
Infolatam
07/02/2006
Es claro que el paisaje político costarricense ha sufrido un cambio súbito; el viejo bipartidismo, socialdemócratas versus socialcristianos ha llegado a su fin. Este cambio se manifiesta en empate político y dicho empate muestra la profunda división de la sociedad costarricense alrededor del tema del TLC con Estados Unidos.
En medio de un expectante y calmo asombro, Costa Rica está viviendo un sorpresivo sismo político. Han pasado ya casi 24 horas desde que se cerraron las urnas electorales y aún no se sabe quien será el próximo presidente de este país centroamericano.
En efecto, con un 86 % de las mesas electorales escrutadas el candidato favorito Oscar Arias Sánchez, Premio Nóbel de la Paz y presidente de Costa Rica entre 1986 y1990, del Partido Liberación Nacional (socialdemócrata) supera con un estrecho margen de menos de 4000 votos a su contrincante Ottón Solís del Partido de Acción Ciudadana, una formación política surgida en las pasadas elecciones del 2002 y que ha agrupado a muchos viejos seguidores del partido de Arias.
La posibilidad de una segunda ronda se ha convertido en un inesperado resultado en el cual ambos candidatos han superado la barra del 40%, Arias con el 40,6% y Solís con el 40,2%. Para Arias, seguro de su aura de Premio Nóbel, las elecciones de febrero de 2006 eran casi un mero trámite porque su triunfo se daba por descontado. Con este espíritu Arias llegó hasta el mismo día de las elecciones, de modo que su estupor y el de sus seguidores no puede ser mayor.
Solís, por su parte, apostaba al segundo lugar y a que Arias no pasara la barra del 40% para forzar una segunda ronda en la cual sus posibilidades de triunfo serían considerables. Así, el asombro, sin duda, cubrió su repentina alegría porque a medida que han pasado las horas ha estrechado la ventaja de su oponente y ha quedado a expectativa del conteo de hasta el último de los votos.
Es claro que el paisaje político costarricense ha sufrido un cambio súbito; el viejo bipartidismo, socialdemócratas versus socialcristianos ha llegado a su fin; estos últimos, actualmente en el gobierno apenas alcanzaron el 3,4% de los votos. Este cambio se manifiesta en empate político y dicho empate muestra la profunda división de la sociedad costarricense alrededor del tema del TLC con Estados Unidos y de sus implicaciones respecto de la apertura de algunos monopolios estatales, en particular el de las telecomunicaciones.
Pero también tras este resultado aparece el profundo malestar de la población costarricense frente a la clase política minada por graves escándalos de corrupción en los cuales han sido señalados los últimos tres presidentes, dos socialcristianos y un socialdemócrata. El candidato Solís ha canalizado estos sentimientos de la población pues el discurso contra la corrupción es la principal de sus banderas así como su rechazo del TLC.
En última instancia, esta curiosa situación que en estos momentos vive Costa Rica expresa el fin de una era dominada por una liberalización económica, mitigada quizás, en comparación con otros países latinoamericanos, pero que ha producido importantes fracturas sociales: época en la que la clase política progresivamente se ha ido desvinculando de las necesidades de la población y ha ido perdiendo legitimidad tanto por los escándalos de corrupción como por su falta de capacidad para resolver los apremiantes problemas del país.
No es casual de que a pesar del aura de Arias y del ímpetu moralizador de Solís un 35% del electorado no fuese a las urnas. Costa Rica es un país en proceso de definición, en estas mismas horas, sobre quien será su próximo presidente y, en los próximos meses y años, sobre cual será su nuevo proyecto estado-nación. El empate político ayer nacido impone serios desafíos a los actores políticos; la alternativa será negociación o paralización.
INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal - Publicidad: Magnoliart SCom. - Programación: Taller Digital