EL ANÁLISIS

Un optimismo fundado

 

UNESCO
Paris, 29 denoviembre 2007


El año 2000 la comunidad internacional se comprometió a alcanzar seis objetivos encaminados a garantizar la educación para todos en 2015. Ahora estamos a mitad de camino y tenemos motivos para ser optimistas, aunque todavía queda mucho por hacer en tres ámbitos: la enseñanza preescolar, la paridad entre los sexos y la alfabetización

“¿Alcanzaremos la meta?” Esta es la pregunta aparentemente sencilla que se plantea el último Informe de Seguimiento, cuando nos hallamos a mitad del periodo 2000-2015. Los datos registrados nos permiten ser bastante optimistas, porque muestran que desde el año 2000 se ha producido a todas luces un “efecto Dakar” y se han logrado progresos más rápidos que en el decenio de 1990. La escolarización en la enseñanza primaria aumentó en 36% en el África Subsahariana y en 22% en el Asia Meridional y Occidental. Los gobiernos de 14 países han suprimido los derechos de escolaridad en primaria, propiciando así el acceso a la educación de los niños más desfavorecidos. El número de niños sin escolarizar ha disminuido considerablemente, sobre todo a partir de 2002. Muchos países de África y Asia han adoptado medidas específicas para suprimir algunos de los obstáculos que impiden la escolarización de las niñas: campañas de sensibilización, mejora de las instalaciones higiénicas en las escuelas y contratación de un mayor número de maestras. Por su parte, los países de América Latina han aplicado programas eficaces de subvenciones para compensar los gastos de las familias más pobres en la escolarización de sus hijos.

El gasto público en educación aumentó en más de 5% anual en el África Subsahariana y el África Meridional y Occidental, esto es, en las dos regiones del mundo que más distan de alcanzar los objetivos de la EPT. Por último, entre 2000 y 2004 el volumen de los compromisos de ayuda a la educación básica aumentó sustancialmente, pasando de 2.700 a 5.100 millones de dólares. Los principales beneficiarios de este aumento fueron los países de ingresos bajos.

Los nconvenientes del éxito

A medida que los sistemas educativos van escolarizando a un alumnado cada vez más numeroso y diverso, se ven obligados a proporcionar un mayor número de aulas, de maestros formados y de libros de texto. De aquí a 2015 en el mundo se van a necesitar 18 millones de docentes suplementarios y son los países del África Subsahariana los que van a tener que afrontar los mayores problemas de penuria de docentes. Para evitar una crisis, los gobiernos están adoptando medidas provisionales como el recurso a maestros interinos con contratos de corta duración, pero esto no constituye a largo plazo una solución susceptible de mejorar la calidad de la enseñanza. En efecto, la formación adecuada del personal docente y su perfeccionamiento profesional son elementos claves de esa mejora.

En todas las regiones del mundo hay muchos países en los que el aprovechamiento escolar de los alumnos es insuficiente en lengua y matemáticas. Para solucionar esto, es necesario aumentar el tiempo lectivo, contar con un número suficiente de profesores formados y disponer de libros de texto y material de aprendizaje en abundancia. Por otra parte, los alumnos tienen más posibilidades de adquirir competencias sólidas en lectura y escritura si comienzan la enseñanza primaria en su lengua materna.

Uno de los mayores desafíos que se plantean a la educación es el de la integración de los marginados. Es necesario adoptar medidas específicas para poner la educación al alcance de los 72 millones de niños del mundo que no van a la escuela por pertenecer a comunidades indígenas, por padecer discapacidades, por haber quedado huérfanos a causa de la epidemia del sida, o por vivir en comarcas rurales apartadas, barriadas urbanas miserables o países víctimas de conflictos bélicos. En todos esos casos, la pobreza es siempre el obstáculo mayor. El sistema escolar sólo podrá ser más equitativo para todos, si las políticas de educación admiten que las necesidades de aprendizaje de los niños son diferentes según su medio socioeconómico de procedencia. La realización de intervenciones a pequeña escala, como las efectuadas en el marco de los programas de atención sanitaria y alimentación en la escuela, pueden tener una influencia sumamente positiva en el aprovechamiento escolar de los niños.

