Infolatam
Salamanca, 15 de enero 2008
(Especial para Infolatam)
"... El resurgir socialcristiano de Guayaquil, los confusos enfrentamientos en Dayuma, la tensa relación con la Asamblea y la reacción frente a la Reforma Tributaria muestran que una cosa es atentar contra la partidocracia y otra muy distinta gobernar. Que el país quiere cambios es una evidencia y que no todo está permitido también".
A un año de la Revolución Ciudadana, la valoración de la imagen del presidente Rafael Correa ha disminuido poco menos de 15 puntos, según diversas encuestadoras (Informe Confidencial, Quántum). En un país acostumbrado a que sus presidentes no duren ni dos años, la evaluación de Correa muestra la luna de miel entre el gobierno y los ciudadanos; que el gobierno es la institución en la que más confían y que Alianza PAIS sigue siendo la protagonista indiscutida de este nuevo capítulo de la historia política de Ecuador, sin dejar espacio para la articulación de una oposición política.
Correa ha sabido interpretar el hartazgo respecto al modo en que los partidos y otros actores sociales han hecho política, lo que ha puesto en evidencia la crisis de representación del sistema de partidos y la incapacidad de la clase política tradicional para presentar una alternativa real a los ciudadanos. Además, durante este primer año el gobierno ha conseguido algo que no es común en Ecuador: hacer realidad las promesas de campaña -Consulta Popular, Asamblea Constituyente, cierre del Congreso, incremento del bono de Desarrollo Humano, bono de la vivienda, creación de nuevas provincias- y mantener más o menos intacta la heterogénea base social que le ayudó a llegar al poder. Por tanto, el encantamiento continúa.
En ese escenario ha resaltado el estilo confrontacional del Presidente así como también su capacidad para hacer que un gobierno originalmente minoritario (sin un diputado en el Congreso) se convierta en uno de los más fuertes de las últimas dos décadas. Los ciudadanos no rechazan esa manera de enfrentarse con los opositores, que son -según ellos- un símbolo de la partidocracia y no de la democracia, y lo han legitimado una y otra vez para violentar la libertad de expresión, el pluralismo y las elecciones que los propios ciudadanos han hecho en otros niveles institucionales (no hay que olvidar que a los diputados o alcaldes de la oposición también los eligió la gente).
Los desafíos para este año no son pocos. Primero, la elaboración de un texto constitucional que reconstituya el Estado de Derecho, que suponga un pacto de convivencia entre todos los actores sociales, bajo el principio republicano del equilibrio de poderes. Segundo, una estructura partidista que institucionalice al liderazgo correísta, que haga de ese movimiento algo más que "un grupo de amigos" y que auyente la tentación populista. Tercero, una oposición fuerte y constructiva, que con su presencia de cuentas del juego democrático. Puede que Jaime Nebot, Alcalde de Guayaquil, haya sido elegido como ese nuevo referente. La confrontación por la reforma tributaria el pasado diciembre le ha puesto en la primera línea de la contienda, haciendo de él nuevamente y por el momento un líder nacional. Correa necesita un "nuevo enemigo" contra quien luchar y puede que Nebot haya sido el elegido. La cuestión está en el hecho de si Nebot podrá articular una oposición multisectorial -más allá de Guayaquil- que plantee una opción real a los ciudadanos que pueda confrontar al proyecto de la Revolución Ciudadana.
Por el momento, el Presidente continúa creyendo que su poder es ilimitado. Que eso de los frenos y contrapesos no es algo diseñado para él. Esa mirada un tanto soberbia de la realidad se ha puesto de manifiesto en algunos erráticos sucesos del pasado diciembre. El resurgir socialcristiano de Guayaquil, los confusos enfrentamientos en Dayuma, la tensa relación con la Asamblea y la reacción frente a la Reforma Tributaria muestran que una cosa es atentar contra la partidocracia y otra muy distinta gobernar. Que el país quiere cambios es una evidencia y que no todo está permitido también. Quizás el descenso en las encuestas de las últimas semanas esté alertando sobre eso. Llegó el momento de que la Revolución Ciudadana consiga esos cambios en clave democrática.
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