
Infolatam
Madrid, 3 de junio de 2008
(Especial para Infolatam).-
"...La inflación alimentaria es un problema global, pero genera ganadores y perdedores. Aunque en algunas zonas urbanas latinoamericanas hay grupos adversamente afectados, en general la región es una de las más beneficiadas por este fenómeno. (...) Un problema diferente es cómo los gobiernos gestionan el boom de los alimentos en términos de distribución interna del excedente."
Entre los días 3 y 5 de junio se reúnen en Roma en al sede da la FAO los líderes de más de 150 países (incluyendo 50 jefes de Estado) para debatir sobre la crisis alimentaría mundial. De esta reunión saldrá un compromiso de los países ricos para aumentar la ayuda alimentaria y evitar así que más de 100 millones de personas en los países en desarrollo se sumen a los más de 800 millones que ya viven en la pobreza. El objetivo es movilizar cerca de 2.000 millones de dólares adicionales para medidas urgentes que eviten hambrunas en casi cuarenta países de África Subsahariana, Asia Central y Centroamérica.
Aunque las medidas pongan un necesario parche al problema de los altos precios a corto plazo, nada asegura que se vayan a poner en práctica las políticas estructurales necesarias para resolver el problema a largo plazo. Éstas pasan por un aumento de las inversiones y de la investigación para aumentar la oferta y la productividad agrícola (una nueva revolución verde sobre todo en los países en desarrollo), una reducción de las medidas proteccionistas tanto en los países avanzados que protegen sus mercados como en los países emergentes que han restringido las exportaciones reduciendo la oferta global, un replanteamiento de la política de subsidios a los biocarburantes en Estados Unidos y la Unión Europea y medidas para paliar los efectos del cambio climático, que han afectado adversamente a las cosechas. Todas requieren que la cooperación multilateral logre anteponer intereses generales de aumento de la producción y los intercambios a los intereses creados de un gran número de actores que están adoptando actitudes oportunistas tanto en los países ricos como en los pobres. Para lograrlo, el liderazgo político será esencial.
Los precios de los principales productos alimentarios (arroz, soja, maíz, trigo, carne, etc.) han crecido un 50% en términos nominales en lo que llevamos de 2008 y en términos reales están en máximos de los últimos treinta años. Una pequeña parte de este aumento responde a las compras de futuros sobre alimentos en los mercados financieros, a veces denominados especulación. Sin embargo, la mayor parte de la inflación se explica por incrementos estructurales de demanda en los países emergentes (sobre todo en Asia), por el aumento de los precios del petróleo (que afectan tanto al transporte como a la producción de alimentos), por el auge de la demanda para biocombustibles (principalmente por los subsidios en Estados Unidos) y por las restricciones a las exportaciones que más de 20 países han establecido para frenar los precios internos. En definitiva, como las causas son en su mayoría estructurales los precios permanecerán altos durante los próximos años, por lo que la única solución para estabilizarlos pasa por aumentar la oferta.
La inflación alimentaria es un problema global, pero genera ganadores y perdedores. Aunque en algunas zonas urbanas latinoamericanas hay grupos adversamente afectados, en general la región es una de las más beneficiadas por este fenómeno. La mayoría de sus países son exportadores netos de alimentos, por lo que la subida de precios mejora su relación real de intercambio y su saldo comercial. Además, América Latina tiene margen para aumentar la producción, cuenta con una tecnología avanzada y es una de las pocas regiones del mundo donde la producción de biocombustibles (basados en caña de azúcar o en cultivos no comestibles y no en maíz como el de Estados Unidos) es realmente rentable. Un problema diferente es cómo los gobiernos gestionan el boom de los alimentos en términos de distribución interna del excedente. En este sentido las restricciones a las exportaciones que están estableciendo algunos países, además de no contribuir a resolver el problema alimentario mundial, equivalen a matar la gallina de los huevos de oro.
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