Análisis realizado por Hector Soto

Tercer intento

 
 

La Tercera
Santiago, 9 de enero de 2007


..."Con  la designación de Edmundo Pérez Yoma, la Presidenta vuelve a aceptar el desafío de tener un ministro del Interior de gran experiencia política, pero poca -muy poca- sintonía con ella. No se puede todo en la vida y la mejor definición de la política es que es el arte de lo posible" (La Tercera, Chile).

Si los presidentes se sienten tan presionados y sobreexpuestos con ocasión de las crisis de gabinete, es porque al nombrar a los nuevos ministros pareciera que tuvieran que desnudarse un poco en público. Para los mandatarios que además cultivan el secretismo y quieren golpear a la cátedra, el desafío es incluso mayor. Porque, aparte de revelar, por decirlo así, si prefieren bailar reggaeton o minuet, los nombres de sus nuevos colaboradores tienen que ser lo bastante originales como para que no parezcan pauteados por la prensa. No vaya a ser cosa que las designaciones induzcan a sospechar que la Presidencia pueda ser vulnerable a presiones políticas o de opinión pública.

No hay jefe de estado que no golpee la mesa diciendo que los ministros son prerrogativa suya. sin embargo, lo concreto es que con frecuencia prefieren mantener en sus cargos a algunos que son inoperantes o disfuncionales antes de dar su brazo a torcer reconociendo que se equivocaron al nombrarlos o que ya no cuentan con su confianza.

Con  la designación de Edmundo Pérez Yoma, la Presidenta vuelve a aceptar el desafío de tener un ministro del Interior de gran experiencia política, pero poca -muy poca- sintonía con ella. No se puede todo en la vida y la mejor definición de la política es que es el arte de lo posible.

El nuevo titular de la cartera -un poco realista, alérgico a los chismes y con certero instinto de poder- no es un hombre que se pierda en recriminaciones sentimentales o culposas. Al contrario, es un todo terreno fogueado, probado y sobre todo atento a la línea de resultados del balance.

Se supone que esta vez la Presidenta ha ponderado mejor sus márgenes de acción y que ahora sí -practicamente dos años después de haber entrado a La Moneda- podrá trabajar en Interior con alguien que haciendo dupla con Francisco Vidal, además de apoyarla, cosa que nunca estuvo en duda en los casos de Andrés Zaldivar y Belisario Velasco, también debiera tener una comunicación razonable con ella. Esto es básico para que su gobierno pueda funionar y para que deje de estar exponiéndose a ridículos o pasándose autogoles como el incordio que significó la reciente renuncia del jefe de gabinete.

Tras la llegada de Pérez Yoma a La Moneda -precedida de un lobby conjunto del PS y la DC para llenra la jefatura de gabinete jamás visto desde que la concertación llegó al poder- los partidos ya no se podrán quejar de que la Presidenta no los ha escuchado.

En los meses que vienen el nuevo titular de Interior tendrá que probarse en varios frentes difíciles. La ventaja del flamante ministro, gran apreciador de deportes naúticos, es que tras haber participado en el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle le sobra experiencia en navegar en tormentas. Como ministro de Defensa le tocó enfrentar la crisis que culminó con la detención de Manuel Contreras en Punta Peuco y, luego, cuando ya había dejado esa cartera, lo llamaron de vuelta cunado el general Pinochet cayó bajo arresto en la London Clinic.

Pero sus desafíos actuales ya no tienen que ver con crisis militares ni tampoco con intentos de solucionar problemas diplomáticos, otro terreno que conoce (en Argentina le fue bien, no tanto en su misión en Bolivia).

Por una parte va a a tener que limar las asperezas existentes al interior del equipo ministerial, reencantando si es posible al gobierno. Por la otra, tendrá que realizar un trabajo de joyería tanto con los partidos de la Concertación, que están inquietos, desmotivados y heridos, como con la oposición, cuya colaboración ha pasado a ser decisiva desde el momento en que el oficialismo perdió su matoría parlamentaria.

A lo mejor las cartas ya están echadas y ni la Presidenta ni el país pueden esperar milagros del nuevo gabinete. Pero en realidad no se requieren milagros. Se trata sólo de gobernar con prudencia y sentido común, ahora que las cuentas fiscales están holgadas, que las perspectivas de crecimiento no están mal y que el gobierno tiene el camino relativamente despejado para poner a los chilenos bajo un tinglado de protección social más sólido que cuando Bachelet llegó a La Moneda. Es poco, si se quiere. Pero mucho, si se logra. 

(Artículo publicado en el diario La Tercera, Chile) 

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