ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Bruno Ayllon

Lula en Cuba o la reafirmación del "compromiso constructivo" de la política exterior brasileña

 
 

Infolatam
Madrid, 16 de enero 2008


(Especial para Infolatam)

"El papel de Brasil será fundamental en la transición post-castrista y las cartas credenciales del país, a las que deben unirse los lazos sentimentales y humanos entre el presidente Lula y buena parte del PT, le otorgarán un protagonismo como "constructor de la paz" entre las dos Cubas que, irremediablemente, pugnarán cuando se produzca el 'hecho biológico'."

La llegada al poder de Luis Inácio Lula da Silva, en 2003, representó una nueva fase en las relaciones de Brasil y Cuba como consecuencia de los fuertes lazos afectivos y políticos que unían a muchos miembros del PT con Castro y el régimen cubano desde la época de la dictadura militar. La designación política de Tilden Santiago, ex - sacerdote católico, ex -diputado del PT y líder sindical, para ocuparse de la Embajada brasileña en La Habana por indicación personal de Lula, y pese a contar con la oposición del Itamaraty, el ministerio de Exteriores, fue una buena muestra del proceso que se iniciaba de aproximación política a Cuba.

Esta aproximación se incardinaba en las líneas principales de la política exterior del gobierno Lula, sobre todo en su acento latinoamericanista que priorizaba el MERCOSUR al mismo tiempo que reinsertaba a Cuba en la región, y ofrecía legitimidad para la resolución democrática de los conflictos de Venezuela y Colombia. La presión internacional que sufrió el régimen cubano, cuando en abril de 2003, se encarceló a 75 opositores no hizo mella en el apoyo político que Lula pretendía ofrecer a Cuba.

La idea- fuerza que articula desde entonces la política de Brasil fue formulada por el canciller Amorim quedando registrada con la marca de "compromiso constructivo".

"(...) La política que defiendo en relación no apenas a aquél país (Cuba), sino para los otros, es aquello que en los EEUU, en la administración anterior, se acostumbraba llamar de compromiso constructivo. Tal política es mucho más rentable que la de condenas y aislamiento, por eso tiene que ser constituida de manera equilibrada. (...). Con ese espíritu encaro la necesidad de que continuemos trabajando con un país hermano, que sufrió un aislamiento muy grande, a pesar de tener unos procedimientos con los cuales no estamos de acuerdo. Esta línea del compromiso constructivo es mucho más positiva y puede traer muchos más resultados que una línea meramente de aislamiento, que refuerce un aspecto de psicología del cerco, que correcta o incorrectamente es la que prevalece hoy en Cuba y que lleva al país a adoptar ciertas actitudes o que contribuye para la adopción de posturas que condenamos".

Así, el discurso y la práctica oficial del gobierno y la diplomacia brasileña desde 2003, enfatiza la necesidad de promocionar este "compromiso constructivo" partiendo del presupuesto de que la represión o el aislamiento sobre Cuba favorecen "huidas hacia delante" que retroalimentan la espiral y contribuyen a alejar más al régimen cubano de una difícil redemocratización. Brasil abraza decididamente y sin remilgos una política de cooperación con Cuba que imprima eficacia en el camino del avance hacia la democracia. Frente a las acusaciones de una cierta tolerancia del gobierno Lula respecto al régimen cubano, la diplomacia brasileña ha subrayado la necesidad de adoptar medidas eficaces.

Como en la visita que realizó a La Habana, en septiembre de 2003, la presencia de Lula ha sido caracterizada como fruto de la intensificación de las relaciones económico-comerciales y de cooperación. La carga simbólica del encuentro entre Castro y Lula, quizá el último, y sus implicaciones políticas no pasan, sin embargo, inadvertidas. En la versión oficial, la visita da seguimiento a los esfuerzos brasileños para la reinserción de Cuba manteniendo y perfeccionando el diálogo político existente entre los dos gobiernos, y avanzando en la cooperación económica, sobre todo en el terreno energético.

En el ámbito multilateral, las actuaciones del gobierno Lula respecto a Cuba han seguido en lo fundamental las de las administraciones anteriores. Brasil ha seguido absteniéndose en las resoluciones condenatorias de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU e intentó, sin éxito, la creación de un Grupo de Amigos de Cuba en el seno del Grupo de Río con la finalidad de "reintroducir al país en el seno de la familia latinoamericana". La oposición de Uruguay, México y algunos países centroamericanos dio al traste con la propuesta brasileña.

En otros foros más delicados, como la OEA, el gobierno Lula ha continuado defendiendo el "compromiso constructivo". En la 35º Asamblea General de la organización, en junio de 2005, y frente a la posición defendida por Condolezza Rice, Brasil sostuvo que la democracia no podía ser impuesta y que el establecimiento de cualquier mecanismo para el monitoreo de las democracias americanas, como pretendían los EEUU, lesionaba el principio de no intervención. El ministro de Exteriores brasileño reafirmó que la cooperación constructiva entre los países era el mejor camino, incluso cuando existían diferencias de percepciones, y que la ausencia de Cuba en la OEA representaba una anomalía que debía superarse a través del diálogo.

Otro ámbito donde el papel de Brasil ha sido fundamental es el de la aproximación del MERCOSUR a Cuba. A raíz de la reunión del Consejo del MERCOSUR en Córdoba, en julio de 2006, que contó con la presencia de Fidel Castro, se alcanzó un acuerdo de preferencias comerciales que en realidad ponía fin al proceso de negociación 4 + 1 iniciado en el año 2000, cuando Pérez Roque visitó Brasil. No faltaron voces que alertaron de la amenaza que esta aproximación supondría para la cláusula democrática del MERCOSUR. Sin embargo, el escenario de la Cuba pos-castrista y el papel que MERCOSUR podría desempeñar en la hipótesis de una futura democratización cubana justificaban este tipo de actuación. Desde esta perspectiva, evitar la "haitización" del país en un supuesto de enfrentamiento entre grupos patrocinados exteriormente y leales al gobierno cubano sería el presupuesto de partida para una eventual acción de apoyo a la adopción de instituciones democráticas. Así, el MERCOSUR conciliaría los ideales de no intervención y no indiferencia representando una alternativa solidaria para un cambio político sin conflictos

El papel de Brasil será fundamental en la transición post-castrista y las cartas credenciales del país, a las que deben unirse los lazos sentimentales y humanos entre el presidente Lula y buena parte del PT, le otorgarán un protagonismo como "constructor de la paz" entre las dos Cubas que, irremediablemente, pugnarán cuando se produzca el "hecho biológico". Este protagonismo se verá además propiciado por la innegable ascensión de Brasil en la escena internacional en este comienzo de siglo XXI, en consonancia con su liderazgo político mundial, con su potencialidad económica y con su ascendencia moral y su capacidad para el diálogo, fuertemente enraizado en su propio proceso de formación histórica y sociológica y en su riqueza multicultural que, por cierto, comparte con Cuba.

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