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EL ANÁLISIS

La verdadera prueba está aún por venir

 


Washington, 19 de julio de 2009


"...En sus primeros seis meses, Obama ha logrado delinear un cambio de rumbo en la política exterior de Estados Unidos, ha dado algunos pasos por ese nuevo camino, y ha reconquistado parte del prestigio y de la credibilidad que se perdieron durante los ocho años anteriores. No es un mal principio. Sin embargo, la prueba crucial todavía está por venir: resta saber si sus políticas contribuyen de hecho a un progreso real y sustancial para la solución de los problemas hemisféricos y globales."

Durante sus primeros seis meses de gobierno, el presidente Obama -quien llegó a la Casa Blanca con escasa experiencia internacional- ha tenido éxito en la encomiable tarea de clarificar la dirección hacia la que pretende encauzar la política exterior de los Estados Unidos y de establecer el marco de trabajo que sirva como directriz de su manejo de los asuntos internacionales.

Obama ha dejado en claro que quiere una toma de decisiones más abierta y menos unilateral, lo que implica la consulta permanente con otros gobiernos. En vez de asumir y afirmar el liderazgo norteamericano, Obama aspira a alinear las políticas y acciones norteamericanas con las de otros países, y hacer uso de las instituciones multilaterales del mundo. También hace énfasis en el diálogo y en el debate con los enemigos de Estados Unidos, e intenta no recurrir a las sanciones punitivas.

Obama es un hombre de principios, pero su modo de encarar la agenda internacional también se guía por un pragmatismo enfocado a la solución de problemas concretos, y no a la formulación de nuevas teorías del orden mundial. Este pragmatismo incluye una atención cuidadosa a los efectos domésticos que pueden tener las decisiones tomadas en política exterior- y un cuidado extremo en el caso de la oposición y el riesgo. Y aún más, su administración ha demostrado un alto grado de autoconfianza y seguridad en sus pasos en la definición y consecución de sus objetivos internacionales.
 
Sin embargo, los avances son todavía muy modestos. Obama ha introducido solamente cambios menores en la mayor parte de las políticas de la adminstración Bush. Hay tres obstáculos importantes en su agenda global.

Primero, los recursos de EE.UU. se han estrechado considerablemente. El país enfrenta hoy su peor crisis económica desde la década de 1930, su deuda y su déficit alcanzan niveles récord, y el país está peleando dos guerras. Aunque Estados Unidos es todavía el líder financiero mundial, su capacidad de ocuparse de los problemas globales - protección medioambiental, cambio climático, pobreza y justicia social, terrorismo y violencia criminal, por ejemplo- está económicamente restringida como nunca antes desde la Segunda Guerra Mundial.

En segundo lugar, la política interna seguirá dictando y restringiendo la respuesta de Washington a los desafíos internacionales, en la misma forma que lo ha hecho con administraciones anteriores. El cierre de la prisión de Guantánamo, aunque fue celebrado por la comunidad internacional, puede demorarse por la oposición en Estados Unidos al traslado de los detenidos al país. La directriz política hacia una comprensible reforma de la inmigración no ha cambiado desde que Obama llegó al poder. La oposición de sindicatos y de grupos medioambientales continua frustrando la adopción de políticas comerciales razonables. El fuerte respaldo del Congreso a Israel puede debilitar los esfuerzos de la Casa Blanca para mostrar una postura más neutral en el conflicto palestino-israelí. Aunque no siga exisitiendo un "Veto de Miami" a los cambios en la política de EE.UU. hacia Cuba, la comunidad cubano-americana continuará teniendo una fuerte influencia en esta materia.

En tercer lugar, muchos de los problemas internacionales más acuciantes pueden ser irresolubles. Algunos de ellos han permanecido sin solución durante décadas. Obama prometió una nueva etapa en las relaciones con Medio Oriente, lo que no implica que conduzca a una solución efectiva de la resistencia palestino-israelí o de otros problemas de la región. Estados Unidos puede tener una estrategia más inteligente con Afganistán, pero nadie espera un éxito a corto plazo. Obama ha insistido en un diálogo con los líderes iraníes, pero el país sigue avanzando paso a paso hacia la capacidad de construir armas nucleares. Llevará años cambiar las relaciones con China y Rusia. Obama ha levantado altas expectativas en Africa, pero se necesita una cantidad enorme de recursos para hacer algún cambio en ese continente.

En América latina, donde Obama goza de gran popularidad, Estados Unidos ha demostrado su voluntad de alinear sus políticas con la de los países de la región. Recientemente, dio un giro a su política histórica hacia Cuba y se sumó al consenso existente en toda la región tendiente a abrir la puerta para el regreso de la isla al seno de la OEA. Washington también comparte el consenso regional sobre la actual crisis en Honduras. También ha demostrado su disposición para dialogar más con Venezuela y otros adversarios de la región. Pero la mayoría de los países de América latina siguen siendo ambiguos respecto del rol que Estados Unidos debería desempeñar en los asuntos hemisféricos - y muchos preferirían un influencia y perfil disminuidos.

En sus primeros seis meses, Obama ha logrado delinear un cambio de rumbo en la política exterior de Estados Unidos, ha dado algunos pasos por ese nuevo camino, y ha reconquistado parte del prestigio y de la credibilidad que se perdieron durante los ocho años anteriores. No es un mal principio. Sin embargo, la prueba crucial todavía está por venir: resta saber si sus políticas contribuyen de hecho a un progreso real y sustancial para la solución de los problemas hemisféricos y globales.

 
 

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