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EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Los niveles del triunfo

 

Infolatam
Quito, 28 de septiembre de 2008


"... es innegable que se trata de un triunfo de Correa y de su “Revolución Ciudadana”, ya que la nueva constitución no solamente expresa el cumplimiento de una de las principales ofertas de campaña, sino que le permitirá controlar –esta vez con instrumentos legales y no de hecho como hasta ahora- todos los poderes del Estado.

Durante un tiempo indeterminado, hasta que se elijan y posesionen las nuevas autoridades, incluido él mismo ya que de seguro irá a la reelección, podrá gobernar con un remedo de órgano legislativo (el “congresillo”) que saldrá de la fenecida Asamblea Constituyente.."

Rafael Correa no tendrá que preocuparse por darle altivez y solemnidad al texto de su renuncia. Con el resultado del referéndum de este domingo, en que fue aprobado su proyecto de nueva constitución con el 63% de los votos, la promesa de resignar su cargo queda solamente como la advertencia de algo que jamás iba a ocurrir. Tanto las encuestas –que circulan por medios informales debido a que está prohibida su publicación en los últimos días de la campaña-, así como el ambiente general del país se encargaron de anticipar el desenlace de una contienda sin contendores. Aunque no estaba legalmente obligado a hacerlo, Correa retomó en la última semana la idea de la renuncia, que fue interpretada como una amenaza derivada a su vez de cierta desconfianza en el resultado final.

En realidad, en ningún momento estuvo en duda el resultado favorable para el Presidente. La probabilidad de rechazo al proyecto constitucional era remota, por no decir nula, a pesar de que el voto favorable debía imponerse no solamente a los que se pronunciaran en contra, sino también a los nulos y los blancos. Sin mayor riesgo se podía asegurar que la aprobación del proyecto sería sólo una cuestión de trámite ya que al alto nivel de apoyo que ha logrado mantener Rafael Correa (de alrededor del 60%), se suman factores como la inexistencia de una oposición estructurada y con capacidad para formular propuestas alternativas, los excedentes de los altos precios del petróleo en el mercado internacional que han alimentado las políticas asistenciales y la intensa campaña desplegada tanto por el gobierno como por su partido. Sin embargo, la amenaza presidencial así como su frenética actividad a lo largo y ancho del país –violando expresa prohibiciones legales-, hablan de alguna preocupación del primer mandatario, pero también expresan la importancia de la figura presidencial en el destino de todo el proceso.

En una primera mirada, los resultados deben ser interpretados a la luz de los tres temas que estaban en juego en este referéndum. En primer lugar, es innegable que se trata de un triunfo de Correa y de su “Revolución Ciudadana”, ya que la nueva constitución no solamente expresa el cumplimiento de una de las principales ofertas de campaña, sino que le permitirá controlar –esta vez con instrumentos legales y no de hecho como hasta ahora- todos los poderes del Estado. Durante un tiempo indeterminado, hasta que se elijan y posesionen las nuevas autoridades, incluido él mismo ya que de seguro irá a la reelección, podrá gobernar con un remedo de órgano legislativo (el “congresillo”) que saldrá de la fenecida Asamblea Constituyente. Por medio de éste podrá elegir a la Corte de Justicia, a los miembros de los organismos electorales, a los integrantes del todopoderoso Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (un órgano que, sin ser representativo, asumirá la mayor parte de las facultades que en cualquier democracia contemporánea le corresponden al parlamento), al Contralor, al Defensor del Pueblo, al Fiscal General, al Procurador y a los superintendentes de compañías, de telecomunicaciones y de seguros.

En segundo lugar, es necesario tomar en cuenta lo ocurrido en la ciudad de Guayaquil, en la que se estableció un duelo particular con el alcalde Jaime Nebot. La débil y casi invisible oposición había convertido a esa ciudad en su bastión y prácticamente en el único lugar en que se hacía previsible la derrota del proyecto constitucional. Sin embargo, los resultados iniciales dan cuenta de una derrota que tiene más de triunfo para el gobierno, ya que aunque los votos positivos (con el 47%) perdieron ante la suma de negativos, nulos y blancos (que obtuvieron el 53%), de todas maneras se impusieron a los negativos (42%). Es un resultado que deja abierto un compás de espera, como lo manifestó el mismo alcalde pocos minutos después de haber conocido las cifras, pero que dan aliento a un gobierno que se guiará fundamentalmente por la distancia entre los votos aprobatorios y los negativos.

En tercer lugar, de manera implícita estaba en juego una disputa interna en el partido político gubernamental Alianza País. Para nadie es un secreto que dentro de éste existe un sector –aun no cuantificado, pero sin duda importante en términos numéricos y sobre todo ideológicos- que estaba a la espera de este día para plantear con claridad sus diferencias con Correa. Son las personas a las que él llamó infiltrados y que tienen como líder al ex presidente de la Asamblea Constituyente, Alberto Acosta. Allí confluyen militantes históricos de la izquierda, dirigentes de los movimientos sociales (especialmente de las organizaciones indígenas), que resienten su marginación y que acusan incluso de traición al Presidente.

Es probable que no pasen muchos días, ni siquiera horas, para asistir al surgimiento de una oposición de signo progresista, a la que el Presidente no podrá calificar como oligárquica (pelucona, en su lenguaje). La visita del Presidente Correa a Alberto Acosta, a las siete y media de la mañana de este domingo, después de más de tres meses de alejamiento y de frases agresivas, es una señal de la importancia que otorga a la unidad de su partido. Correa sabe que los problemas que se expresan en la reducción de su votación, en el resultado adverso de Guayaquil y los que se presentarán por la renuncia de los jueces del Corte de Justicia (que no puede ser solucionado legal ni constitucionalmente), requieren de un frente interno consolidado. Sin éste no podrá enfrentar a los otros, y solo pensarlo puede hacer menos dulce este triunfo.

 
 

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