ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Eduardo Posada Carbó

Los retos pendientes

 
 

Infolatam
Barranquilla, 10 de marzo de 2008


(Especial para Infolatam)

"...El problema, sin embargo, es que la presencia y relaciones de las Farc en los países vecinos – como se ha hecho tan evidente en esta crisis - le confieren unas claras y serias dimensiones internacionales al conflicto colombiano... La declaración de Santo Domingo compromete a todos los gobiernos, incluídos por supuesto a los de Ecuador y Venezuela, a no interferir en los asuntos internos de otros Estados y a combatir las amenazas provenientes de organizaciones criminales contra la seguridad de todos los Estados".

“¿Crisis resuelta o pospuesta?”: Este fue el interrogante desplegado como titular a todo lo ancho de la primera página del periódico colombiano El Heraldo de Barranquilla, cuarenta y ocho horas después de la Cumbre de Río en Santo Domingo el viernes pasado que terminó con abrazos y saludos de mano entre los presidentes de Colombia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua.  Había sido una semana de extraordinarias tensiones, cuando tres países latinoamericanos rompieron relaciones con Colombia mientras los movimientos de tropas venezolanas y ecuatorianas en sus respectivas fronteras con Colombia alcanzaron a infundir temores de confrontaciones bélicas.  Los buenos éxitos de la Cumbre de Río sirvieron para restablecer la calma.  Pero el interrogante del diario barranquillero sirve para advertir el carácter aún inconcluso de esta crisis.

Una lectura de algunos de los puntos centrales de la declaración final de la cumbre del Grupo de Rio, frente a los hechos que desataron la crisis, quizá permita identificar el desafío pendiente. Tras observar su “preocupación” por los acontecimientos del 1 de marzo, cuando Colombia desplegó un operativo militar contra un grupo de las Farc en el Ecuador, el Grupo de Río rechazó la “violación a la integridad territorial de Ecuador” por parte de Colombia y reafirmó el principio de la inviolabilidad territorial. Y registró “con satisfacción” las “plenas disculpas” ofrecidas por el Presidente Uribe al Ecuador por la violación de su soberanía, así como el compromiso del gobierno colombiano de que aquellos hechos “no se repetirán en el futuro bajo ninguna circunstancia”. 

Además de reafirmar el principio de la soberanía territorial, el Grupo de Río también recordó el principio de “no injerencia en los asuntos internos de otros Estados”, al tiempo que reiteró el “firme compromiso de combatir las amenazas a la seguridad de todos sus Estados, provenientes de la acción de grupos irregulares o de organizaciones criminales, en particular de aquellas vinculadas a actividades del narcotráfico”.   Una Comisión de la OEA, encabezada por su Secretario General, comenzó a visitar los dos países este fin de semana pasado con el objetivo de proponer fórmulas de acercamiento entre Colombia y Ecuador.

En este tipo de declaraciones, importa tanto lo dicho expresamente, como lo sugerido entre líneas y hasta los silencios.  Si bien sólo Ecuador y Colombia aparecen mencionados con nombre propio en la declaración, algunos de sus puntos van también dirigidos a los gobiernos de Chávez en Venezuela y Ortega en Nicaragua, tanto por su injerencia indebida en este incidente diplomático que les era ajeno, como por su injerencia cada vez más abierta en los asuntos internos de Colombia.   De forma similar, el punto 8 de la declaración no menciona expresamente a las Farc, pero es claro que en el centro de esta crisis diplomática se encuentran las actitudes de los gobiernos de Ecuador, Venezuela y Nicaragua ante las Farc.

Desde una perspectiva colombiana, la preocupación final en todo este episodio no son los vecinos sino las Farc, una organización criminal que, con sus acciones violentas como el secuestro, han mantenido aterrorizada por décadas a la población.  Con la decisión acertada de no mover tropas a las fronteras, tras la movilización de tropas venezolanas y ecuatorianas, el Presidente Uribe quiso enviar un mensaje muy claro: el problema del Estado y la sociedad en Colombia es con las Farc – como con el Eln y las Auc -, no con sus vecinos.  En efecto, una vez conocido el feliz resultado de la cumbre del Grupo de Río, la opinión pública colombiana – que siguió con suma intensidad las transmisiones televisivas en vivo y directo de la reunión de Santo Domingo -, volvió a ocuparse nuevamente con prioridad de los sucesos relacionados con el conflicto interno, esta vez a propósito de la muerte de unos de los miembros del secretariado de las Farc por su mismo jefe de seguridad. 

Existe, por supuesto, aprehensión sobre el futuro de las relaciones con ambos países vecinos: el diario El Colombiano de Medellín sugirió en editorial de hoy (marzo 10) a las empresas nacionales que hagan esfuerzos por expandirse hacia otros mercados, diversificar, y evitar así cualquier dependencia comercial de Venezuela y Ecuador.   Pero el debate público parecería concentrarse más en el conflicto con las Farc, cuyo debilitamiento – evidente en los últimos golpes recibidos -, ha motivado entre algunos la esperanzadora idea de que, en palabras de Alfredo Rangel en El Tiempo, “estamos presenciando el comienzo del fin” de las Farc.

El problema, sin embargo, es que la presencia y relaciones de las Farc en los países vecinos – como se ha hecho tan evidente en esta crisis -, le confieren unas claras y serias dimensiones internacionales al conflicto colombiano.   Las revelaciones del computador de Reyes – el líder de las Farc muerto en la operación militar en territorio ecuatoriano -, que implicarían a los gobiernos de Correa y Chávez, exigen absolutas verificaciones y aclaraciones.  Ya sectores de la opinión pública de los Estados Unidos - como lo expresó el Washington Post -, han advertido sobre las posibles acciones que podría tomar la administración Bush contra el gobierno Venezuela, de comprobarse que Chávez les dio fondos a las Farc, según lo señalan los documentos encontrados en el computador de Reyes.  

La declaración de Santo Domingo compromete a todos los gobiernos, incluídos por supuesto a los de Ecuador y Venezuela, a no interferir en los asuntos internos de otros Estados y a combatir las amenazas provenientes de organizaciones criminales contra la seguridad de todos los Estados.  El Comercio de Quito, al tiempo de rechazar el accionar del gobierno colombiano en su territorio,  ha lamentado que el Ecuador no tenga una política estatal de seguridad y pide mejorar sus propios controles en la frontera.    Por su parte, el gobierno ecuatoriano, a través del Ministro Larrea, ha propuesto la presencia de “cascos azules” -  fuerzas de las Naciones Unidas -, en la frontera.

La “paradoja” de todo este incidente, expresó un editorial de El Tiempo, es que “una de las más graves crisis del sistema interamericano la haya producido el esfuerzo de una país por defender su sistema democrático y su derecho a la seguridad”.  Ya en otro editorial, el diario colombiano había observado el choque entre los dos principios que estaban en el centro de la crisis: “el de la inviolabilidad de la soberanía nacional y el del compromiso en la lucha contra el terrorismo”.   Los desafíos son enormes.  Tanto para Colombia, como para la región.  Hay que acudir a todos los mecanismos que ofrece el sistema interamericano, y las otras instituciones relevantes de la comunidad internacional, para encontrarles prontas soluciones a los graves problemas que esta crisis ha puesto al descubierto.

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