Análisis realizado por Carlos Pagni

Se agota el modelo de los Kirchner

 
 

La Nación
Buenos Aires, 5 de mayo de 2008


"...La rebelión del campo fue la primera manifestación, masiva y estridente, de esa pérdida de consenso social para la economía gerenciada por Kirchner. Con ella se quebraron los principales supuestos con que se venía percibiendo a la administración, y sobre el telón de fondo de ese cambio de humor comenzaron a recortarse nuevos problemas que amenazan con nuevas convulsiones. En el horizonte de los especialistas se detectan dos: la restricción fiscal de las provincias y el malestar industrial". (La Nación. Argentina)

"...El paro agropecuario desnudó que las retenciones no son un mecanismo inocuo de recaudación, sino que, al capturar recursos no coparticipables, extreman el centralismo fiscal y se convierten para los Kirchner en un dispositivo de dominación política.

Pero éste no fue el único efecto de ese conflicto sobre la escena federal. A medida que se prolongaba, la caída de la actividad comenzó a afectar la recaudación local en los distritos agropecuarios. Además, como la base imponible sobre la que el Gobierno viene aplicando, desde su victoria de octubre pasado, un monumental impuestazo es la misma para la Nación y para las provincias, la recaudación de los impuestos inmobiliario, de patentes y otros tributos de distrito se retrae frente a la voracidad del poder central...

...El malestar de los jefes provinciales no es un avatar entre otros para el actual esquema de poder. Los comicios de octubre convirtieron al PJ y sus caudillos en la viga maestra del Gobierno. Cualquier crujido en esa estructura es un inconveniente estratégico. Más claro: la liga federal de caudillos peronistas es el único sujeto que, frente a un conflicto de intereses con la Casa Rosada, podría ponerle el cascabel a Kirchner.

Las finanzas provinciales ya venían siendo afectadas por los aumentos salariales, cada vez más abultados y frecuentes por culpa de la aceleración inflacionaria. En las provincias, la plantilla salarial promedia el 50% del presupuesto. Si se incluyen los organismos descentralizados, llega al 70%. En cambio, la administración central destina 10% de sus ingresos al pago de haberes.

Esta fatiga está detrás de varias decisiones. Cada vez son más las provincias que abrevan en el Tesoro nacional a través de los Programas de Financiamiento Ordenado. Por lo tanto, disminuye el dinero disponible para cada jurisdicción inscripta en este sistema de ayuda fiscal. Por ahora, la Nación tiene recursos para socorrerlas, pero hay mandatarios de provincia inquietos por si el año que viene la señora de Kirchner debe optar entre asistir a sus haciendas locales, cumplir con los abultados subsidios sectoriales u honrar los vencimientos de la deuda nacional.

La relación del Gobierno con el sistema financiero internacional no mejora. A la deuda con los holdouts se suma el minidefault mensual, derivado de la manipulación estadística, sobre los bonos atados a la inflación. Si la negociación con el Club de París señalara una distensión en este entredicho, la semana pasada hubo una noticia desalentadora: Dominique Strauss-Kahn, que había llamado desde Marruecos para pedir a la Presidenta el voto argentino a favor de la reforma que él impulsa en el FMI, no fue siquiera atendido.

...Ante la estrechez fiscal, las provincias comenzaron a reponer impuestos locales, como Ingresos Brutos o Sellos...las empresas industriales, sobre todo las pymes, ya están al borde de la convulsión, con independencia de lo que haga Scioli. Lo saben los dirigentes de la UIA, que miran con estupor cómo crece el mal humor en las asambleas seccionales, donde la concurrencia ya es tan numerosa como en lo peor de la crisis.

El estallido ahí depende de cómo se despeje la incógnita energética, el otro gran desafío que enfrenta Cristina Kirchner. No tanto por la actual escasez de nafta, originada más en razones logísticas que productivas (el consumo crece año tras año 20 por ciento, las estaciones de servicio son menos y los camiones cisterna, los mismos). El verdadero problema es la falta de gas, y al Gobierno se le hace cada vez más difícil conseguir los 3000 millones de dólares que se necesitan para importar combustibles sustitutivos y evitar un colapso en la generación eléctrica...".

Extracto del artículo publicado por el diario La Nación 

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