Mujica y Astori buscarán atraer el voto moderado y de centro en la segunda vuelta
Infolatam
Montevideo, 26 de octubre de 2009
(Especial para Infolatam, por Rogelio Núñez).-
José Mujica teme que la unión de blancos y colorados en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales uruguayas le arrebate la presidencia. Se quedó el domingo a sólo dos puntos de llegar al Palacio Presidencial, pero la unión de los dos partidos tradicionales es mucho más que un juego matemático, pues tiene antecedentes históricos.
En 1999, el blanco Luis Alberto Lacalle dio sus votos en la segunda vuelta al colorado Jorge Batlle para evitar el triunfo del Frente Amplio de Tabaré Vázquez. Esta alianza impidió que la izquierda llegara al poder. ¿Se repetirá en 2009 lo ocurrido hace exactamente una década?
El precedente de 1999
Las elecciones presidenciales de 1999 fueron unos comicios muy especiales. Debido a la nueva legislación electoral hubo un proceso de elecciones internas en cada partido. La reforma constitucional de 1996 supuso el fin de esa ley de lemas, estableció un régimen de elecciones primarias en abril, elecciones generales en octubre y una segunda vuelta entre los dos primeros en noviembre.
Acabó triunfando en primera vuelta con el 38% de los votos el Frente Amplio, que encabezaba Tabaré Vázquez. Era la primera vez en la historia de Uruguay que la izquierda vencía y que ninguno de los dos partidos tradicionales (colorados y blancos) era el triunfador. Por detrás de la izquierda, quedaron el colorado Jorge Batlle con el 31% y el blanco Luis Alberto Lacalle con el 21%.
Noviembre de 1999 fue un mes de encuentros entre Lacalle y Batlle que se saldaron con el compromiso blanco de apoyar a los colorados en al segunda vuelta. Batlle tendió enseguida puentes: "iremos al encuentro de las fuerzas políticas que no llegaron a la segunda vuelta para conformar un programa común...Se abre un nuevo ámbito de reflexión para el que llamo a todos los uruguayos a participar".
El anuncio del pacto fue realizado por el propio Lacalle: "el directorio del Partido Nacional resolvió apoyar en la segunda vuelta electoral a Jorge Batlle". En la segunda vuelta los votos blancos fueron a parar a sus rivales históricos, los colorados, para evitar la victoria de Tabaré Vázquez que se quedó con el 44% frente al 51% de Jorge Batlle.
El panorama de 2009
Nunca hay dos situaciones idénticas en política. Diez años después, el Frente Amplio no está a 12 puntos de la mitad más uno de los votos, sino sólo a 2. Además, ya ha demostrado que es una opción sólida de gobierno con Tabaré Vázquez, capaz de dar gobernabilidad y estabilidad al país. Hace diez años los votos colorados y blancos superaban a los del FA, en la actualidad ni siquiera igualan los logrados por Mujica.
En 1999 el voto del miedo funcionaba, en 2009 no parece tan probable. Batlle fue capaz de recurrir en 1999 a términos propios de la Guerra Fría: "Uruguay es un nuevo campo de batalla entre el marxismo y el liberalismo".
Lacalle por su parte aseguró que "hay que temerle (a un gobierno del Frente Amplio). Hay segmentos importantes del EP-FA que son confesos marxistas, comunistas, socialistas y tupamaros, gente que ha usado la vía violenta hasta hace muy poco tiempo. No generalizo eso a la totalidad del EP-FA, pero ésta es una expresión antigua de un comunismo estalinista y una violencia que no ha abdicado de esas conductas".
En la segunda vuelta de noviembre, Lacalle va a recurrir al voto del miedo, no tanto por el Frente Amplio, sino por la figura de José Mujica, que despierta grandes adhesiones y mucho rechazo también. De hecho Lacalle se ha presentado como el continuador de la obra de Tabaré Vázquez: "puede ser más parecida una gestión eventual de Luis Alberto Lacalle a la gestión de Vázquez, con todos los peros que hay que poner en el medio, que lo que parecería ser una gestión de José Mujica".
Además, ha subrayado el presunto radicalismo de Mujica: "de una preeminencia de Vázquez, socialismo (...) los que pueden ser calificados como una socialdemocracia europea, ahora el eje del poder se corrió" en dirección al Movimiento de Participación Popular -tupamaros- y el Partido Comunista.
Las estrategias de la segunda vuelta
Si Luis Alberto Lacalle tratará de destacar durante la campaña para el ballotage el posible radicalismo de José Mujica, éste se esforzará en mostrar que es un continuador de la obra del actual presidente, el socialista Tabaré Vázquez. Para ello, Mujica destacará sus vínculos con Lula da Silva (y su lejanía con Hugo Chávez): "(el gobierno de Lula) es un modelo muy interesante, que enseña mucho de lo que se puede hacer desde una perspectiva de izquierda y en el contexto del mundo actual, a favor de las grandes mayorías".
Además, Mujica, para ganarse el voto de centro, potenciará la figura de su candidato a vicepresidente, Danilo Astori, quien fue ministro de economía de Vázquez. Astori, que era el favorito de Tabaré para ser candidato de la izquierda, representa al ala moderada y reformista del Frente Amplio: "Danilo es una pieza muy importante del Frente y necesaria para el país...Danilo es mucho más apreciado por algunos sectores intelectuales y por la pequeña y mediana burguesía, que tienen que participar para poder manejar el país".
Por último, Mujica no sólo mostrará sus vínculos con Lula y Danilo Astori sino también con la obra de Tabaré Vázquez: "nosotros tenemos conciencia de la enormidad que ha hecho este gobierno. Y estamos ganando las elecciones gracias a que el gobierno de Tabaré Vázquez hizo una obra fenomenal, que se prolonga en la memoria de la gente. Y ese es el mayor argumento político que nos lleva al gobierno. Así de sencillo. Si este gobierno hubiese sido un desastre, este duelo no existía".
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