
Infolatam
Madrid, 7 de julio 2008
(Especial para Infolatam).-
"...El epicentro de la economía mundial se está desplazando desde el Atlántico hacia el Pacífico. Las economías emergentes ya son responsables del 50% de la producción mundial y del 45% del comercio; poseen el 75% de las reservas de bancos centrales y consumen más de la mitad de la energía mundial"...
Como todos los años, el G8 se reúne para abordar los principales retos a los que se enfrenta la economía mundial. Este año la atención se centra en el aumento de la inflación (sobre todo del petróleo, las materias primas y los alimentos), la depreciación del dólar, el aumento de la ayuda oficial al desarrollo, la lucha contra el cambio climático y el posible cierre de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio. La cumbre tiene lugar en Japón y, como ya sucediera en años anteriores, se ha invitado a participar a algunos países emergentes. Asistirán los líderes del llamado G5: Brasil, México, China, India y Sudáfrica, lo que resulta más que razonable dado su creciente peso en la economía mundial (de hecho sin ellos tiene poco sentido buscar soluciones para los desequilibrios macroeconómicos globales, el cambio climático o la liberalización del comercio). Pero además, y para disgusto del G5, Indonesia, Corea del Sur o Australia también han sido invitados, lo que diluye la influencia de los emergentes, sobre todo de los latinoamericanos.
Por ello, los presidentes de Brasil y México aprovecharán la visita a Japón para completar sendas giras asiáticas. Lula mantendrá una entrevista bilateral con el presidente Chino durante la cumbre del G8 y además visitará Vietnam e Indonesia. Por su parte, Calderón realizará su primer viaje oficial a China. Aunque con matices que las diferencian, ambas visitas pueden verse bajo el mismo prisma: intensificar las relaciones económicas entre América Latina y Asia y consolidar las incipientes alianzas políticas que han empezado a trazarse en los últimos años; alianzas que ya se han plasmado en posiciones comunes en las instituciones de gobernanza económica global, como la OMC.
El epicentro de la economía mundial se está desplazando desde el Atlántico hacia el Pacífico. Las economías emergentes ya son responsables del 50% de la producción mundial y del 45% del comercio; poseen el 75% de las reservas de bancos centrales y consumen más de la mitad de la energía mundial. Además, como señala Javier Santiso, los fondos soberanos y las multinacionales de los países emergentes están reconfigurando lentamente el sustrato empresarial global mediante adquisiciones tanto cruzadas como en los países avanzados. Pero como las potencias emergentes continúan sintiéndose infra-representadas en las organizaciones internacionales con poder de decisión real (OMC, FMI, Banco Mundial y G8) y además consideran que las reformas de dichos organismos van demasiado lentas han optado por una estrategia silenciosa (y no siempre sencilla) de acercamiento entre ellas, que tiende a pasar desapercibida en Occidente.
Los viajes de Lula y Calderón constituyen una pieza más de esta estrategia. Varios serán los elementos de la agenda de cooperación económica. Por una parte, intensificar el comercio y las inversiones, lo que requiere estabilidad cambiaria y seguridad jurídica (recordemos que los aranceles para productos manufacturados entre estos países siguen siendo elevados). También buscarán la cooperación para las ingentes inversiones públicas en infraestructuras que todos ellos están realizando, lo que podría abrir la posibilidad de excluir a algunas empresas de los países avanzados que hasta ahora han venido ganando contratos. Finalmente, intentarán suavizar mediante el acuerdo político los múltiples conflictos económicos que existen entre ellos. Por ejemplo, mientras que México y China compiten directamente en manufacturas textiles en terceros mercados, México está intentando reducir el grado de dependencia comercial con Estados Unidos, para lo cual el mercado chino ofrece excelentes oportunidades.
En definitiva, mientras la alta diplomacia económica tendrá lugar en la cumbre del G8 en Japón otra clase de diplomacia económica, menos grandilocuente y más pragmática, avanzará en paralelo. Los países ricos harían bien en no perderla de vista.
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