EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

¿Un buen momento para el Gobierno de Lula?

 

Infolatam
Sao Paulo, 4 de junio de 2008


(Especial para Infolatam).-

"...la política monetaria brasileña ha seguido un conservadurismo irracional, con las más altas tasas de interés del planeta. Esas tasas han provocado un ciclo sin fin. En un primer momento aprecian el real, atrayendo capitales especulativos (...) Esa apreciación ayuda a controlar la inflación. Al mismo tiempo reduce la competitividad de las exportaciones y amplia las importaciones. Con el tiempo se crea un déficit en cuenta corriente que deja de ser financiable."

El gobierno de Lula está viviendo su mejor momento y, al mismo tiempo, el momento más peligroso.

Este gobierno tuvo que enfrentar una seria crisis cambiaria cuando asumió, la falta de experiencia administrativa en los primeros años y una campaña mediática feroz, casi pidiendo un "impeachment". Nunca hubo, en la historia brasileña, periodo tan prolongado y tan unánimemente feroz en los medios en relación a un gobernante. Había una creencia generalizada en los medios brasileños de que, derrumbado Lula, se volvería a los tiempos de gloria de los incios de los años 90, cuando derribaron a otro presidente electo.

Al ser reelegido por una gran mayoría, Lula consiguió abortar este movimiento. Pero, al percibir que de no presentar resultados, corría el riesgo de caer, Lula finalmente se empeñó en cambiar el estilo de su administración.

La sustitución de José Dirceu por Dilma Russeff, en la Casa Civil, cambió completamente la percepción sobre el ritmo operacional del gobierno. Liderado por Dilma, éste pasó a trabajar en torno a programas ministeriales, reorganizando prioridades y definiendo una nueva lógica de actuación del sector público. Los PACs (Planes de Aceleración del Crecimiento) -como pasaron a ser llamados esos programas- permitieron reorganizar el gasto público, definir prioridades en el área de infraestructura, y crear comisiones de acompañamiento de proyectos para identificar la causa de morosidad. Con esto, después de 25 años, el país volvió a invertir fuertemente en obras de infraestructura.

Al mismo tiempo, favorecido por los vientos internacionales y por lo precios récord de los "commodities", Lula consiguió estabilizar la inflación (fuertemente auxiliado por la apreciación del Real) y el mercado consiguió, por primera vez, definir tasas de interés de largo plazo. Ese hecho, más la introducción del prestamo consignado (prestamos que permiten descontar directamente del salario del trabajador las cuotas) permitieron un "boom" en el mercado interno, empujado principalmente por la construcción civil y por el aumento del crédito.

Ese crecimiento del consumo impulsó fuertemente las importaciones, parte de ellas de equipos nuevos y usados que a su vez ayudan a ampliar la capacidad de producción de la economía.

Este es el lado referente al mejor momento de Lula. La parte problemática es el tipo de cambio.

Desde el Plan Real, la política monetaria brasileña ha seguido un coservadurismo irracional, con las más altas tasas de interés del planeta. Esas tasas han provocado un ciclo sin fin. En un primer momento, aprecian el real, atrayendo capitales especulativos -que se benefician no tanto de los intereses internos como de la propia apreciación cambiaria. Esa apreciación ayuda a controlar la inflación. Al mismo tiempo reduce la competitividad de las exportaciones y amplia las importaciones.

Con el tiempo se crea un déficit en cuenta corriente que deja de ser financiable. Sigue a esto un choque cambiario que termina con el combate a la inflación exigiendo una nueva alza de los intereses. Desde el Plan Real, el país convivió con dos crisis cambiarias fuertes, en 1999 y en 2002.

Ahora, vamos a pasos largos hacia una tercera crisis. Después de cinco años de superávit en las cuentas corrientes -gracias fundamentalmente, al "boom" de los precios de minerales y productos agrícolas- este año el suprávit de la balanza comercial está cayendo aceleradamente.

La política de intereses del Banco Central trajo el cambio a los niveles más bajos desde el Plan Real. Hasta mayo, el superávit comercial acumulado había bajado cerca del 40% en relación al mismo período del año pasado. Desde diciembre, la encuesta FOCUS (que mide las expectativas del mercado) había ampliado, semana a semana, las proyecciones de déficit en cuenta corriente. Al final del año pasado, la previsión era de un superávit de US$ 7 billones. A fines de mayo, la proyección del déficit era de US$22 billones.

Como el país tiene US$ 180 billones en reservas cambiarias, se puede prolongar ese modelo cambiario y monetario. Pero es probable que, o bien en año de elecciones, o bien en el primer año del nuevo gobierno, sobrevenga una nueva crisis cambiaria.

 
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