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ONU alerta sobre riesgos y desequilibrios por el rápido desarrollo de la bioenergía

La ONU-Energía recomienda que esta industria preserve los pastizales vírgenes, los bosques primarios y las tierras con un alto valor natural.

La ONU-Energía recomienda que esta industria preserve los pastizales vírgenes, los bosques primarios y las tierras con un alto valor natural.


Las claves:
  • El desequilibrio afectaría al abastecimiento alimentario, al destinar tierras, aguas y otros recursos a la producción de biocombustibles
  • Según la ONU-Energía, la bioenergía puede permitir a 1.600 millones de personas a tener electricidad en sus casas
  • La bioenergía está relacionada con la reducción de la pobreza, el acceso a servicios básicos, el desarrollo económico y de infraestructuras en áreas rurales.

Infolatam
Naciones Unidas, 9 de mayo de 2007


El rápido desarrollo de la industria de la bioenergía ofrece muchas oportunidades, pero también comporta desequilibrios y riesgos, según un informe de la ONU que evalúa el impacto de este mercado emergente.

Bajo el título, "Energía sostenible: un marco para la toma de decisiones", el dossier ha sido elaborado por ONU-Energía, que agrupa a expertos de las agencias, programas y entidades del organismo mundial que se dedican a temas energéticos.

"El mercado de la bioenergía es uno de los mercados de más rápido crecimiento, con un volumen de negocio actual de 1.000 millones de dólares, pero a la vez que puede ayudar al desarrollo de los países, también comporta grandes desafíos que se deben considerar", señaló en rueda de prensa Mats Karlsson, presidente de ONU-Energía.

Los beneficios de los sistemas de bioenergía que presenta el informe están relacionados con la reducción de la pobreza, el acceso a servicios básicos, así como el desarrollo económico y de infraestructuras en áreas rurales.

Sin embargo, se advierte del impacto del uso de la bioenergía en términos de seguridad alimenticia, cambio climático, biodiversidad y recursos naturales, así como en la generación de empleo y en el comercio.

"A no ser que las nuevas políticas que se pongan en marcha tengan en cuenta la protección de las tierras amenazadas, garanticen un uso socialmente aceptable de la tierra y vayan encaminadas a un desarrollo sostenible en su conjunto, el daño social y medioambiental de la bioenergía puede en muchos casos superar a los beneficios", aseveró Gustavo Vest, vicepresidente de ONU-Energía.

Entre los efectos negativos que apunta el informe es que se usen extensiones forestables para cultivar los cereales que se requieren para la fabricación de biocombustibles, lo que produciría una liberación de grandes cantidades de carbono del suelo y de la biomasa forestal.

Para minimizar las emisiones del gas que produce el efecto invernadero asociado a la producción de biocombustibles, la ONU-Energía recomienda que los participantes en esta industria preserven los pastizales vírgenes, los bosques primarios y las tierras con un alto valor natural.

Los gobiernos también deberían promover la producción sostenible de la bioenergía y una gestión responsable, según el estudio, por lo que se propone establecer un sistema de certificación nacional, que incluya la verificación de las emisiones de gases contaminantes, y de este modo asegurar que los biocombustibles y otros productos cumplen con los estándares medioambientales.

La industria bioenergética puede provocar un desequilibrio en el abastecimiento alimentario, al destinar las tierras, aguas y otros recursos a la producción de biocombustibles, en detrimento de productos básicos.

Esta situación provocaría una escasez y subida del precio de los alimentos y empeoraría las condiciones de la población que ya vive en el límite de la pobreza. Por otro lado, el informe afirma que los mercados de los biocombustibles ofrecen un gran potencial de oportunidades a los productores agrícolas, así como puede beneficiar a una cuarta parte de la población mundial que actualmente no tiene acceso a la electricidad.

"La bioenergía moderna permite ofrecer mayores servicios energéticos y más baratos en áreas rurales remotas, y apoyar el crecimiento de la productividad agrícola y de otros sectores, lo que podría tener implicaciones positivos en el acceso a los alimentos", señaló Karlsson.

Según la ONU-Energía, la bioenergía puede permitir a 1.600 millones de personas a tener electricidad en sus casas, así como ayudar a las 2.400 millones que ahora dependen de la madera, el estiércol y otro tipo de biomasa para generar combustible.

En el estudio también se critica las barreras arancelarias que actualmente se imponen a las importaciones de productos como el etanol, que han sido elaboradas con más eficiencia y más baratas, ya que temen que los países dediquen más tierras a la producción de bioenergía que a la de alimentos.

Otra preocupación que expresan los expertos es que los programas de biocombustibles resulten en una concentración de la propiedad de las tierras, lo que dejaría a los pequeños agricultores y más pobres fuera del mercado y más inmersos en la pobreza.

"La economía de los biocombustibles del futuro se caracterizará por diferentes modalidades de producción, a gran escala con una inversión masiva de capital, cooperativas de agricultores que competirán con las grandes compañías, así como producción a menor escala para el consumo local", según el informe.

 
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