
ESPECIAL PARA INFOLATAM
Análisis realizado por Hector Soto
Infolatam
Santiago, 14 de marzo 2008
(Especial para Infolatam)
"...Lagos mantiene con José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA y ex ministro suyo, una relación de coqueteo absolutamente adolescente respecto de si quieren o no quieren ser candidatos presidenciales.
Atendida la edad que tienen, cuesta entender que dos figuras de la misma sensibilidad política sean incapaces de ponerse de acuerdo en cuál de los dos podría postular. Mientras prolongan un juego a estas alturas ligeramente indecoroso, el liderazgo de Sebastián Piñera no tiene amenaza alguna en el lado opositor y sigue calificando con una amplia ventaja para el ser próximo presidente de Chile".
Aunque nadie jamás le dijo que iba a ser fácil, a Michelle Bachelet le ha resultado mucho más difícil gobernar de lo ella misma y sus más próximos asesores de campaña pudieron sospechar. Habiendo enterado esta semana sus dos primeros años en el poder -la mitad de su mandato- la sensación térmica dominante incluso en el oficialismo es que el desempeño de la presidenta ha estado por debajo de las expectativas. Según una encuesta de El Mercurio, para el 62% de la ciudadanía su administración es menos de lo que esperaba y un sondeo del diario La Tercera señala que, aun cuando la desaprobación al gobierno ahora es menor porque el grupo de los que no se pronuncian ha crecido, los niveles de aprobación llegan al 47% y son parecidos a los de hace un año.
Cuando renovó su gabinete a comienzos de año y designó con amplios poderes en el Ministerio del Interior al DC Edmundo Pérez Yoma -un político de carácter fuerte, marcado sesgo empresarial y más elocuente en conductas que en palabras- la presidenta habló de un segundo tiempo y los meses de verano forjaron la impresión de que el gobierno se estaba ordenando. Pérez Yoma no tomó vacaciones, limó asperezas, desactivó divergencias, alineó a los partidos oficialistas y, mientras la presidenta veraneaba en el sur, estableció una agenda de trabajo político para este año que, para desgracia o ventaja suya, será electoral, puesto que en octubre tendrán lugar las elecciones municipales.
Pero justo cuando se aprontaba a poner manos a la obra, todo se ha vuelto a desordenar. Un incidente aparentemente menor -un cuadro caótico en el manejo de las subvenciones escolares en Santiago, suficiente para acreditar ineficiencia y temer corrupción- alteró la agenda. La presidenta volvió de vacaciones y como no quiso destituir al responsable de la repartición cuestionada, que es lo que Contraloría de la República había recomendado y habría logrado apaciguar el tema, la oposición anunció una acusación constitucional en contra de la ministra de Educación, Yasna Provoste, una operadora política sin experiencia alguna en los asuntos de esa cartera. Y como ahora, tras la deserción de dos de sus próceres, el oficialismo perdió la mayoría en el Senado, el gobierno corre el riesgo, por no haber destituido a tiempo a un funcionario menor, de perder a una ministra, con la consiguiente crispación del clima político interno.
En el acto de conmemoración de su llegada al poder la presidenta promulgó una reforma provisional que tuvo apoyo transversal y que mejorará en medida importante los ingresos de los sectores más pobres del país. Efectivamente entre los mayores de 65 años que no ahorraron ni tuvieron mayor educación la sociedad chilena tiene bolsones de franca pobreza que la reforma intentará aliviar. Este será, por lo visto, junto a la paridad de géneros, el gran legado del gobierno de Bachelet. No es poca cosa, pero tampoco dividirá en dos la historia de Chile. En más de un sentido, es lo mínimo que el país puede hacer por los grupos de menores ingresos ahora que el Estado chileno es rico y tiene más recursos de los que es capaz de manejar.
Mientras el país se conforma con tasas de crecimiento mediocres y crece el grupo de los que creen que el gobierno de Bachelet ya perdió las oportunidades que tuvo, las encuestas políticas muestran una recuperación de las posibilidades del ex presidente Ricardo Lagos para volver a ser el abanderado de la Concertación en las elecciones presidenciales del 2009. Lagos mantiene con José Miguel Insulza, actual secretario general de la OEA y ex ministro suyo, una relación de coqueteo absolutamente adolescente respecto de si quieren o no quieren ser candidatos presidenciales.
Atendida la edad que tienen, cuesta entender que dos figuras de la misma sensibilidad política sean incapaces de ponerse de acuerdo en cuál de los dos podría postular. Mientras prolongan un juego a estas alturas ligeramente indecoroso, el liderazgo de Sebastián Piñera no tiene amenaza alguna en el lado opositor y sigue calificando con una amplia ventaja para el ser próximo presidente de Chile. Aunque esta posición no lo autorice todavía a cantar victoria, día a día se multiplican las evidencias de que la falta de un liderazgo claro en la Concertación la está perjudicando mucho más de lo que creen la presidenta Bachelet, Lagos, Insulza y la precandidata de sonrisa eterna, Soledad Alvear.
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