ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Bruno Ayllon

Las omisiones de Lula ante el desafío bolivariano

 
 

Infolatam
Madrid, 25 de marzo 2007


(Especial para Infolatam)

"... el encuentro de Recife puede, previsiblemente, certificar la renuncia de Lula a ejercer el liderazgo en América del Sur, y en concreto, en el apaciguamiento del conflicto colombiano...  Un liderazgo que, si alguna vez existió o fue proclamado, se desmorona por las reiteradas omisiones de Lula, por las contradicciones entre dos líneas de política exterior - una más ideológica y otra más pragmática - y por la contestación creciente que sufre por los países sudamericanos".

Al turista que llegue a las Playas de Recife, capital del estado de Pernambuco, en el nordeste brasileño, le llamará la atención las decenas de carteles que anuncian la presencia de tiburones nada más pasar la línea de arrecifes que dominan la costa de la ciudad. Esta característica de la urbe escogida para el encuentro entre Lula y Chávez es una buena metáfora de lo que el presidente brasileño podría encontrarse si decidiera dejar a un lado las omisiones que han caracterizado su relación con el caudillo bolivariano.

En efecto, si Lula decidiera traspasar el "arrecife" de una prudencia mal entendida, recuperaría el protagonismo, la iniciativa y el liderazgo que Chávez le ha arrebatado en América del Sur. Diciéndole y demostrando que se opondrá a la exportación de la "revolución bolivariana", Lula acreditaría su capacidad de encauzar por una vía moderada la convulsa situación de la región, disminuyendo la inestabilidad y la conflictividad que tienen su origen principalmente en la acción desestabilizadora y en la injerencia en los asuntos internos de otros países del presidente venezolano (que, por cierto, como en Bolivia, ocasionaron daños a los intereses brasileños), y ante la cuál la actitud de Brasil ha sido, al menos, condescendiente y contemporizadora.

¡Tranquilo lector¡. Nada de esto sucederá en Recife pues el pragmatismo de la diplomacia brasileña se impondrá, y a la historia de omisiones de Lula y de actitudes dubitativas de la política exterior brasileña en América del Sur se añadirá un episodio más.

No entraré aquí en los motivos de esta actitud, aunque es posible vislumbrar la simpatía de amplios sectores del Partido de los Trabajadores (PT) por la revolución bolivariana y por las FARC; la influencia creciente del asesor presidencial en asuntos internacionales, Marco Aurelio García, desplazando la visión "técnica" del Itamaraty (ministerio de Exteriores); La reorientación hacia el Sur de la política exterior de Brasil y la retórica de la resucitada visión brasileña de país-potencia, que ahora no es dirigida por militares sino por diplomáticos nacionalistas fuertemente ideologizados, y que sirve a los fines de justificación doméstica (¡por fin en algo podemos ser de "izquierdas"!); la propia confusión conceptual de Lula sobre la democracia que le induce a negar que en Venezuela ha habido una significativa erosión del régimen democrático, no entendido como un ejercicio plebiscitario sino como un conjunto de reglas, instituciones, equilibrios y garantías que Chávez ha socavado sistemáticamente.

El motivo oficial de la visita, como reza el menú diplomático preparado para la ocasión, es el abordaje de las formas de cooperación energética en la región y la necesaria cooperación agrícola que Venezuela requiere de Brasil para superar la crisis de abastecimiento de alimentos que sacude el país, y a la que ha contribuido con sus medidas confiscatorias y nacionalizadoras Hugo Chávez. En otras palabras, Chávez necesita encontrar mercados que le abastezcan sustituyendo a las importaciones colombianas. Argentina y Brasil parecen las opciones escogidas, lo que puede llevar a que en pocos años Venezuela esté entre los cinco primeros destinos de las exportaciones brasileñas. Debe añadirse aún, la existencia de proyectos energéticos compartidos, en la franja del Orinoco (con una participación de Petrobrás del 10%) y en la refinería de Pernambuco (con una participación de PVDSA del 40%)

Hasta aquí la versión oficial de la cumbre Lula / Chávez. Pero a ningún lector u observador, no necesariamente muy avezado, se le escapará que los temas políticos que de verdad importan son otros, sobre todo el ingreso de Venezuela en el MERCOSUR y la crisis abierta entre Colombia, Ecuador y Venezuela. Respecto al primero, la ratificación de la adhesión de Venezuela está pendiente de la aprobación en el Senado brasileño, al que se presiona desde el ejecutivo mostrando las ventajas de esa medida y minimizando el incidente de Chávez con la Cámara alta, cuando acusó a los senadores de ser "los loros del Imperio". El sector empresarial brasileño se opone al ingreso de Venezuela, alegando dificultades técnicas y la precipitación y consecuencias del mismo por hacer inviable la negociación de un acuerdo con la UE.

