
ESPECIAL PARA INFOLATAM
Análisis realizado por Carlos Malamud
Infolatam
Madrid, 8 de mayo 2008
(Especial para Infolatam).-
"... Una de las características de la política boliviana es su gusto por caminar cerca del precipicio para finalmente terminar negociando. Es verdad que si uno juega con fuego puede quemarse y que en un ambiente tan polarizado como el actual tampoco sería del todo descartable que algún imbécil, de cualquier bando, prenda una mecha que termine siendo difícil de apagar.
Sin embargo, lo que de momento queda claro es que a ni al gobierno central ni al departamental, ni al oficialismo ni a la oposición, y ni siquiera a los respaldos externos de unos y otros, les interesa el estallido de un conflicto civil que pudiera tener nefastas repercusiones regionales".
Sin prisa, pero sin pausa, el escrutinio del referéndum autonómico de Santa Cruz, celebrado el pasado domingo 4 de mayo, sigue avanzando. Con el 90,19% del voto escrutado, el Sí obtenía 454.915 votos (el 85,62% del total), por 76.399 votos del No (el 14,38%), mientras la participación alcanzó el 64%, lo que equivale a una abstención del 35,65%. Como se ha visto desde la misma noche del domingo, estos resultados se prestan a cualquier interpretación, desde la presidencial y masista que no sólo descalifica al referéndum por ilegal sino por lo que Evo Morales estimó un bajo nivel de respaldo popular a las preferencias autonómicas.
Por su parte, los impulsores de la autonomía cruceña, así como el conjunto de la oposición boliviana, estiman que el resultado no deja lugar a dudas acerca de las preferencias del electorado de santa Cruz, e inclusive de la del conjunto de Bolivia. De mantenerse estos porcentajes, el respaldo popular al Sí, sobre el total del censo, estaría en el orden del 55%, lo que invalidaría el principal argumento descalificatorio del presidente Morales, que estimó que la suma de los Noes a la abstención y a los votos en blanco y nulos superaban el 50%.
A esta situación tan anómala se llega desde el mismo momento en que la discusión política en Bolivia se ha desplazado del enfrentamiento entre gobierno y oposición al debate entre el gobierno central y aquellas prefecturas, como las de la Media Luna (Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni), que tienen un fuerte respaldo popular y a la vez impulsan una política autonomista que les permita distanciarse del poder cada vez más asfixiante, a la vez que arbitrario, de La Paz. No en vano, las próximas consultas populares se realizarán los próximos 1 y 22 de junio en los departamentos de Pando y Tarija y en ambos casos, y al igual que ocurrió en Santa Cruz, con la oposición de la Corte Nacional Electoral (CNE). Intentando paliar algunos de los efectos negativos del referéndum de Santa Cruz, en ambos departamentos comenzó una campaña para reducir al máximo el nivel de abstenciones y, de ese modo, el intento de manipulación del oficialismo. También hay que recordar las posturas proautonomistas, por distintos motivos, de los prefectos de Cochabamba y Chuquisaca, lo que coloca al oficialismo en una posición cada vez más complicada.
El camino hacia la consulta cruceña estuvo plagado de problemas, surgidos tanto desde La Paz y de los movimientos sociales que apoyan al MAS, como de las filas de los cívicos de Santa Cruz, impulsores de la autonomía. Prueba de la dificultad de la prueba es la gran cantidad de mensajes contradictorios emitidos desde ambos bandos y que, por ejemplo, un día amenazaban con una gran movilización popular y al día siguiente clamaban por el máximo respeto institucional y político. De todos modos, en algunos casos, especialmente allí donde la hegemonía del MAS era un hecho, el boicoteo a la elección alcanzó formas violentas y brutales. No en vano, por ejemplo, el vicepresidente García Linera, agitó en más de un momento los fantasmas de los cocaleros del chapare o de los ponchos rojos, verdadera fuerza de choque del masismo, en un intento de arredrar a los que ya estima como sus "enemigos" políticos.
A la vista de los resultados presentados más arriba la pregunta que se hace prácticamente todo el mundo es cómo van a evolucionar los acontecimientos. Es obvio que de la jornada del domingo 4 no salió ningún claro ganador, pero como ha señalado Michael Reid, de The Economist, el tiempo juega a favor de los opositores a Morales. En este sentido, y sin tener que esperar demasiado tiempo ni el agotamiento del régimen por sus propias incapacidades y contradicciones, lo más probable es que los resultados de los restantes referéndums autonómicos terminan por inclinar un poco más la balanza en contra del MAS y de sus posturas rupturistas. De todos modos, se trata de un dato escasamente alentador, porque los triunfos electorales no incrementarán, de momento, la capacidad de raciocinio ni la templanza de la oposición.
Una de las características de la política boliviana es su gusto por caminar cerca del precipicio para finalmente terminar negociando. Es verdad que si uno juega con fuego puede quemarse y que en un ambiente tan polarizado como el actual tampoco sería del todo descartable que algún imbécil, de cualquier bando, prenda una mecha que termine siendo difícil de apagar. Sin embargo, lo que de momento queda claro es que a ni al gobierno central ni al departamental, ni al oficialismo ni a la oposición, y ni siquiera a los respaldos externos de unos y otros, les interesa el estallido de un conflicto civil que pudiera tener nefastas repercusiones regionales.
No en vano Álex Contreras, ex portavoz (vocero) presidencial, alejado del cargo por desavenencias con Evo Morales, le ha recomendado al presidente reconocer el sentido del voto de más de 600.000 cruceños, pese a considerar al referéndum como ilegal e inconstitucional. En un gesto que le honra, Contreras ha dicho que "los resultados que han existido en Santa Cruz nos dan a entender una realidad diferente del país". Es ese precisamente el gran drama de Bolivia: aceptar la diversidad.
De momento cada una de las partes se ha enrocado en lo que estiman son sus poderosas razones, algunas apoyadas en los proclamados 500 años de explotación colonial. Sin embargo, en el momento actual, la responsabilidad del gobierno, dado su control del aparato del estado es mayor que la de la oposición, sin negar la de ésta última. De todos modos, sería bueno que unos y otros bajaran el volumen de sus reclamos y comenzaran a aceptar al otro en tanto distinto pero también en tanto boliviano con iguales derechos que los propios. La insistencia en los mitos fundacionales u originarios sólo sirve para aplacar a las conciencias bien pensantes pero poco aporta a la gobernabilidad de un país que reclama a gritos mayores cuotas de sensatez.
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