Voz y Voto
México, 8 de abril 2008
Entrevista a Jesús Reyes Heroles, Director General de Pemex.
"La propiedad y el control del Estado sobre Pemex no están a discusión lo que sí lo está es cómo controlar, cómo permitirle que aproveche el potencial para hacer lo más que pueda. De la mano de esto, van los cambios en el llamado gobierno corporativo de Pemex", afirma Jesús Reyes Heroles, en una entrevista realizada por Jorge Alcocer y publicada por la revista Voz y Voto.
P.- ...Entre todos estos retos(...), ¿por dónde empezar?....
JRH.- (....) Para plantear qué hacer, debemos irnos no a la expresión, que es la declinación de los campos, o la insuficiente exploración, o la falta de inversión en refinación, etc., sino a las causas. ¿Cuáles son? Hay una problemática del marco regulatorio aplicable a Pemex, que es propio de las entidades públicas mexicanas pero no adecuado para una empresa en general, y mucho menos para la complejidad y el dinamismo de una empresa petrolera. Tenemos que cambiar ese marco regulatorio, obviamente, sin afectar la rectoría del Estado en materia de hidrocarburos. No se trata de cuestionar el hecho de que el Estado define la política en esa materia. (Revista Voz y Voto, México)
Pregunta: A su juicio, ¿cuáles son los tres mayores problemas que en el corto plazo está enfrentando Petróleos Mexicanos y en general la industria petrolera mexicana?
J. Reyes Heroles .- En el muy corto plazo estamos enfrentando un problema de insuficientes márgenes para el transporte y almacenamiento de petrolíferos, e incluso de gas natural, que no se puede almacenar pero sí se transporta. En petrolíferos no se ha construido un ducto importante
en más de diez años, tampoco se ha ampliado sustancialmente la capacidad de almacenamiento, tanto de crudos en refinerías como de productos en las terminales de almacenamiento y reparto. Cuando la demanda llega a periodos pico, como cerca de Navidad, se está operando con márgenes muy estrechos y con riesgo no de un desabasto generalizado pero sí de desabastos locales, algo que evidentemente a la opinión pública y a nuestros clientes les molestaría.
El segundo problema de corto plazo va un poco en la misma dirección: la importación de gasolina, no sólo para cubrir faltantes aquí, sino para poder hacerlo con gasolinas que cumplan con las normas ambientales correspondientes. Toda la frontera norte y zonas metropolitanas están recibiendo gasolinas de muy bajo contenido de azufre que son importadas, no tenemos capacidad de hacerlas nosotros. Tenemos que avanzar en esa dirección para ir cumpliendo gradualmente con las normas ambientales.
El tercer problema de muy corto plazo es que el crudo mexicano, por la madurez de los campos, está saliendo con mayores contenidos de sal y agua, y el gas, con más contenido de nitrógeno (es el que se inyecta para mantener la presión de los yacimientos). Estamos moviéndonos con gran velocidad para terminar plantas que nos permitan desalinizar el crudo, deshidratarlo, y también quitarle el nitrógeno al gas, para que la calidad de nuestros productos se mantenga y no tengamos quejas de nuestros clientes.
P.- A mediano plazo, de acuerdo con la perspectiva de los estudios con los que ustedes cuentan, ¿cuáles son los retos mayores que la industria petrolera nacional debe estar lista para enfrentar?
JRH.- El principal de todos es cómo compensar la declinación de varios de nuestros yacimientos, que están llegando a la etapa de maduración o ya están en etapa de declinación. La producción de crudo el año pasado fue tres millones 85 mil barriles, lo cual representó 14 por ciento menos que lo que se produjo en el momento cumbre, que fue en 2000 y 2004. En gas Pemex está produciendo más; sin embargo, la suma de los dos se ha quedado estancada. Tenemos una compañía petrolera, integrada además, que ha estado estancada en su producción desde 2004; ésa es una noticia muy preocupante. ¿Cómo podemos mantener o incluso aumentar esa plataforma de producción cuando hay mercados internacionales tan favorables como los que hay actualmente y los que se avizoran? Lo que hay que hacer es acelerar la exploración; es muy importante, como lo estamos haciendo desde hace dos años, gastar más y hacer más trabajos de exploración, sísmica, perforación de pozos exploratorios, delimitación de campos y demás, para tener una tasa de restitución más alta. Ya hubo un avance importante en 2006 y 2007; el año pasado la tasa de restitución para las reservas probadas (1P) fue 50.3 por ciento. Sí, pero sucede que esas tasas deberían ser superiores al cien por ciento; una tasa menor quiere decir que lo que se está encontrando por la vía de la exploración no alcanza ni siquiera a restituir lo que se extrajo ese año. Esto contribuye a reducir las reservas y es actuar en contra de las generaciones futuras, porque estamos consumiendo un recurso que debería ser permanente cuando menos, si no es que creciente. El punto es que para lograr esos recursos, tenemos que estar en todos lados: tenemos que seguir con la actividad que hay en tierra en general, y en particular en Chicontepec, que es un yacimiento muy rico pero al mismo tiempo complejo en cuanto a sus características y que requiere una explotación cronometrada, precisa, logísticamente avanzada. Tenemos que seguir con los trabajos en la plataforma continental e intensificar muchísimo las actividades en aguas profundas, porque la presencia de Petróleos Mexicanos allí es incipiente y francamente tardía. Otros países comenzaron hace 16 o 17 años, y nosotros, hace dos o tres.
