
Infolatam
Madrid, 7 de enero 2007
"... Raúl no quiere ser Fidel, está claro, tanto que está haciendo movimientos subtitulados ¿lento, pero seguro?. Lo primero ha sido abrir una primera vía en la mejora de las relaciones con EE UU."
Leía a final de diciembre en la BBC en español el siguiente título: "Cuba: Raúl no trata de imitar a Fidel". Así parece ser porque el histrionismo, incluso la sublimación del histrionismo, que ha caracterizado las casi cinco décadas de gobierno de Castro, ha dado un giro de 180º ya que todo parece indicar que después de ÉL, en Cuba, se han acabado los grandes discursos (léase largos y grandilocuentes), las palabras altisonantes y las airadas amenazas que cruzaban el Estrecho de la Florida o volaban por encima del Atlántico y que ya tienen un aplicado discípulo en Caracas.
Raúl tiene otro estilo. No sabemos si han contribuido a ello 50 años de "fidelismo" o si el hombre es así por naturaleza. Y tampoco sabemos cuánto puede durar esta situación de relativa discreción habanera, ya que el gobernante cubano en funciones parece querer pasar el testigo: "Nosotros estamos concluyendo el cumplimiento de nuestro deber", recogía la BBC.
Concluyendo o no, el mundo asiste con atención a esta semi-transición que, sin grandes alharacas, parece ir caminando por la senda del continuismo moderado. Raúl no quiere ser Fidel, está claro, tanto que está haciendo movimientos subtitulados ¿lento, pero seguro?. Lo primero ha sido abrir una primera vía en la mejora de las relaciones con EE UU. La visita en diciembre de diez congresistas americanos fue el comienzo. Raúl no los recibió, una de cal y otra de arena, pero los congresistas pudieron entrevistarse con el canciller Felipe Pérez Roque y con el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, que se mostraron partidarios de continuar con los intercambios bilaterales.
La economía es otra de las preocupaciones del presidente "provisional", especialmente en los sectores que más afectan a la población. Raúl Castro quiere impulsar el desarrollo económico del país, lo que será bueno para la vida de los cubanos y atraería más inversión extranjera.
Sin embargo, la flexibilización del embargo, que podría mejorar las relaciones de los cubanos de dentro y fuera de la isla, y el aumento de las relaciones comerciales y de la productividad, no apuntan a que la vida política cubana vaya a cambiar. Raúl Castro, al menos a corto plazo, no parece que quiera dar un vuelco radical, su intención es asegurar la permanencia de la Revolución pero teniendo muy presente la vertiente económica.
Deng Xiaoping, el gran artífice del desarrollo económico chino, dijo aquello de "da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones". Aunque aquello diera resultados en el terreno económico, hay que recordar Tiananmen y Raúl, que no quiere ser Fidel, no debería olvidarlo. En Cuba, la oposición espera.
INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal - Publicidad: Magnoliart SCom. - Programación: Taller Digital