
La Nación (Argentina)
Buenos Aires, 8 febrero 2010
"... La enfermedad que afectó ayer a Néstor Kirchner le debe mucho a esa obstinación por la concentración absoluta del poder nacional en cuatro manos: las suyas y las de su esposa, la Presidenta. Cuando un sistema político y un gobierno dependen sólo de dos personas, como ahora, aumenta, en primer lugar, el riesgo del error y de la sinrazón". (La Nación. Argentina)
"... La enfermedad de uno de ellos, además, debilita demasiado a la conducción política de la Nación. El matrimonio Kirchner buscó, hasta que lo logró, un gabinete opaco, integrado por personas pendientes de las órdenes que llegan desde Olivos.
... La Presidenta está ahora al lado del lecho de su marido enfermo, como corresponde a cualquier esposa de este mundo. ¿Quién está hoy en condiciones de tomar una decisión sobre política económica, sobre todo después de que el ministro de Economía, Amado Boudou, fue reiteradamente ninguneado y desautorizado en los últimos días?
¿Quién podría resolver sobre una cuestión de política exterior si el canciller, Jorge Taiana, se limita a explicar las decisiones que toman los Kirchner sobre los tratos con el mundo? ¿Quién podría arbitrar una línea sobre política interior si el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, está siempre librando los muy duros combates públicos de los Kirchner?
Kirchner es un hombre que no conoce el descanso ni la paz. Desayuna leyendo los diarios (con más furia que placer), almuerza rodeado de incondicionales a los que adoctrina sobre los pasos por seguir, pasa la tarde entre conversaciones con ministros y secretarios de Estado y comparte la cena con su esposa y con más funcionarios, legisladores y políticos.
Los días de sus supuestas vacaciones en El Calafate se fugan siempre entre maquinaciones políticas y entre disposiciones sobre sus muchos negocios personales. Nunca lo apasionaron los viajes al exterior (pisó Europa por primera vez después de ser presidente) ni le despierta la curiosidad otra cosa que no sea la política en su construcción más básica. El ex presidente no conoce, ni en sueño, otra cosa que la perpetua política.
Kirchner tiene, además, una salud frágil. Con el cuerpo grande, su apariencia es, sin embargo, la de un hombre débil. El color de su piel es de una notoria palidez. Consume aspirinas durante todo el día, junto con café cortado con leche, contra la opinión perseverante de sus médicos. Hasta ahora, el lugar de su físico donde parecía somatizar todos los nervios de la política era el estómago, que ya le provocó el primer gran susto en 2004, con una hemorragia prolongada y abundante.
Kirchner subrayó todas sus características (sobre todo las que no son buenas) desde que es sólo el hombre fuerte del país, despojado ya de los empaques del poder. Cierto aislamiento y la necesidad de compartir las apariencias con su esposa lo llevaron, quizás, a una mayor concentración del poder y a una más grande dosis de arbitrariedad en sus decisiones"..
Extracto del artículo publicado en (La Nación. Argentina)
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