EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Narcotráfico: Una guerra mexicana

 

Infolatam
Mexico 18 de junio de 2008


Fernando Escalante, licenciado en Relaciones Internacionales y doctor en Sociología por el Colegio de México, en cuyo Centro de Estudios Internacionales trabaja actualmente como profesor e investigador; colaborador del Real Instituto Elcano (España), se incorpora hoy al equipo de analistas de Infolatam formado por más de cincuenta de las mejores firmas de América Latina.

(Especial para Infolatam).-

"... Los resultados, hasta la fecha, son ambiguos. Donde ha intervenido el ejército la gente dice sentirse más segura, pero el número de muertes ha aumentado, a veces exponencialmente. Es posible que mucha de esa violencia sea producto de la guerra entre organizaciones que ya no se disputan rutas, sino plazas de tráfico, pero hay también por primera vez emboscadas y atentados contra jefes policiacos, bombas en las calles, y varios cientos de policías muertos.

Se entiende que para ser enfático el presidente hable de la guerra contra el narcotráfico, pero el término no es muy afortunado porque es difícil saber en qué consistiría una victoria, cuándo podría decirse que se ha ganado la guerra; lo más probable es que, con un nombre u otro, con una estrategia u otra, el tráfico de drogas sea uno de los motivos recurrentes de la política mexicana en las décadas por venir."

Hasta hace poco tiempo el narcotráfico era visto en México como un problema de los Estados Unidos. No se decía así, pero era un entendido casi general. Se condenaba en términos más o menos protocolarios, se detenía de vez en cuando un cargamento, pero no parecía ser cosa muy grave. A partir de la toma de posesión del presidente Calderón se ha convertido en prioridad absoluta, es el tema de ocho columnas, el primer titular de los noticieros todos los días: asesinatos, enfrentamientos armados a media calle en ciudades del norte, atentados con bombas. Se ha desplegado al ejército en algunas regiones del país, sobre todo en la frontera, y en menos de dos años se cuentan ya cuatro mil muertos, casi quinientos policías.

Es un cambio espectacular, pero que no resulta difícil de entender. En los últimos veinte años ha crecido el negocio de la droga en México –producto de la corrupción, sin duda, de la ineficiencia y el desinterés de la policía, de la pobreza, el desempleo—pero también ha cambiado su naturaleza, ha arraigado en el país con una extensa red de tránsito e importantes zonas de producción, en particular en el noroeste del territorio. En un momento dado, imposible de precisar, se atravesó un umbral: llegó a haber zonas, poblaciones en que materialmente no había otra autoridad sino la de los narcotraficantes; eso ya no era tan sólo un problema de seguridad pública. Algo más: México dejo de ser básicamente espacio de tránsito para convertirse en importante lugar de consumo. Finalmente, comenzaron a hacerse visibles vínculos más o menos confusos, más o menos estables, entre el narcotráfico, el resto del crimen organizado, las redes de secuestros, varias organizaciones guerrilleras del centro y sur del país, y movimientos de protesta radicalizados.

Acaso haya influido también otra cosa: Felipe Calderón ocupó el cargo en una coyuntura difícil, enfrentado a un extenso, vigoroso movimiento de protesta. En la guerra contra el narcotráfico encontró un tema que podía ganarle simpatías en una sociedad harta de la inseguridad, y en el que no podía haber una oposición de principio (se pueden criticar algunos recursos, pero nadie puede disentir del propósito). Aparte de eso, el presidente ha conseguido asociar su imagen a la del ejército, que sigue siendo en México una institución enormemente popular.

Las reacciones en Estados Unidos, como no podía ser menos, han sido contradictorias, sobre todo cuando se ha planteado la necesidad de una mayor cooperación entre ambos países. Contrasta sobre todo la actitud del Congreso, donde siempre habrá diputados que puedan contentar a su electorado con un discurso violentamente anti-mexicano, con la de los funcionarios que tienen responsabilidades ejecutivas en asuntos de seguridad o administración de justicia. El resultado, el Plan Mérida corregido por el Congreso y condicionado por el gobierno mexicano, no es del gusto de nadie, pero dice que en éste como en otros muchos temas México es el único país frente al que Estados Unidos no puede darse el lujo de una política aislacionista.

Los resultados, hasta la fecha, son ambiguos. Donde ha intervenido el ejército la gente dice sentirse más segura, pero el número de muertes ha aumentado, a veces exponencialmente. Es posible que mucha de esa violencia sea producto de la guerra entre organizaciones que ya no se disputan rutas, sino plazas de tráfico, pero hay también por primera vez emboscadas y atentados contra jefes policiacos, bombas en las calles, y varios cientos de policías muertos. Se entiende que para ser enfático el presidente hable de la guerra contra el narcotráfico, pero el término no es muy afortunado porque es difícil saber en qué consistiría una victoria, cuándo podría decirse que se ha ganado la guerra; lo más probable es que, con un nombre u otro, con una estrategia u otra, el tráfico de drogas sea uno de los motivos recurrentes de la política mexicana en las décadas por venir.

 
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