ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Horst Grebe

Los dos años de Evo Morales
en Bolivia

 
 

Infolatam
La Paz, 7 de febrero 2008


Horst Grebe, economista boliviano, ex Ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral; de Minería y Metalurgia, y de Desarrollo Económico en Bolivia. Director Ejecutivo de la Fundación Milenio. Profesor universitario, ha sido consultor de CEPAL, SELA, PNUD, BID, CAF y OMS y actualmente Presidente del Instituto PRISMA se incorpora hoy al equipo de analistas de Infolatam formado por más de cincuenta de las mejores firmas de América Latina. 

(Especial para Infolatam)"... La contienda sobre el carácter unitario, autonómico o federal del Estado futuro en Bolivia será larga y ya está previsto que este año se lleven a cabo varias consultas populares y referendos, cuyas campañas proselitistas ya se han iniciado. Un tal panorama presenta escenarios complejos para la seguridad de las inversiones nacionales y extranjeras en el país".

Una apreciación equilibrada de los dos años pasados debe considerar que Bolivia apenas está dando los primeros pasos de un largo recorrido de transformaciones estructurales en sus sistemas políticos, económicos y de incorporación de nuevos grupos sociales en la escena pública y el ejercicio del poder. Quizás el logro más importante radique hasta ahora en que, a pesar de todos los evidentes episodios de riesgo, no han ocurrido quebrantos irreparables en el marco de la institucionalidad democrática. Ello no obstante, la situación imperante y las perspectivas futuras son todavía complejas y contienen múltiples incertidumbres, que no admiten interpretaciones simplistas.

Es preciso admitir que son pocos los que se oponen a la necesidad de un cambio profundo en las bases institucionales del país, aunque están ciertamente a debate las orientaciones primordiales y los procedimientos que deben respetarse en el proceso de reacomodo nacional ante las nuevas circunstancias internas y externas. Por eso precisamente, no se perciben fuerza alguna que postule en serio un regreso de las condiciones previas a diciembre de 2005. El viejo orden político centralista, cada vez más incapaz de expresar a la diversidad de un país abigarrado en términos sociales y económicos, ha quedado por consiguiente definitivamente superado. Además, al igual que en el resto de América Latina, son pocos los que abogan por una conducción neoliberal de la economía.

Dicho esto, tampoco cabe duda de que la conducción del proceso de cambio deja mucho que desear. Así, por ejemplo, en el extenso informe de los primeros dos años de su gestión, el Presidente Morales hizo referencia a sus principales realizaciones consistentes en el aumento de la tributación de las empresas petroleras y el reparto consiguiente de dinero en efectivo a los estratos de menores ingresos, pero omitió los problemas que ha generado su estilo de conducción del proceso respecto de la vigencia del Estado de Derecho, la vigencia de las instituciones republicanas de independencia entre los poderes del Estado y la gobernabilidad democrática en general.

Por otra parte, para evitar los riegos de una confrontación violenta que se pensaba inminente, el Presidente aceptó por primera vez concurrir a un diálogo con los nueve prefectos departamentales, el cual no ha logrado hasta este momento aproximar las posiciones sobre el reparto del excedente fiscal derivado de la tributación a las empresas petroleras, entre el gobierno central, los departamentos, los municipios y las universidades públicas.
Al mismo tiempo que el panorama político se muestra todavía incierto, la economía pone de manifiesto una situación paradójica donde se combinan indicadores macroeconómicos inéditos porque existe un ostensible superávit fiscal y un nivel de reservas internacionales casi cuatro veces superior al pasado, junto a señales preocupantes en la esfera de la economía real, que no registra un crecimiento cercano al de los países vecinos y muestra al mismo tiempo los primeros síntomas de una inflación que será difícil de controlar en el futuro.

Si la disputa por el excedente fiscal es el tema crítico de las relaciones del Presidente Morales con los prefectos, en el campo político está planteado el futuro de las reformas constitucionales. La Asamblea Constituyente no ha logrado generar, en efecto, un texto de consenso y se ha producido un hecho insólito en que la propuesta del partido oficial se contrapone ahora a un planteamiento de estatutos autonómicos que reclama ser considerado en sus propios términos de legitimidad, a pesar de su dudosa legalidad. En consecuencia, la contienda sobre el carácter unitario, autonómico o federal del Estado futuro en Bolivia será larga y ya está previsto que este año se lleven a cabo varias consultas populares y referendos, cuyas campañas proselitistas ya se han iniciado.

Un tal panorama presenta escenarios complejos para la seguridad de las inversiones nacionales y extranjeras en el país. Las antiguas inversiones extranjeras están sometidas a una negociación que cambia caso por caso, y que podría cambiar sustantivamente si acaso se aprobara la propuesta de nueva Constitución Política del partido oficialista, una de cuyas cláusulas señala que todos los contratos tienen que volver a negociarse.
Es poco conducente interpretar la situación de Bolivia desde una perspectiva doctrinal.

El conjunto de parámetros de referencia del país está sometido a una transformación en cuanto a las características de los titulares del poder efectivo de decisión política, así como en cuanto a éstos buscan poner de manifiesto su compromiso con reivindicaciones antiguas de una sociedad que no cuenta con muchos momentos de satisfacción simbólica, por los largos siglos de exclusión a que fue sometida. Por eso mismo, tampoco se puede exigir logros estables y definitivos a un proceso de cambios que apenas está dando sus primeros pasos. La prueba a que están sometidos es enorme, y tienen el desafío de no fracasar como nuevos titulares del poder, pero las circunstancias internas y externas podrían colocarles ante circunstancias para las cuales no cuentan con las condiciones para hacerles frente. El 2008 será pues un año excepcional en la historia moderna de Bolivia.

 

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