EL ANÁLISIS

Simbolismo y liderazgo

 

La Nación
Asunción, 13 de agosto de 2007


"...Jamás imaginé que llegaríamos a tal punto de degradación. Fui testigo de la acción de Lula, innovadora en el sindicato y valerosa en la política... me decepciona verlo desperdiciar la oportunidad que tiene en las manos... Señor presidente: a nombre de su historia y de la historia de nuestro propio país.. ¡Tenga un poco más de grandeza, que mucho la necesitamos!". (La Nación. Paraguay)

"...El esfuerzo de arrancar en dirección del futuro exige objetivos claros y persistencia en el camino escogido, requiere valor en las decisiones y eficiencia para implementarlas. No deja de ser preocupante que el Partido de los Trabajadores haya llegado al poder en el momento que más exige tales cualidades. Por más que el actual gobierno haya dado continuidad a las políticas macroeconómicas que heredó, de las cuales siempre fue crítico y ¡pasmoso! lo sigue siendo, no ha sabido hacer la revisión programática que le permita llevar adelante un proyecto verdaderamente nacional. Un proyecto que abarque a todas las corrientes de la sociedad y trascendiera los intereses meramente partidarios corporativos y personales. Un proyecto que avance en las reformas institucionales y permita una verdadera colaboración entre el estado rector y la iniciativa privada dispuesta a invertir especialmente en el campo de la infraestructura. Un proyecto verdaderamente democrático, al abrigo de recaídas populistas.

El presidente Lula sólo hace autocrítica indirectamente, sin asumir la responsabilidad por las decisiones que toma...

De consecuencias aun más funestas que la actitud permisiva quizá sea la falta de comprensión histórica del gobierno y de su líder. En el afán de aumentar la popularidad y de engañar a quien no tiene acceso a mejor información, gobierno y presidente asumen como propio lo que heredaron. Poco importaría, si Brasil continuara avanzando. Pero sí importa, y mucho, que estén desperdiciando una oportunidad histórica excepcional para que Brasil dé un salto cualitativo, en beneficio de ésta y de las generaciones futuras. Aquí sí cabe la frase "nunca en este país hubo mayor apagón ideológico y mayor desidia ante el interés público". Lo que vemos es un cuadro de parálisis gubernamental, de desconexión, de imprevisión e incompetencia, relleno con una retórica irresponsable.

Lo digo con lástima, sinceridad y franqueza: jamás imaginé que llegaríamos a tal punto de degradación. Fui testigo de la acción de Lula, innovadora en el sindicato y valerosa en la política, cuando todavía no era el presidente Luis Inácio Lula da Silva. Nunca lo consideré, en aquella época, un líder excepcional, pues le faltaba firmeza para contraponerse a la opinión de la mayoría ocasional, pero lo tenía por un símbolo: inmigrante del noreste, valeroso y luchador que superó las barreras sociales. Lo tenía, y aún lo tengo, por un hombre de buena naturaleza, que en términos generales deseaba el bien del pueblo. Pero me decepciona verlo desperdiciar la oportunidad que tiene en las manos. Me opuse a quienes, en 2005, pensaban en proponer su impugnación, no porque faltaran argumentos jurídicos ni porque quería verlo sangrar poco a poco, sino porque creía, como sigo creyendo, que el contenido simbólico de su liderazgo es un patrimonio del país que no debe ser destruido.

Lamento verlo ahora destruir con sus propias palabras y actos el capital de credibilidad que había conquistado.

Señor presidente: a nombre de su historia y de la historia de nuestro propio país, no se rebaje a la vulgaridad a nombre de la popularidad, cuídese de decir tantos improperios que lastiman el sentido común, la solidaridad y la democracia. ¡Tenga un poco más de grandeza, que mucho la necesitamos!".

Extracto del artículo publicado pior el diario La Nación

 
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