ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Rogelio Núñez

Un déja vu argentino

 
 

Infolatam
Madrid, 23 de octubre de 2007


Kirchner pudo haber sido un estadista pero se quedó en un político que vive al día, hábil para la táctica pero incapaz de comprender la estrategia...Su proyecto a largo plazo no va más allá de mantenerse él o los suyos, léase su esposa Cristina Fernández, en la Presidencia. Cree que la actual coyuntura se extenderá hasta el infinito...El problema es que su nave tiene problemas estructurales que no invitan a confiar en el futuro argentino de seguir así las cosas: dando prioridad a la coyuntura y no a los objetivos a largo plazo.

Argentina es el país del eterno retorno. Un adolescente que no madura nunca y que, por lo tanto, acaba siempre tropezando en la misma piedra. La secuencia resulta bien conocida por todos:

Una crisis conduce a Argentina hacia el precipicio. El sistema político, institucional y socioeconómico colapsa. De las cenizas surge un presidente que promete grandes reformas y que saca al país de la crisis, apoyado en una coyuntura internacional favorable. De las reformas, sobre todo las políticas, al final ya nadie se acuerda porque el nuevo mandatario persigue un doble objetivo: acumular poder y mantenerse en la Casa Rosada. Entonces, llega una nueva crisis que arrastra tras de sí a la dirigencia política, la cual es sustituida por otra nueva, que, indefectiblemente, tiende a repetir el ciclo.

Esto ha ocurrido en Argentina al menos desde 1820 (no en vano conocido como "el año de la anarquía"). Pero más recientemente sucedió en 1976 (con la caída de Isabel Perón, reemplazada por el Régimen Militar) o en 1983 (abandono del poder por parte de la derrotada Dictadura, sustituida por Raúl Alfonsín en medio de un gran apoyo popular).

Los dos últimos casos son los más significativos: en 1989 el estallido de la hiperinflación, durante el último año de Raúl Alfonsín, provocó que Carlos Menem se viera obligado a asumir anticipadamente la Presidencia. Sus reformas económicas, implementadas por Domingo Cavallo, solucionaron el problema pero en pleno apogeo decidió reformar la Constitución para poder reelegirse en 1995. Entonces, abandonó sus propuestas de reforma política y de llevar a cabo las tan necesarias reformas de segunda generación. Su legado fue la crisis de 1998 que acabó en 2001 con la huída de Fernando de la Rúa en pleno marasmo político y económico.

Entonces, en 2003, apareció Néstor Kirchner. Arropado por una coyuntura excepcional (de dólar alto y elevado valor de los commodities) Kirchner ha dedicado este cuatrienio a acumular poder: pospuestas quedaron el fortalecimiento de las instituciones, las reformas políticas y las estructurales, necesarias para cuando lleguen, que llegarán, las vacas flacas.

Ha sido un tiempo precioso desaprovechado para regenerar el sistema político a fin de sanearlo de prácticas corruptas y para lograr mayor democratización en el funcionamiento interno de los partidos políticos. Por no hablar de llevar a cabo reformas integrales y de dotar a las instituciones de mayor fortaleza para que arraiguen en una sociedad que no cree en ellas.

Económicamente, la coyuntura parece impecable pero esconde peligros evidentes. Cinco años creciendo a un alto ritmo, superior al 8% en 2006 por ejemplo. El doble superávit, el fiscal y el comercial, es lo más significativo entre los puntos positivos aunque paulatinamente se comprueba como el gasto público crece mucho más que la recaudación fiscal lo que provoca que baje el nivel del superávit. Su heredera tendrá que afrontar menor crecimiento (del 8% en 2006 al 5% en 2007) y, tarde o temprano, reajuste de las tarifas. De ahí la constante apelación de Cristina a la necesidad del pacto social

Pero una inflación con claros signos de repunte, una delicadísima situación de las provincias endeudadas hasta límites exagerados, un gasto público desbocado que se ha duplicado en estos cuatro años y una dependencia excesiva de la buena coyuntura internacional y de los commodities, hacen prever que Argentina sigue sin estar bien preparada para afrontar un empeoramiento del contexto económico. 

Kirchner pudo haber sido un estadista pero se quedó en un político que vive al día, hábil para la táctica pero incapaz de comprender la estrategia, ni de mirar más allá de sus ambiciones y de sus obsesiones. Su proyecto a largo plazo no va más allá de mantenerse él o los suyos, léase su esposa Cristina Fernández, en la Presidencia. Cree que la actual coyuntura se extenderá hasta el infinito sólo porque él comanda la nave. El problema es que su nave tiene problemas estructurales que no invitan a confiar en el futuro argentino de seguir así las cosas: dando prioridad a la coyuntura y no a los objetivos a largo plazo.

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