar del cuestionamiento y el aislamiento internacional que hoy se cierne sobre su cabeza y sobre su impopular gobierno amigo de grupos terroristas, tiene fuerza y alto espíritu revolucionario. Y, por tanto, merece consideración y hasta temor.
Insuflado de nuevas energías, no es de sorprender que, apenas retorne al país, tome él mismo como bandera de campaña lo que su partido político acaba de adelantar en el parlamento: una nueva reforma constitucional que le permita la posibilidad de una reelección indefinida.
Chavez no se da por vencido.
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