ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Bertrand De la Grange

Un año... sin López Obrador

 
 

Infolatam
madrid, 26 de diciembre 2007


(Especial para Infolatam)

"Lo más destacable en el balance del primer año de gobierno del conservador Felipe Calderón, que tomó posesión el 1 de diciembre de 2006, no es tanto el estancamiento de la economía o los éxitos en la lucha contra el narcotráfico. Lo que llama la atención es que el nuevo equipo ha logrado gobernar con bastante normalidad a pesar del boicot sistemático organizado por el candidato derrotado de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador".

Lo más destacable en el balance del primer año de gobierno del conservador Felipe Calderón, que tomó posesión el 1 de diciembre de 2006, no es tanto el estancamiento de la economía o los éxitos en la lucha contra el narcotráfico. Lo que llama la atención es que el nuevo equipo ha logrado gobernar con bastante normalidad a pesar del boicot sistemático organizado por el candidato derrotado de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. El principal éxito del presidente Calderón ha consistido en lograr asumir su cargo y ejercer sus funciones cuando sus adversarios apostaban a la anulación de las elecciones por "fraudulentas".

Con su rechazo radical de la victoria del Partido Acción Nacional (PAN) y su decisión de proclamarse "presidente legítimo" en una ceremonia esperpéntica pero multitudinaria, López Obrador esperaba revertir esa diferencia de apenas 0,56% que le hizo perder las elecciones del 2 de julio de 2006. No escatimó ningún esfuerzo para lograr su objetivo durante los seis meses del interminable traspaso de poder previsto en la Constitución mexicana. Sus huestes se apoderaron durante semanas de la principal avenida de la Ciudad de México, el Paseo de la Reforma, provocando el colapso del tránsito en esa urbe de cerca de 20 millones de habitantes. Y todo esto con la complicidad y el financiamiento del gobierno del Distrito Federal, dirigido por sus aliados.

La paciencia infinita de los mexicanos de a pie y, quizá también, el temor a una salida violenta acabaron finalmente con la llamada "resistencia civil". Habría otras provocaciones más adelante, en particular el intento de impedir por la "fuerza popular" la toma de posesión de Felipe Calderón en el Congreso, pero tampoco tuvieron éxito. Ahora, más de un año después del escrutinio, López Obrador no ha podido aportar una sola prueba del supuesto fraude. En cambio, se han publicado varios datos y testimonios que sustentan lo contrario, como una encuesta a boca de urna, pagada por el propio candidato de la izquierda, que daba la victoria a su contrincante, incluso con una diferencia de varios puntos. Se sabe hoy que López Obrador recibió esa información varias horas antes del anuncio de los resultados oficiales. Sin embargo, decidió lanzar el bulo del fraude y logró así dañar la imagen del Instituto Federal Electoral (IFE), la institución más valorada por los mexicanos por su contribución a la transición democrática.

Hoy, son pocos los mexicanos que no aceptan la legitimidad del presidente en ejercicio. Y entre los que siguen albergando dudas sobre los resultados electorales, muchos se alegran de no tener a López Obrador en los Pinos (residencia oficial del jefe del Estado). El candidato de la izquierda ha logrado dar argumentos a los que le acusaban de ser "un peligro para México" y una réplica de Hugo Chávez. López Obrador mantiene la popularidad entre segmentos importantes de la sociedad mexicana, pero su liderazgo ha mermado considerablemente dentro de su propia organización política, el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Su discurso mesiánico incomoda a una parte de la izquierda y ha llevado al PRD a una serie de derrotas en varias elecciones locales, incluso en su propio Estado, Tabasco.

Sin romper abiertamente con su líder, la directiva del PRD lo sigue cada vez menos en la estrategia del enfrentamiento con el gobierno. Los diputados de izquierda han votado a favor de la reforma electoral, que López Obrador había criticado duramente, y de las leyes sobre las pensiones y el régimen fiscal. El clima político ha mejorado, pero el gobierno está ahora confrontado a otros retos, más complejos aún: la insuficiencia del crecimiento económico, la violencia del crimen organizado y la reaparición de un pequeño movimiento de guerrilla, el Ejército Popular Revolucionario (EPR), que se dedica a atacar instalaciones petroleras.

Apenas instalado en Los Pinos, el presidente Calderón ha empezado una lucha sin cuartel contra el narcotráfico y sus cómplices dentro de los numerosos cuerpos de policía. Más de 50 toneladas de cocaína y cientos de millones de dólares en efectivo han sido decomisados por las fuerzas de seguridad, en particular el Ejército. Además, varios capos de los principales carteles de la droga han sido extraditados a EEUU. Esos éxitos se han visto ensombrecidos por el aumento de los crímenes cometidos por las bandas en represalia contra las autoridades y en sus disputas por el control territorial del negocio. Para luchar con más eficiencia contra el crimen organizado, el Gobierno ha presentado en el Congreso un proyecto de reforma judicial que autoriza los registros domiciliarios sin orden judicial y el uso de las escuchas telefónicas como pruebas de cargo ante los tribunales.

Washington ha expresado su satisfacción por los resultados espectaculares de la ofensiva contra el narcotráfico, que ha provocado un aumento notable del precio de la droga al norte del río Bravo, donde el gramo de cocaína ha subido en más de 40% en un año, de 96 a 139 dólares. Según los expertos de ambos países, unos diez mil millones de dólares cruzan la frontera cada año desde EEUU hacia México para la compra de droga. En cambio, las exportaciones de mercancías legales de México al país del norte no han sido tan boyantes este año. Como era de esperarse, la desaceleración estadounidense, a raíz de la crisis de las hipotecas, ha repercutido en la economía mexicana, que realiza más del 80% de su comercio exterior con su vecino.

Según el balance preliminar de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la economía mexicana ha crecido un 3,3% en 2007, muy por debajo del año anterior (4,8%) y del promedio latinoamericano para este año (5.6%). Las previsiones para 2008 no son tampoco muy halagüeñas. Según la CEPAL, la producción aumentará otra vez un 3,3%.

La mayoría de los economistas coinciden en un punto: a pesar de las bondades del Tratado de Libre Comercio con EEUU y Canadá, en vigor desde 1994, México no despegará mientras no realice varias reformas estructurales imprescindibles, empezando por la supresión del monopolio estatal en la exploración petrolera y en la petroquímica. Hasta ahora, nadie ha osado tocar PEMEX, que se ha convertido con los años en una de las empresas más ineficientes del sector petrolero mundial. ¿Se atreverá el presidente Calderón a abrir la caja de los truenos? Por primera vez en la historia de México no se puede descartar que esto ocurra. En cambio, sabemos con toda seguridad que, de haber ganado las elecciones, López Obrador habría defendido el statu quo y se habría dedicado a hacer de PEMEX el ejemplo de su política económica.

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