EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Otra huida hacia delante

 

Infolatam
Caracas, 23 de septiembre de 2008


"...Se acrecienta cada día la molestia de la comunidad democrática internacional ante los exabruptos y provocaciones de Hugo Chávez y sus representantes en el exterior, la mayoría de los cuales transgreden las normas internacionales y violan el principio de no intervención en los asuntos internos de otras naciones. Las reacciones de disgusto y rechazo a la actitud venezolana provienen hasta de gobiernos considerados amigos y aliados... 

Tal vez para no enfrentarse con estos y otros disgustos, el Presidente no fue a la ONU y a la nueva reunión de UNASUR, sino que prefirió viajar a Rusia, China, Bielorrusia y otros países, especialmente a comprar armas y a seguir tratando de dar a Venezuela y al mundo una imagen de fortaleza."

No es la primera vez que el presidente Hugo Chávez emplea la conocida táctica de huir hacia adelante cuando las cosas le van mal. Sin embargo, nunca se había atrevido a tomar decisiones tan desproporcionadas como son las de expulsar intempestivamente de Venezuela al embajador estadounidense en Caracas, Patrick Duddy, y al director para Las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco. La expulsión del diplomático se produjo por mera solidaridad con el gobierno de su aliado y amigo Evo Morales; mientras que la del segundo simplemente porque el irrefutable informe de HRW que presentó sobre las prácticas del gobierno bolivariano en materia de derechos humanos le era adverso.

Es evidente que el gobierno venezolano está atravesando uno de sus peores momentos nacionales e internacionales. El descontento popular y militar ante los altos índices de inflación, inseguridad e ineficiencia en todos los servicios públicos, así como por los escándalos de corrupción (caso del maletín) y por las crecientes evidencias de los nexos gubernamentales con las guerrillas colombianas, se hacen sentir con fuerza en las diversas encuestas de opinión, que desde ya indican un posible fracaso gubernamental en las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes.

A la vez, se acrecienta cada día la molestia de la comunidad democrática internacional ante los exabruptos y provocaciones de Hugo Chávez y sus representantes en el exterior, la mayoría de los cuales transgreden las normas internacionales y violan el principio de no intervención en los asuntos internos de otras naciones. Las reacciones de disgusto y rechazo a la actitud venezolana provienen hasta de gobiernos considerados amigos y aliados. Ante la expulsión de Vivanco, además de la Comisión Interamericana y más de 50 ONG defensoras de los DD.HH, también respondieron el gobierno chileno y el propio jefe de la OEA, José Miguel Insulza, quien es poco dado a enfrentarse con el mandatario revolucionario.

Otros dos ejemplos recientes son las manifiestas molestias del alto mando militar boliviano por las declaraciones de Hugo Chávez de apoyar militarmente a Evo Morales en caso de un golpe de Estado, y las de los gobiernos de Brasil y Chile ante la anticipada convocatoria pública del mandatario venezolano de una reunión de emergencia de UNASUR para tratar el problema boliviano.

Los 12 integrantes de la organización sabían de antemano acerca de la celebración de la cumbre, pero estaban esperando por la convocatoria formal de la presidenta Michel Bachelet en virtud de que es a ella a quien le corresponde por ser Chile el país que actualmente ejerce la Secretaría pro tempore del bloque. Tal vez para no enfrentarse con estos y otros disgustos, el Presidente no fue a la ONU y a la nueva reunión de UNASUR, sino que prefirió viajar a Rusia, China, Bielorrusia y otros países, especialmente a comprar armas y a seguir tratando de dar a Venezuela y al mundo una imagen de fortaleza.  

Es poco probable que el gobierno de Chávez logre salir de estas situaciones problemáticas  huyendo hacia adelante, es decir, atacando más fuerte, insistiendo en la actitud que en gran parte ha causado el descontento dentro y fuera de Venezuela. Ya la mayoría de los venezolanos no le creen ni le temen a sus ataques. Los líderes opositores ya no caen, como antes, en sus maniobras histriónicas; saben que él y su revolución entraron en decadencia. Afortunadamente, después de una década, la administración Bush y la mayoría de los gobiernos democráticos del continente, también han aprendido a torear sus trapos rojos.

En medio de esta situación, sorprende que los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos estén debatiendo, como asunto prioritario de campaña electoral, si dialogan o no con Hugo Chávez de llegar a la Casa Blanca. Esto es un asunto irrelevante que no vale la pena discutir, que no hace diferencia en una futura política estadounidense hacia América Latina, ni es de verdadero interés entre los votantes latinos.

El problema no es si el nuevo Presidente de esa nación quiere hablar o no, sino si Chávez lo hará. Y no lo hará gane quien gane, porque la política internacional revolucionaria se nutre del discurso antiimperialista. Más bien Barack Obama y John MacCain deberían estar proponiendo medidas concretas para no depender del petróleo venezolano y promover más efectivamente la democracia en toda la región.

 
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