
Infolatam
Caracas, 27 de junio de 2008
(Especial para Infolatam).- "...Si bien la moderación emprendida por Chávez hasta ahora luce más retórica que real y no apunta hacia una rectificación de su proyecto internacional ni de los objetivos estratégicos para alcanzarlo, sí se trata de un necesario repliegue táctico que, si es profundizado y bien manejado, pudiese servirle para disminuir la desconfianza que se ha generado en torno suyo y para mejorar su deteriorada imagen interna y externa a causa -no sólo pero sí fundamentalmente- de sus cada vez más evidentes nexos con grupos terroristas como las FARC, ETA y Hezbollah".
Rompiendo la estrategia seguida hasta ahora, en las recientes semanas el presidente Hugo Chávez no sólo ha emprendido un inesperado viraje en su actuación doméstica, sino en su gestión exterior. Así, de un absurdo radicalismo y de una constante confrontación con los gobiernos considerados "enemigos" -que nos puso al borde de un conflicto bélico con Colombia- se pasó de súbito a la moderación diplomática.
Uno de los cambios presidenciales de mayor impacto ha sido el cuestionamiento a las guerrillas colombianas y el exhorto a que liberen sin condiciones a sus secuestrados. A muchos sorprende oír tales afirmaciones de quien hasta hace poco defendía con vehemencia la lucha "legítima" de las FARC y llamaba al mundo a reconocerles carácter de beligerantes en lugar de terroristas. También ha causado desconcierto el cambio de tono en sus agresiones externas y los esfuerzos por mejorar las relaciones con gobiernos como el de Colombia, México, Perú y España, entre otros.
Era hora de un giro diplomático. Estaba causando gran malestar que, pese a que el pasado diciembre los venezolanos rechazamos vía referéndum la propuesta presidencial de reforma constitucional que pretendía implantar el "Socialismo del siglo XXI", el gobierno continuara tratando de imponerla por todos los medios legales e ilegales posibles. De allí que pocos días del rechazo popular, la mayoría oficialista en el Parlamento aprobara un Plan Nacional para el período 2007-2013 que en gran parte establece los mismos lineamientos de la reforma rechazada.
En materia internacional, el plan define una serie de objetivos fundamentalmente en función de la afinidad política existente entre éste y otros gobiernos, al tiempo que acentúa el carácter expansionista e intervencionista de la política exterior, al establecer que se fortalecerán las revoluciones y los grupos alternativos en el mundo y que la promoción del proyecto bolivariano se realizará pasando por encima de los gobiernos. Esto es lo que el presidente Chávez denomina "la diplomacia de pueblos" en contraste con la diplomacia tradicional entre estados. A partir de esos objetivos se reforzaron los vínculos comerciales y políticos con los gobiernos considerados "aliados", incluidos aquellos de dudosa reputación democrática o calificados de "estados forajidos", como es el caso de Irán.
También generó fuerte rechazo la aceleración del proceso de politización del servicio exterior venezolano, lo cual produjo tensiones sin precedentes entre nuestras misiones diplomáticas y los países receptores. Se dieron casos de embajadores a quienes se les negó el placet o los denunciaron por su intervención en los asuntos internos de esos países. Y aún más cuestionamientos trajo la compra desproporcionada de armamento militar por parte del gobierno venezolano. Según el informe 2007 del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, nuestro país fue el principal importador de armas en América Latina y el noveno mundial.
Pero si bien la moderación emprendida por Chávez hasta ahora luce más retórica que real y no apunta hacia una rectificación de su proyecto internacional ni de los objetivos estratégicos para alcanzarlo, sí se trata de un necesario repliegue táctico que, si es profundizado y bien manejado, pudiese servirle para disminuir la desconfianza que se ha generado en torno suyo y para mejorar su deteriorada imagen interna y externa a causa -no sólo pero sí fundamentalmente- de sus cada vez más evidentes nexos con grupos terroristas como las FARC, ETA y Hezbollah.
Tales logros no serían nada despreciables en un año de elecciones domésticas en que el proceso chavista se juega un buen número de alcaldías y gobernaciones, todas indispensables para el futuro político del régimen.
Ahora, cabe preguntarse: ¿hasta cuándo mantendrá el Comandante la sensatez política y hasta dónde seguirá los consejos de sus asesores?
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