Cristina Kirchner saludó desde el escenario que se encuentra en Plaza de Mayo a las miles de personas que presencian el "Festival por la Democracia".
Infolatam
Buenos Aires, 11 de diciembre de 2007
Discursos, promesas, reproches, papelillos, abrazos, lágrimas, bastones, banderas, protocolos y bailes. De todo hubo en la toma de posesión de Cristina Fernández, que ayer por la mañana salió de consorte desde la Casa Rosada y por la tarde la pisó como la nueva y última de las presidentas de Argentina. Entre grandes carteles del Che y de Evita en la marcha peronista por las calles de Buenos Aires, Cristina Fernández comenzó su mandato.
Cristina Fernández se dio un baño de multitudes ante "convencidos" de participar en la fiesta y "presionados" por no perder su subsidio de desempleo. Con la Avenida de Mayo, las calles Rivadavia y Bartolomé Mitre y las Diagonales Norte y Sur cortadas, la multitud se distribuyó a ambos lados de las vallas que marcaron el recorrido que siguió "Cristina", tras jurar su cargo en el Parlamento, mientras cientos de policías se mantuvieron alertas por cualquier eventualidad.
Un escenario y una pantalla en la que se retransmitió en directo desde la jura de la nueva presidenta hasta el último de sus pasos dominaron la fachada de la sede del Gobierno. Banderas nacionales se entremezclaron con las de los pueblos aborígenes, las de las comunidades boliviana y peruana y las de los sindicatos argentinos. A los carteles celestes y blancos (colores de la bandera nacional) en los que se leía "Cristina presidente" se sumaron llamadas de atención a la nueva jefa de Estado sobre las asignaturas que su esposo y antecesor, Néstor Kirchner, dejó pendientes. Entre ellas, el conflicto con Uruguay por una papelera que se construyó en ese país, la soberanía de las islas Malvinas y el cuestionado ente estatal que mide la inflación.
Los tambores, silbatos, petardos y cohetes pusieron la música a un ambiente envuelto en humo blanco y azul. Los cientos de asistentes, procedentes de todas las provincias del país, lucharon contra el sol envolviéndose en las banderas y bebiendo las botellas de agua que repartió el ayuntamiento de la ciudad. Los congregados: mayores y niños, en su gran mayoría de condición humilde. Algunos muy convencidos de su elección y presencia; otros, montados casi por obligación en autobuses para no perder su subsidio de desempleo.
En contraste con estos, los invitados ilustres y famosos aguardaron en una ordenada fila india su entrada en la sede de Gobierno por la puerta trasera, cubierta de pétalos de rosa. La nota discordante la dieron manifestantes de dos facciones del gobernante Partido Justicialista, que, ante la pasividad policial, se enfrentaron con palos y el aparente objetivo de estar más cerca de la sede del Ejecutivo.
Por fin asomaron por Avenida de Mayo los granaderos a caballo y tras ellos, bajo el sonido de la Fanfarria del Alto Perú, interpretado en directo por una orquesta, el Audi gris plomo desde el que saludó Cristina. Tras su ingreso en la Casa Rosada dio comienzo el "Festival por la Democracia", abierto por Alejandro Lerner y Gustavo Santaolalla. Mientras Mercedes Sosa y León Gieco entonaban el famoso "Sólo le pido a Dios", la nueva jefa de Estado apareció en el escenario junto con su marido. Una lluvia de papales celestes y blancos recibió a la presidenta Cristina Fernandez, que muy en su papel se puso a llorar antes de bailar y cantar junto a los artistas.
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