Con todo, las consecuencias del ingreso de Venezuela son políticas, constituyendo en mi opinión una auténtica "bomba de relojería" que terminará estallando en el MERCOSUR, haciéndolo inviable o irrelevante, politizando el proceso de integración, diluyendo el núcleo histórico que es el motor del bloque (la alianza entre Argentina y Brasil), multiplicando los conflictos en su seno y hacia fuera (¿Alguien se imagina a Venezuela en la presidencia pro-tempore del MERCOSUR negociando con Israel la profundización del acuerdo marco de libre comercio firmado recientemente con el bloque sudamericano?), aportando poco en materia comercial, aunque contribuya teóricamente a un reequilibrio interno entre los socios abrumados hoy por el peso de Brasil, y finalmente, desplazando la agenda de profundización y consolidación interna del MERCOSUR después de años de crisis y parálisis. (Sobre el impacto de la entrada de Venezuela en MERCOSUR puede leerse el informe de la Fundación Konrad Adenauer disponible en:
http://chairemercosur.sciences-po.fr/fichiers/Publications/commerce/articles/2007/eual_24_espanol.pdf )

La actitud de Brasil en el conflicto ecuato-colombiano muestra las contradicciones de la política exterior de Lula en América del Sur, con una esquizofrénica dirección bicefálica que el presidente decidió instalar (con un reconocido diplomático como ministro de Exteriores, Celso Amorim, y con un asesor presidencial en política exterior, Marco Aurelio García, ejerciendo de comisario político en asuntos internacionales). Precisamente García, visitó a Chávez el 18 de marzo, para conversar sobre la solución de la crisis y negociar los puntos de la agenda del encuentro con Lula en Recife.

García y Amorim no se ponen de acuerdo sobre la naturaleza del conflicto. Mientras Amorim declara en una entrevista que "lo que sucedió recientemente sirvió para demostrar que las FARC son, bajo ciertos aspectos, una cuestión no apenas colombiana sino regional" (O Estado de São Paulo, 18/03/2008), García afirma que el conflicto armado es "problema de Colombia", negando que la crisis diplomática que desencadenó la eliminación de Raúl Reyes sea consecuencia de la porosidad de las fronteras de Ecuador y Venezuela - en menor medida de Brasil - con Colombia, y si de la existencia de un conflicto armado interno (Folha de São Paulo, 19/03/2008).

Si bien es cierto que la diplomacia brasileña fue muy competente y rápida, actuando de forma conjunta con varios países y proponiendo la formación de la comisión en la OEA (en la que el ex embajador de Brasil en España y hoy representante brasileño en la OEA, Osmar Chohfi, tuvo un papel destacadísimo), lo cierto es que patinó en la declaración del Ministro Amorim al exigir retractarse a Colombia sin pedir que Ecuador asumiese su parcela de culpa en la violación de sus fronteras por las FARC. Para colmo de males, la ausencia de Lula en la cumbre de Santo Domingo de la OEA, donde se escenificó la reconciliación a tres bandas, transmitió de nuevo la imagen de que el presidente brasileño se omite en su liderazgo, perdiendo una magnífica oportunidad de afirmar el papel de su país en América del Sur. No ha faltado quién maliciosamente haya alegado que la diplomacia brasileña barajara la posibilidad de que, en Santo Domingo, las revelaciones de los ordenadores encontrados con Reyes, prendieran la mecha de un estallido en la Cumbre, recomendando a Lula no asistir para evitar tomar partido.

Alguien debería explicarle a Lula que cuanto más cerca de Venezuela se sitúa Brasil, y cuanto más Brasil tiende a apoyar a Ecuador sin exigir al mismo tiempo que Quito reconozca su culpabilidad en no vigilar sus fronteras, más próxima de los Estados Unidos se situará Colombia y más cerca estará una intervención de Washington en el conflicto colombiano. Paradójicamente, el principal temor que ha guiado desde tiempos de Cardoso la actitud brasileña - el miedo a la extensión del conflicto colombiano a territorio brasileño - puede convertirse por la reiterada omisión de Brasil en ejercer su liderazgo en el conflicto o por la resistencia a calificar a las FARC como una organización terrorista (lo que nunca ha hecho), o aún por no asumir un papel de colaborador en el combate al narcotráfico y la guerrilla colombiana, en uno de los principales motivos para que - viéndose acosado por la pinza Correa-Chávez -, y ante la actitud de Lula de silbar y mirar al cielo, Uribe tenga que apoyarse en a Washington.

Como medida paliativa, se anuncia que Lula y Chávez darán a conocer los términos de un Consejo Suramericano de Defensa, que ha sido precedido por una visita del ministro de Defensa, Nelson Jobim, a Washington para explicar a Condoleezza Rice esta iniciativa. Eso si, dejando claro que la mejor ayuda de los Estados Unidos al proyecto es "mantenerse a distancia".

En definitiva, el encuentro de Recife puede, previsiblemente, certificar la renuncia de Lula a ejercer el liderazgo en América del Sur, y en concreto, en el apaciguamiento del conflicto colombiano. De alguna forma esta renuncia ya es explícita a juzgar por las declaraciones de Amorim: "el presidente Lula no está tomando un liderazgo, él ejerció el papel que normalmente ha ejercido como líder de un gran país que es Brasil (...)"
http://www.mercosurnoticias.com 06/03/2008)

Un liderazgo que, si alguna vez existió o fue proclamado, se desmorona por las reiteradas omisiones de Lula, por las contradicciones entre dos líneas de política exterior - una más ideológica y otra más pragmática - y por la contestación creciente que sufre por los países sudamericanos. El resultado de las elecciones en Paraguay, el 20 de abril, puede añadir un capítulo más a esta contestación - que curiosamente es más fuerte entre los teóricos "amigos" de Lula y de Marco Aurelio -, al haber anunciado los candidatos Fernando Lugo y Blanca Ovelar la revisión de los términos del acuerdo de Itaipú, con el consiguiente aumento de precios en el suministro eléctrico en Brasil. Lugo promete además una reforma agraria que expulsará a los "brasiguayos", los brasileños "latifundistas" en la frontera paraguaya como consecuencia de las anunciadas medidas de reforma agraria. Un panorama nada propicio para liderazgos vistos en Asunción, y en otras capitales, como formas de un nuevo imperialismo brasileño.

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