
Infolatam
Bogotá, 12 de enero de 2008
(Especial para Infolatam)
"... Después de estas liberaciones, se da por descontado que Chávez seguirá actuando, con o sin el aval del gobierno colombiano, como un interlocutor con las FARC en el tema humanitario. En su discurso, Uribe no lo descartó. En otras palabras, ni lo confirmó ni lo desmintió. A veces el silencio comunica más que mil palabras".
Cuando el pasado viernes 4 de enero se corroboró que un niño bajo el cuidado del Instituto de Bienestar Familiar era Emmanuel, el hijo de Clara Rojas, un hecho que confirmaba que las FARC le habían mentido al mundo, muchos pensaron que el intercambio humanitario había quedado en veremos. Pero en Colombia nada es lo que parece como quedó demostrado ayer con la liberación de Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, dos colombianas de las más de 800 que están secuestradas por las FARC. La noticia no sólo generó una euforia colectiva en Colombia sino que podría ser el primer paso hacia un acuerdo humanitario entre el gobierno y la guerrilla y hasta el catalizador del comienzo de unas negociaciones de paz.
El mismo presidente Álvaro Uribe planteó esa posibilidad en una alocución televisiva al todo país donde aprovechó para agradecerle no una sino cuatro veces la gestión de su colega venezolano, Hugo Chávez, en las liberaciones. En noviembre había terminado abruptamente la mediación oficial del mandatario bolivariano y lo había acusado de tener sueños expansionistas. ¿Qué motivó el cambio de actitud del Presidente colombiano? El impacto que significó ver en vivo y en directo a Clara y Consuelo libres. Por primera vez en mucho tiempo, los colombianos se paralizaron ante sus televisores y radios para observar y escuchar minuto a minuto el espectáculo mediático. Era casi imposible no sentir el dolor de patria de tener tantos secuestrados. Por fin, dirán algunos.
Hace unos siete años, las FARC adoptaron una estrategia que esperaban les daría grandes réditos políticos e incluso militares: el secuestro de personalidades políticas con el fin de obligar al gobierno aceptar a la fuerza el intercambio de estos civiles por guerrilleros presos en cárceles colombianos. Con el paso de los meses le agregaron otra condición: que se despejaran dos municipios como el prerrequisito para hablar sobre cómo se llevaría a cabo el propuesto canje. El uso del secuestro como arma política le había servido en el pasado al capo narcotraficante Pablo Escobar, quien en 1990 secuestró a varios ilustres ciudadanos - entre ellos la hija de un ex presidente y al hoy vicepresidente Francisco Santos- para presionar una negociación con el Estado. Lo logró.
Sin embargo, durante varios años la estrategia copiada de la guerrilla fue un rotundo fracaso. Ni el gobierno ni la opinión pública colombiana- con excepción de algunos momentos coyunturales- parecían dispuestos a ceder ante semejante chantaje. Aunque las encuestas demostraban que la mayoría de los colombianos apoyaba el esperado fin de un acuerdo humanitario - la liberación de los secuestrados-, no pasaba lo mismo con el medio propuesto por las Farc: despeje y excarcelación de los guerrilleros. Había un rechazo contundente, gracias al fracasado proceso de paz de la administración del presidente Andrés Pastrana que es recordado por haber desmilitarizado un amplio territorio de Colombia Álvaro Uribe fue elegido precisamente por ser el candidato que más se había opuesto a Pastrana y reelegido por haber mantenido esa postura dura e intransigente frente a las FARC.
Todo eso empezó a cambiar con la decisión del presidente Uribe de darle juego a los únicos que durante todo este tiempo sí le dieron prioridad al intercambio humanitario: la comunidad internacional. Hasta hace pocos meses, esa tenía un sólo nombre de relevancia: Francia, cuyos gobiernos, medios y opinión pública se obsesionaron por el secuestro de la candidata presidencial colombofrancesa Ingrid Betancourt en febrero de 2002. Pero desde septiembre de 2007, París se ganó un aliado fundamental: el presidente Chávez. Contra todos los pronósticos, el mandatario venezolano logró persuadir a las Farc a liberar a algún secuestrado como ocurrió con Clara y Consuelo. Ningún otro facilitador había tenido éxito, como lo reconoció el mismo Uribe anoche.
Después de estas liberaciones, se da por descontado que Chávez seguirá actuando, con o sin el aval del gobierno colombiano, como un interlocutor con las FARC en el tema humanitario. En su discurso, Uribe no lo descartó. En otras palabras, ni lo confirmó ni lo desmintió. A veces el silencio comunica más que mil palabras.
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