
Infolatam
Sao Paulo, 6 de abril de 2008
(Análisis especial. Exclusivo para Infolatam).-
"... Lula tiene dos años y medio, poco más o menos, para transferir a un delfín su actual prestigio, producto de la estabilidad y el crecimiento de la economia y de los programas sociales que, aunque lanzados en gobiernos anteriores, han sido muy reforzados en su período presidencial. Faltan dos años y medio para que se inicie la campaña presidencial, a mediados de 2010. Pero nadie debe dudar: Lula no tiene límites para la elección de su candidato/a. Ni lealtades a preservar.
... ¿Está 2010 demasiado lejos? Sí, claro. Pero hay que tomar en cuenta la siguiente anécdota. Cuando era secretario de Prensa de la Presidencia, en 2003, el periodista Ricardo Kotscho, amigo personal por muchos años de Lula, le preguntó qué le gustaría ser si no fuera presidente. "Candidato", fue la fulminante respuesta de Lula."
Los escándalos en los que se ha visto involucrado el gobierno de Lula tienen lugar a un promedio de uno al mes. Por lo menos, desde 2005.
Y, sin embargo, la popularidad del presidente brasileño crece ininterrumpidamente. Por lo menos, desde 2006.
La turbulencia económica global se manifiesta en Brasil de manera todavía débil y errática, pero se manifiesta. Tanto, que la Bolsa de Valores cayó el mes pasado casi el 4%. No es mucho si se compara con España, Alemania, Estados Unidos, pero es una caída que incomoda porque los brasileños se han acercado más a la Bolsa, a partir de la estabilización de la economía en los años 90.
Y, sin embargo, la popularidad de Lula suma y sigue. Cinco años y tres meses después de su primera toma de posesión Lula llega a un nivel de popularidad superior al de cualquiera de sus antecesores desde que gobernara Fernando Collor de Mello, entre 1990 y 1992.
Según Datafolha, en la encuesta hecha entre los días 25 y 27 de marzo, el 55 por ciento de la población considera la gestión de Lula es "óptima/buena" frente a tan sólo el 11 por ciento que la considera "mala/pésima". Es importante señalar que la encuesta se hizo en pleno escándalo de las tarjetas corporativas, con las cuales funcionarios cualificados (y algunos no tan cualificados) sacaban dinero o hacían compras supuestamente importantes y el gobierno (o mas precisamente, los contribuyentes) pagaba.
Como en las famosas telenovelas brasileñas, el escándalo sucedió por capítulos.
Capítulo 1: Salen informaciones sobre gastos no muy normales de altos funcionarios del gobierno Lula. Cae la ministra de la Igualdad Racial, Matilde Ribeiro. Respuesta desde las sombras del poder: un dossier en el cual se detallan gastos igualmente poco habituales del gobierno anterior (de Fernando Henrique Cardoso), en especial de la mujer del ex-presidente, la respetada antropóloga Ruth Cardoso.
Capítulo 2: La oposición acusa al gobierno de "chantaje". El diario "Folha de S. Paulo" informa que el dossier fue elaborado por la mano derecha de la ministra Dilma Rousseff, jefa de la Casa Civil da la Presidencia y sobre todo, candidata "in pectore" de Lula para su sucesión en 2010 (Lula no puede ser re-reelegirse).
Capítulo 3: La ministra reacciona diciendo que no hay dossier. Hay tan sólo un "banco de datos" sobre gastos del anterior gobierno. No convence a la oposición. Aquí es donde se cruzan los datos sobre el escándalo de turno, la popularidad de Lula, Dilma Rousseff y 2010.
Pese a su tremenda popularidad, Lula no tiene un candidato fuerte para sucederle. La encuesta de Datafolha, que da a Lula el 55 por ciento de "óptimo/bueno", sitúa en primer lugar al opositor José Serra (del PSDB, la social-democracia brasileña) para 2010, con una aceptación de entre el 36 y el 38 por ciento de intención de voto. Dilma queda muy por detrás, con el 3 por ciento. La mejor clasificada del partido del presidente (el PT, Partido de los Trabajadores) es Marta Suplicy, con el 11%, siempre lejos de Serra.
O sea, Lula tiene dos años y medio, poco más o menos, para transferir a un delfín su actual prestigio, producto de la estabilidad y el crecimiento de la economia y de los programas sociales que, aunque lanzados en gobiernos anteriores, fueron muy reforzados en su período presidencial.
Faltan dos años y medio para que se inicie la campaña presidencial, a mediados de 2010. Pero nadie debe dudar: Lula no tiene límites para la elección de su candidato/a. Ni lealtades a preservar. De esto último ya dio sobradas pruebas cuando dimitieron José Dirceu y Antonio Palocci, sus dos ministros más fuertes, en cuanto fueron pillados por los escándalos. Lula no permitió que las llamas del escándalo se le acercasen.
Ahora, o dentro de muy poco, lo hará otra vez. Si Dilma (o Marta, o quien sea) no da pruebas, por medio de encuestas, de que es una candidata viable, la reemplazará. Y no lo hará necesariamente por alguien del PT.
Lula ya se congració con casi todos los antiguos enemigos. Desde José Sarney, primer presidente de la democracia restablecida (1985), a Fernando Collor, otro ex-presidente, por el cual Lula tuvo, más que enemistad, verdadero odio por haber sacado a relucir durante la campaña, vilmente, a una hija de Lula al margen del matrimonio.
El único enemigo que queda es Fernando Henrique Cardoso, pese a que curiosamente Lula hizo campaña por Cardoso en 1978, cuando fue candidato a senador. Las razones de las divergencias parecen estar hoy más en el ámbito de la sicología que de la política. Asi que no vale la pena especular.
A pesar de todo Lula no descarta la posibilidad de algún tipo de acuerdo con dirigentes del PSDB de Cardoso. Prueba de ello es que dio el visto bueno para una alianza entre el PT y el PSDB para las elecciones municipales en Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, que disputa con Río de Janeiro el segundo puesto como Estado más importante de Brasil, después de São Paulo.
Otro detalle revelador: Aécio Neves, gobernador de Minas Gerais, es el otro "presidenciable" del PSDB, además de Serra. Hay quienes, en la prensa brasileña, especulan con la hipótesis de que Aécio sea el candidato de Lula en 2010, si deja el PSDB por el PMDB, partido de centro que apoya actualmente al gobierno de Lula y que forma parte de la coalición oficial.
¿Está 2010 demasiado lejos? Sí, claro. Pero hay que tomar en cuenta la siguiente anécdota. Cuando era secretario de Prensa de la Presidencia, en 2003, el periodista Ricardo Kotscho, amigo personal por muchos años de Lula, le preguntó qué le gustaría ser si no fuera presidente. "Candidato", fue la fulminante respuesta de Lula.
Entonces, ahí lo tienen: candidato a gran elector.
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