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EL ANÁLISIS

Un inicio sensible

 


Washington, 13 de abril de 2009


El Presidente Obama sabe que Cuba no es un asunto urgente para Estados Unidos. Pero también sabe que nada puede resaltar más la intención de su administración de lograr un nuevo acercamiento a América Latina que desmantelar la red de restricciones que los Estados Unidos impusieron a la isla.

Obama ha empezado sabiamente a crear una nueva política hacía Cuba eliminando las restricciones a los viajes familiares y al envío de remesas a la isla, una medida que la mayoría de los cubano-americanos apoyará (sigue).

La comunidad cubano-americana, que ha bloqueado cualquier flexibilización de la política hacia Cuba hasta la fecha, esta políticamente más debil y dispersa de lo que fue. Aún así, sus opiniones deben tenerse en cuenta.

Los próximos pasos lógicos a tomar por la Administración podrían incluir:
1.- Facilitar el intercambio académico, cultural, y deportivo con Cuba, flexibilizando las trabas burocráticas y excesivas regulaciones que están actualmente en vigor.
2.- Levantar las restricciones para viajar a Cuba a todos los ciudadanos estadounidenses.
3.- Poner fin a los esfuerzos para impedir que instituciones internacionales como la Organización de Estados Americanos y el Banco Interamericano de Desarrollo acepten a Cuba. De hecho, Washington debería alentar este tipo de contactos para facilitar el éxito de la reintegración de Cuba en los asuntos hemisféricos, y ayudar a la transición de la isla hacia un sistema económico y político más abierto.

Eventualmente, Washington debería buscar un diálogo más amplio con La Habana (como lo hizo con Vietnam hace aproximadamente 15 años) que ponga a los dos países en la senda para lograr lazos comerciales y diplomáticos normales. Con el tiempo, el ritmo y la importancia de los cambios de la política de EE.UU. deberían tener por respuesta acciones recíprocas por parte de Cuba. No debería haber dudas sobre el apoyo de Washington a la libre expresión y asociación, el papel de la ley, los derechos humanos y las elecciones libres en Cuba. Pero una sociedad democrática en Cuba debiera ser el objetivo del compromiso de Estados Unidos, no una condición previa.

 
 

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