
Infolatam
Santiago, 10 de febrero de 2010
(Especial para Infolatam).- "...Todo indica que, cuando Sebastián Piñera prometió durante la campaña un gabinete de excelencia, efectivamente no estaba haciendo promesas vacías. El equipo que eligió, en general, es muy potente. Este factor, unido al hecho de que el presidente electo decidió con amplia independencia y no consultó mayormente a los partidos, podría estar derogando la desprestigiada práctica del "cuoteo político" de los las últimas décadas."
Como carta de presentación, el gabinete presentado ayer por Sebastián Piñera, el presidente electo chileno, genera -en este mismo orden- reacciones de entusiasmo, de confianza y algunas dudas.
Se trata de un equipo de 22 colaboradores que se destribuyen entre trece figuras independientes, ocho militantes de Renovación Nacional y de la UDI, los dos partidos ejes de la Coalición por el Cambio que triunfó en la última elección presidencial y -la novedad- un militante democristiano que apoyó a Eduardo Frei pero que no tuvo reparos en aceptar a fines de la semana pasada la cartera de Defensa.
El entusiasmo que transmitió el equipo en su primera presentación pública está asociado tanto al inquebrantable optimismo del mandatario como a los nuevos rostros que incorporará a las tareas de gobierno. En este grupo cabe el ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter, la vocera Ena von Baer, el ministro de Justicia Felipe Bulnes, el de Minería Laurence Golborne y el de Planificación Felipe Kast. Aunque ninguno tiene experiencia política relevante, bien podría tratarse de un grupo de colaboradores de excelencia, llamado a renovar las prácticas gubernativas y a elevar los estándares de eficiencia y probidad.
La confianza es aportada fundamentalmente por el equipo económico. Aunque en esta área lo más probable es que sea el propio Sebastián Piñera, doctorado en Economía en Harvard, quien decida tanto la sintonía gruesa como la fina, el team conformado por los economistas Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine es extremadamente funcional al propósito del nuevo gobierno de inyectar mayor dinamismo a la marcha de la economía y recomponer los desfallecientes indicadores de productividad de los últimos cuatro años.
Las dudas que generó ayer mismo la designación del nuevo gabinete conciernen básicamente a tres designaciones en carteras importantes. La primera es Relaciones Exteriores, que quedó a cargo de un hombre de negocios y director de empresas, el ingeniero Alfredo Moreno. El futuro canciller no tiene mayor experiencia diplomática, no es abogado ni cuentista político, y participa en empresas que tienen presencia en Argentina, Perú y Colombia, entre otros países de la región. Que sea el hombre más indicado para dirigir las relaciones internacionales de Chile en este momento -área en la cual el país ha estado acumulando varios problemas en los últimos años- es una apuesta arriesgada y difícil, frente a la cual varios observadores reaccionaron de inmediato con reserva.
También generó ruido la elección de Joaquín Lavín, ex candidato presidencial de la UDI en los años 1999 y 2005, como ministro de Educación. Si bien Lavín es un político moderado, experimentado y de gran poder de negociación, la opinión pública esperaba ver en esta cartera -quizás si la más sensible para el desarrollo chileno de los próximos años- a un hombre más familiarizado con los desafíos técnicos y de gestión del proceso educativo. La designación como ministro de Salud de un ejecutivo médico que hasta ahora se desempeñaba en la prestigiosa clínica de la cual el nuevo presidente es accionista también fue recibida con desconcierto, dado que no se trata de una figura con trayectoria en el ámbito de las políticas públicas.
En las hojas de vida del nuevo gabinete abundan los estudios de postgrado y los doctorados en importantes universidades extranjeras. Todo indica que, cuando Sebastián Piñera prometió durante la campaña un gabinete de excelencia, efectivamente no estaba haciendo promesas vacías. El equipo que eligió, en general, es muy potente. Este factor, unido al hecho de que el presidente electo decidió con amplia independencia y no consultó mayormente a los partidos, podría estar derogando la desprestigiada práctica del "cuoteo político" de los las últimas décadas, en función de la cual los partidos pasaban a ser los dueños de diversas hijuelas de poder que iban desde secretarías de Estado hasta reparticiones completas de la administración pública.
Al anunciar a sus colaboradores más inmediatos, Piñera volvió a reiterar su voluntad de dejar atrás las divisiones que separaron a los chilenos en el pasado y reiteró que el suyo quiere ser un gobierno de unidad nacional. Esta línea tiene un tanto complicados a los dirigentes de la Concertación, todavía enfrascados en una agria discusión sobre las responsabilidades políticas derivadas de la derrota electoral. La coalición ha dicho que cumplirá el rol que le cabe como oposición al nuevo gobierno, pero en su interior están ganando peso quienes creen que un desempeño demasiado obstruccionista podría equivaler a un suicidio político.
Piñera iniciará su gobierno el próximo 11 de marzo bajo una nube de buenos auspicios. El país está en orden. Las cuentas de la economía siguen sanas. Los estudios del PNUD ponen a Chile a la cabeza de América latina en términos de desarrollo humano. A eso ahora hay que agregar que el presidente electo ha designado un gabinete cuya preparación podría compensar con éxito hasta cierto punto su falta de experiencia política y de diversidad social.
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