Ampliar la cobertura de la educación exige, en estos momentos, centrarse con más audacia en la consecución del conjunto de los objetivos de la EPT y contar con un mayor apoyo financiero de los donantes de ayuda. Los objetivos que suscitan mayores preocupaciones son los relativos a la atención y educación de la primera infancia, la paridad entre los sexos y la alfabetización de los adultos.

En la mayoría de las regiones del mundo en desarrollo, los niños menores de seis años no se benefician del acceso a programas de atención y educación de la infancia. Sin embargo, está demostrado que esos programas no sólo contribuyen a compensar las desventajas y carencias, sino que además preparan a los niños pequeños para su ingreso en la escuela primaria e incrementan sus posibilidades de aprender mejor, una vez matriculados en ella. Un buen comienzo de la escolaridad, desde la edad más temprana, redunda en beneficio del sistema educativo en su conjunto.

Lo datos estadísticos correspondientes al año escolar finalizado en 2005 confirman que no se ha alcanzado el objetivo –fijado para ese mismo año– de lograr la paridad entre los sexos en la enseñanza primaría y secundaria. Desde 1999 sólo tres nuevos países han venido a sumarse a los que ya habían conseguido la paridad a finales del decenio de 1990. Sólo un tercio de los países han declarado haber alcanzado la paridad en primaria y secundaria en 2005. Las disparidades en detrimento de las niñas están muy extendidas en las regiones del África Subsahariana, los Estados Árabes y el Asia Meridional y Occidental. En otras regiones del mundo –por ejemplo, en América Latina y el Caribe– las disparidades entre los sexos se dan en detrimento de los varones.

En el mundo hay 774 millones de adultos que no saben leer ni escribir. Aunque la tasa de alfabetización de los adultos ha aumentado en los países en desarrollo, el número absoluto de analfabetos no ha experimentado prácticamente cambio alguno en los dos últimos decenios. Para las personas en general, y más concretamente para las mujeres, el hecho de no saber leer y escribir representa una grave carencia que las hace más vulnerables a la enfermedad, la exclusión y la explotación. Por otra parte, en las familias donde los padres son analfabetos las posibilidades de que éstos envíen a sus hijos a la escuela son más reducidas. El sistema educativo y el conjunto de la sociedad deben promover la adquisición de competencias básicas en lectura, escritura y cálculo, ofreciendo programas de educación de adultos y facilitando el acceso a la palabra escrita mediante la adopción de políticas editoriales y mediáticas adecuadas.

El problema de la ayuda externa viene a sumarse a todas estas dificultades relacionadas con los tres objetivos que más inquietudes suscitan. El año 2000, la comunidad internacional se comprometió en Dakar a apoyar los esfuerzos de los países en pro de la educación, incrementando la ayuda. En el periodo 2000-2004 la ayuda internacional aumentó en 90%, pero en 2005 disminuyó, creando así incertidumbres con respecto al futuro. La ayuda externa tiene que aumentar en proporciones muy considerables para alcanzar la suma de 11.000 millones de dólares anuales que se estima necesaria para alcanzar los objetivos de la EPT.

La educación nos atañe a todos y cada uno de nosotros. Ahora bien, las previsiones indican que los objetivos de la EPT no se alcanzarán al ritmo al que se progresa actualmente. Para avanzar con mayor rapidez se precisa una voluntad política mucho más resuelta, una cantidad de recursos mucho más considerable y el establecimiento de un número mucho mayor de asociaciones, tanto a nivel de cada país como en el plano internacional. Teniendo en cuenta que nuestras sociedades se apoyan cada vez más en el conocimiento, los objetivos de la educación son más pertinentes que nunca. No obstante, las políticas de educación deben estar presididas por el empeño de integrar a todos los grupos de edad y ofrecerles una enseñanza de calidad. Los objetivos fijados el año 2000 vienen a ser el faro que señala a los países la trayectoria que han de seguir para salir de la pobreza y hacer efectivo el derecho a la educación".

 

 
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