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México D.F., 18 de mayo de 2007
México vivió ayer la jornada más violenta desde que Felipe Calderón desató la guerra contra los cárteles de la droga. 22 personas murieron en enfrentamientos ocurridos en el norteño estado de Sonora, fronterizo con EE.UU y sede del poderoso cártel. Sicarios de los cárteles ejecutaron a cinco policías y a otras dos personas que habían sido secuestradas.
Los hechos comenzaron por la mañana cuando un grupo fuertemente armado de entre 40 y 50 hombres irrumpió en el poblado de Cananea y secuestró a varias personas, entre ellos policías y civiles. Horas más tarde, la policía encontró en una carretera los cadáveres esposados de cuatro de los policías que habían sido secuestrados.
Posteriormente, fueron hallados los cuerpos sin vida de otro policía y de dos civiles -que también habían sido secuestrados por la mañana.
El grupo armado, que se movilizó en unos 15 automóviles, entre ellos algunos blindados, huyó hacia la sierra sonorense, hasta donde fue perseguido por un centenar de efectivos de la policía, auxiliados por un helicóptero. En el poblado de Arizpe, quince pistoleros murieron en un enfrentamiento a tiros con la policía, lo que elevó a 22 el número de muertos.
Las fuerzas de seguridad liberaron a cuatro personas secuestradas, entre ellas dos menores de edad, y decomisaron un arsenal así como chalecos antibalas y vestimenta con insignias de la Agencia Federal de Investigación y uniformes de tipo militar.
Según el gobernador de Sonora, Eduardo Bours, la policía encontró en el lugar diez fusiles R-15 en un automóvil abandonado por los pistoleros, de los que no se ha dado a conocer la organización criminal a la que pertenecen. México vive una ola de violencia producto del crimen organizado, contra el que el presidente Felipe Calderón ha declarado una lucha sin cuartel con el envío de fuerzas combinadas de militares y policías federales a una decena de estados.
Los carteles mafiosos iniciaron hace unos cuatro años una guerra entre ellos por el control de plazas para la distribución de la droga hacia Estados Unidos y el mercado local. El gobierno del presidente Vicente Fox (2000-2006) intentó frenar dicha ola de violencia con el plan "México Seguro", que consistió en el envío de militares y policías a puntos estratégicos, pero la espiral sangrienta continuó y sólo en 2006 hubo al menos 2.000 muertos atribuidos al crimen organizado.
Según los expertos, Calderón está aplicando la misma estrategia y, por el momento, el resultado más visible, además de la extradición a Estados Unidos de 15 capos mexicanos del narcotráfico, es la muerte de más de mil personas en lo que va de año. El narcotráfico ha demostrado su poder de acción tanto con el asesinato de policías municipales y estatales como de agentes federales y militares, de los que una docena de estos últimos han resultado muertos desde enero.
Además, varios sectores están pidiendo que los militares no participen en la lucha contra el narcotráfico. La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH, Defensora del Pueblo) denunció el martes que un soldado desplegado en la lucha contra el crimen organizado violó a una joven de 17 años y se investiga la posible violación de tres menores más por parte de otros soldados.
La escalada de los narcos tuvo el pasado lunes uno de sus momentos álgidos cuando fue asesinado un funcionario de alto rango de la fiscalía federal de México, José Nemesio Lugo, secretario técnico de trata de personas de la principal unidad de información sobre delincuencia organizada de la Procuraduría General de la República (PGR).
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