EL ANÁLISIS

No hay maldición latina

 

Infolatam
Santiago, 8 de noviembre de 2007


"...Vivimos tiempos prometedores para América Latina y para Chile. La región viene creciendo de manera sostenida desde el 2003, a un ritmo cercano al 5 por ciento anual. Las exportaciones han sobrepasado ya ampliamente la barrera de los 600 mil millones de dólares anuales, y los inversores internacionales ... inyectaron más de 72 mil millones de dólares en América Latina sólo en 2006" (El Mercurio, Chile).

El actual desarrollo latinoamericano se cimienta en los dos principios -democracia y economía de mercado - que dieron origen a la propia OCDE. Precisamente porque en América Latina se plasman apuestas por la democracia y el mercado, los países de la OCDE están mirando con interés la evolución económica y social de la región que gana terreno año tras año.

Vivimos tiempos prometedores para América Latina y para Chile. La región viene creciendo de manera sostenida desde el 2003, a un ritmo cercano al 5 por ciento anual. Las exportaciones han sobrepasado ya ampliamente la barrera de los 600 mil millones de dólares anuales, y los inversores internacionales -que no permanecen ajenos a la estabilidad política y financiera del continente- inyectaron más de 72 mil millones de dólares en América Latina sólo en 2006.

En vísperas de la XVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, publicamos nuestro primer estudio sobre el conjunto de la región: "Perspectivas Económicas de América Latina 2008", realizado por el Centro de Desarrollo de la OCDE. Este nuevo informe, que tendrá carácter anual, analiza los principales retos y oportunidades para el desarrollo latinoamericano: la necesidad de políticas fiscales más eficientes; la obligada reforma de los sistemas de pensiones; la inversión necesaria en infraestructuras y telecomunicaciones; y el creciente reto de los nuevos gigantes asiáticos de la economía mundial.

Con cauteloso optimismo, nuestros expertos hacen un balance positivo del actual contexto económico latinoamericano. No obstante, analizan también los importantes desafíos que la región debe afrontar en el futuro más inmediato, como el riesgo de una excesiva especialización comercial en materias primas, ahora que los precios mundiales de estos productos son elevados. Incentivar la diversificación e invertir en innovación e infraestructuras son recetas comunes pero cruciales a todas nuestras recomendaciones.

Los países de la región ganan peso en la economía internacional, en un momento en que la tradicional dicotomía entre centro y periferia se desdibuja como consecuencia de un nuevo reordenamiento de los equilibrios económicos mundiales. Hace dos décadas, los países de la OCDE representaban el 70% del PIB mundial; hoy día, apenas concentran el 55% del mismo. Esta evolución es positiva, ya que significa un bienestar creciente a través del mundo. Para asegurar esta evolución, sin embargo, hacen falta políticas económicas adecuadas.

En este cambiante contexto el estrechamiento de las relaciones entre la OCDE y América Latina cobra una relevancia creciente. Sabemos que la prosperidad de nuestro planeta depende de la capacidad de cada uno de colaborar con los demás. Por eso, nuestros miembros quieren estrechar sus relaciones con los países emergentes en todas partes del mundo, y con atención particular en América Latina. En el plano institucional, México es miembro desde 1994; Chile acaba de iniciar negociaciones de adhesión, y con Brasil se ha establecido un marco de cooperación reforzada con miras a una eventual membresía.

El objetivo es crear el ambiente propicio para que florezca la productividad de las empresas; y con ella el crecimiento que se requiere para lograr el desarrollo. Por eso, citando una frase de Peter Senge, de MIT, los gobernantes con frecuencia deben "pensar más como jardineros que como mecánicos". Quienes hemos tenido la oportunidad de trabajar en el diseño e instrumentación de la política económica o financiera de algún país sabemos que el reto es complejo. Combinamos elementos, graduaciones y señales para producir una serie de frutos intangibles: estabilidad, crecimiento sin inflación, superávit comerciales, mejoramiento educativo, o un ambiente propicio para que las empresas sean productivas y generen sinergias de atracción.

Como repetimos una y otra vez en la OCDE, son las políticas las que hacen la diferencia. El progreso está al alcance de todas las naciones. No hay maldición latina. La clave está en crear el ambiente propicio, para que florezcan esos dos frutos que constituyen la base de cualquier economía floreciente: la innovación y la productividad.

(Artículo publicado en El Mercurio) 

 
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