P.- Entre todos estos retos que describe, ¿por dónde empezar? Hay quienes sostienen que quizá el camino adecuado sea imaginar un cambio en etapas, y no pretenderlo todo de un golpe. Si éste fuera el caso, insisto, ¿por dónde empezamos?
JRH.- Primero quisiera tender un puente entre la pregunta anterior y ésta. En realidad, los que planteé como principales retos son las expresiones o causa de otros factores que están detrás de ellos y, por lo tanto, el reto más importante de mediano plazo sería precisamente cambiar todo ese andamiaje institucional que tiene, y ha tenido durante mucho tiempo, a Pemex sujeto a una verdadera camisa de fuerza regulatoria, a una serie de reglas que no son aplicables a una compañía petrolera en ninguna parte del mundo.
Para plantear qué hacer, debemos irnos no a la expresión, que es la declinación de los campos, o la insuficiente exploración, o la falta de inversión enrefinación, etc., sino a las causas. ¿Cuáles son? Hay una problemática del marco regulatorio aplicable a Pemex, que es propio de las entidades públicas mexicanas pero no adecuado para una empresa en general, y mucho menos para la complejidad y el dinamismo de una empresa petrolera. Tenemos que cambiar ese marco regulatorio, obviamente, sin afectar la rectoría del Estado en materia de hidrocarburos. No se trata de cuestionar el hecho de que el Estado define la política en esa materia.
P.- La propiedad y el control del Estado sobre Pemex no están a discusión.
JRH.- No, no están a discusión; lo que sí lo está es cómo controlar, cómo permitirle que aproveche el potencial para hacer lo más que pueda. De la mano de esto, van los cambios en el llamado gobierno corporativo de Pemex; la empresa necesita un consejo de administración más fuerte. ¿Por qué más fuerte, si allí están el secretario de Hacienda, la secretaria de Energía, etc.? Más fuerte en el sentido de que sus facultades le permitan, en su seno mismo, tomar las decisiones que le correspondan.
P.- Hay quien dice que la Secretaría de Hacienda es la verdadera dueña de Petróleos Mexicanos, por el monto de los recursos que Pemex transfiere al erario. El 18 de marzo el presidente Calderón ordenó que se hicieran los estudios para una nueva refinería. La primera pregunta que surge es de dónde va a salir el dinero. ¿Pemex cuenta con los recursos para emprender un proyecto de esta magnitud?
JRH.- A raíz de las reformas fiscales de 2005 y 2007, esperamos que a partir de 2008 Pemex conserve algo más de recursos propios, esto es, que le pague un poco menos de impuestos en términos relativos a la Secretaría de Hacienda. De todas maneras, como es aparente que el precio del crudo va a estar relativamente alto este año, es probable que todavía paguemos más en términos absolutos, pero el caso es que le quede más a Pemex para poder invertir. Entonces, parte de los recursos para un proyecto como una refinería sí puede salir de Petróleos Mexicanos, pero ¿qué hacemos, invertimos en eso, o aceleramos la exploración, o aceleramos la explotación de los yacimientos, o incursionamos con mayor intensidad en aguas profundas? Es una decisión en donde en mi opinión lo que deberíamos hacer es una buena combinación de recursos; así como estamos acostumbrados, por ejemplo, a mezclar recursos propios con endeudamiento, en muchos casos con los famosos Pidiregas, también deberíamos considerar la mezcla de recursos propios con recursos de terceros, de particulares que pudieran acompañar a Pemex. Doy un ejemplo: es paradójico que Pemex sea socio de Shell al cincuenta por ciento en una refinería en Texas, Deer Park se llama, que el año antepasado dio más de 500 millones de utilidades sólo a Pemex, mientras que el sistema de refinación en México, porque no se ha reconfigurado y por otros motivos, perdió el año pasado 34 mil millones de pesos.
Sí deberíamos estar viendo cómo podemos jalar recursos de otos para poder hacer ciertas cosas sin que perdamos el control. La refinería de Deer Park refina crudo mexicano, y la gran mayoría de las gasolinas que salen de allá viene para México, nosotros las pagamos y el margen se queda allá. Ahora, afortunadamente, parte de ese margen retorna a Pemex, pero no retornan los empleos que se crean en Texas y no en México.
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