
Milenio
México D.F., 7 de noviembre de 2007
"Menos de cinco por ciento de los remesas que llegan a América Latina se emplea en proyectos productivos. Los principales destinos son compra de comida; adquisición de bienes de consumo duradero como televisores y refrigeradores y ampliación de vivienda. Las cosas no cambiarán, si no hay un impulso externo. Ahí es donde los gobiernos deben intervenir" (Milenio. México)
"Las remesas que llegan a América Latina y el Caribe son la tercera economía de la región. Su monto está cerca de los 60 mil millones de dólares anuales y sólo es superado por los PIB de Brasil y México.
Las remesas superan la inversión extranjera directa y equivalen a seis veces el total de ayuda para el desarrollo. "Son el verdadero vector de cooperación entre la región y los países desarrollados. La tarea a futuro es lograr que los beneficios sean mutuos y estables", dice Samir Amin, uno de los mayores expertos de las relaciones entre los países del Primer y Tercer Mundo.
Las remesas han sido, hasta ahora, un tema en el que los gobiernos intervienen poco. En los próximos años crecerá la intervención estatal para maximizar los beneficios y reducir los efectos negativos. Hay experiencias aisladas en India, Ecuador, Haití y México de aprovechamiento de esos recursos. India es el mayor receptor del mundo y Haití es el país donde representan una mayor proporción del PIB, 55 por ciento.
Convertir casos interesantes en prácticas generalizadas es crucial, pero no es una tarea fácil. Las experiencias no son replicables porque las circunstancias son únicas, "las semejanzas culturales crean la ilusión de que estamos ante una región más parecida de lo que es en realidad", dice Marta Lagos, directora de Latinbarómetro, la encuestadora continental más influyente.
El hecho es que menos de cinco por ciento de los remesas que llegan a América Latina se emplea en proyectos productivos. Los principales destinos son compra de comida; adquisición de bienes de consumo duradero como televisores y refrigeradores y ampliación de vivienda. Las cosas no cambiarán, si no hay un impulso externo. Ahí es donde los gobiernos deben intervenir, dice Amin. Al país que alberga los migrantes le interesa para reducir o modular la migración en el mediano plazo. Al expulsor porque la exportación de capital humano es dañina vista desde una perspectiva más amplia...".
Extracto del artículo publicado por Milenio
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