
ESPECIAL PARA INFOLATAM
Análisis realizado por Clovis Rossi
Infolatam
Brasil, 1 de mayo 2008
(Artículo exclusivo para Infolatam).- El presidente brasileño cree que si los países ricos invirtieran recursos y Brasil entrase con su capacidad tecnológica innegable para permitir la producción de biocombustibles en países africanos y centro-americanos, rescataría de la pobreza de grandes masas en esas regiones".
"... Lo que más incomoda Lula en esa supuesta (o real) campaña es que el cree firmemente que la expansión de los combustibles alternativos seria una "revolución", y no solo para el ambiente.
Abril podría haber sido el mejor mes para Luiz Inácio Lula da Silva de los cincuenta y dos que lleva en el Palacio do Planalto, sede del gobierno de Brasil.
La popularidad de Lula bate record tras record, de acuerdo con la encuesta que hace a cada mes el instituto Sensus bajo encargo de la Confederación Nacional de Transportes.
En el último día de abril, salió, por fin, el "investiment grade" a Brasil, de acuerdo con Standard and Poor´s, una de las tres grandes agencias de calificación de riesgo. Significa que Brasil es seguro, segurísimo, para los inversores externos. Claro que la calificación llega en el momento en que las agencias de riesgo se encuentran bajo sospechas, por no haber anticipado los riesgos en el caso de las hipotecas "subprime".
Pero, para la mentalidad todavía de colonia que muchos brasileños tienen, el sello de calidad atribuido por los antes detestados "gringos" mereció una fiesta - y, mejor todavía, un salto para un nuevo record en la Bolsa de São Paulo.
Hasta Lula saludó el "investiment grade" diciendo que Brasil es reconocido ahora como "serio", como si ser serio dependiera de la palabra de una oficina externa y no de la acción de gobernantes e ciudadanos en el propio país.
Ese tipo de consideraciones no impide reconocer que Brasil vive, de hecho, un "momento mágico", siempre siguiendo la retórica colorida de Lula. La única nube viene de algo que no enturbia el cotidiano de los brasileños: las críticas al etanol, acusado, como los demás biocombustibles, de ser uno de los responsables por la llamada "agflación" - la disparada de precios de la comida.
Porque nube? Porque Lula se volvió un obcecado con los combustibles alternativos. Es imposible hablar con el presidente brasileño por más de, digamos, quince minutos sin que él se refiera al tema. Y lo hace con un conocimiento amplio. Dispensa consultas a fichas, archivos, lo que sea. Diserta sobre etanol mejor que mucho ingeniero agrónomo, pese a ser un animal político, antes que nada, y obrero metalúrgico antes de ser político.
En el vuelo que llevó la comitiva brasileña a Holanda, en principios de abril, Lula llamó a su ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Miguel Jorge, para pedirle que organizara un Grupo de Trabajo para preparar una contra-ofensiva a lo que Jorge llama de "sorpresiva campaña en Europa" contra el etanol.
Si hay o no una campaña organizada, es materia opinable. Lo que es cierto es que cambió el ambiente como escribe Roger Cohen, columnista del "New York Times": "Las modas llegan rápido y con toda fuerza en nuestra era de comunicación viral, y las reacciones a ellas pueden ser igualmente feroces. Es lo que estamos viendo ahora con los biocombustibles, que todo el mundo amaba hasta que todo el mundo decidiese que son lo peor desde la Peste Negra".
Ironía al margen, el hecho es que hay tres tipos de críticas a los biocombustibles, que el ministro Miguel Jorge cuida de contestar antes mismo que se organice la contra-campaña solicitada por Lula:
1 - Las áreas plantadas con caña de azúcar, para producir etanol, ocupan tierras que deberían ser reservadas a alimentos. Respuesta: "No hay tal reemplazo. La caña ocupa tan solo el 4% del territorio. Además, avances en productividad en la pecuaria pueden liberar áreas hoy utilizadas como el ganado, sin, por lo tanto, afectar la producción de alimentos".2 - El uso de trabajo precario, hasta esclavo, en las plantaciones de caña. Miguel Jorge alega que son casos aislados. Puede ser cierto, pero que los hay, los hay. El punto es otro: no se trata de cambiar el cultivo de caña de azúcar para evitar el trabajo esclavo sino de combatirlo, sea cual sea el cultivo en el cual ocurra.3 - El etanol es menos favorable al medio-ambiente de lo que se suponía a principio y, para llegar a el, hay daños eventualmente superiores a los beneficios que trae la sustitución de la gasolina. Miguel Jorge corta, rápido: "No consigo imaginar la vida en São Paulo, con sus 6 millones de vehículos, si 90% de la flota no fuera flex-fuel", o sea, capaz de utilizar distintos tipos de combustible.
A propósito: en el bimestre febrero/marzo, por la primera vez, el uso de alcohol en eses coches superó el de gasolina.
Lo que más incomoda Lula en esa supuesta (o real) campaña es que el cree firmemente que la expansión de los combustibles alternativos seria una "revolución", y no solo para el ambiente.
El presidente brasileño cree que si los países ricos invirtieran recursos y Brasil entrase con su capacidad tecnológica innegable para permitir la producción de biocombustibles en países africanos y centro-americanos, rescataría de la pobreza de grandes masas en esas regiones.
Lula tiene razón en irritarse porque el etanol a partir de la caña es más limpio y hay espacio suficiente en Brasil para cultivos destinados a la alimentación y a la producción de biocombustible.
El problema es que cuando se habla de etanol y sus problemas, se está hablando de etanol a partir del maíz, como lo producen Estados Unidos. Ese sí provocó una crisis en la producción de maíz para consumo humano, como atestigua la llamada "crisis de la tortilla" en México.
Pero la razón que tiene Lula no quita el hecho de que la palabra etanol sea utilizada para el de caña y el de maíz, contaminando ambos y enturbiando la "revolución" con que sueña el presidente, la que seria capaz de ponerle el cielo azul no solo en abril y no solo en Brasil.
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