ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Roberto Méndez

La paradoja de Bachelet

 
 

Infolatam
Santiago, 14 de agosto 2007


(Especial para Infolatam) .- El Gobierno ha fracasado en proponer una agenda, un proyecto, un discurso coherente respecto a dónde se encamina. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, los casos de corrupción en organismos del Estado aparecen cada semana, ahondando aún más las distancias con la ciudadanía.



Durante el presente año, los indicadores económicos de Chile han marchado bien; más que eso, podríamos decir que muy bien: La actividad económica crece a niveles récord, ha caído el desempleo al nivel más bajo en muchos años, suben los salarios, las ventas del comercio se disparan, al igual que las ventas inmobiliarias y de bienes durables. Es el escenario más favorable a que un gobierno pudiera aspirar. Si no supiéramos nada más, apostaríamos a que el optimismo de los chilenos se acerca a niveles de exuberancia y que la popularidad de la presidenta Bachelet se encumbra por los cielos.

Pero la realidad es muy diferente y, como dijimos antes, paradojal: El "sentimiento económico" de los chilenos se viene deteriorando mes a mes, alcanzando en julio su nivel más bajo de los últimos cuatro años, al tiempo que la aprobación a la gestión de la presidenta se desploma a los mínimos de sus 17 meses en el gobierno; por primera vez son más los chilenos que desaprueban su gestión (42%) que los que la aprueban (41%).

¿Cómo se explica este desencuentro entre una economía que va tan bien con un ánimo que se derrumba? ¿Es que los chilenos han sido afectados por alguna misteriosa enfermedad psicológica? La respuesta no es sencilla. De hecho, ni siquiera existen antecedentes comparables. En más de 25 años de historia del Índice de Percepción Económica, que Adimark mide desde 1981, nunca se había registrado este tipo de perversa bifurcación.

La respuesta, probablemente, se encuentra en una serie de episodios negativos que han afectado al gobierno de la Dra. Bachelet y a su coalición política. El más notorio es el estrepitoso fracaso del Transantiago, un nuevo y ambicioso proyecto de modernización del sistema de transporte público de la ciudad de Santiago, inaugurado con fanfarria en Febrero pasado y que, inesperadamente, causó el caos urbano más formidable del que se tenga recuerdo. El bochornoso episodio encendió las iras de los ciudadanos, generó una crisis política de proporciones, y culminó con la petición de renuncia al Ministro responsable. Hasta hoy, el transporte público de Santiago no se recupera a los modestos niveles previos a la "modernización".

Pero no es sólo el Transantiago. La hasta ahora exitosa coalición de gobierno, el pacto de centro izquierda llamado "Concertación", actual respaldo del gobierno de Bachelet y que ha gobernado ininterrumpidamente por casi 20 años, está dando inequívocas muestras de agotamiento. Los conflictos se dan en todos los frentes, lo que ha contribuido a proyectar una sensación de desorden y aún de desgobierno: La presidenta ha visto naufragar varios proyectos de ley, rechazados por los parlamentarios "díscolos" de su propia coalición. Sus Ministros, protagonizan incomprensibles disputas públicas entre ellos mismos, mientras los partidos que la "apoyan", aparecen internamente divididos en facciones irreconciliables. Por primera vez desde la vuelta a la democracia en 1990, este sector político carece de un líder capaz de proyectarlo hacia el futuro. El gobierno ha fracasado en proponer una agenda, un proyecto, un discurso coherente respecto a dónde se encamina. Y por si todo lo anterior no fuera suficiente, los casos de corrupción en organismos del Estado aparecen cada semana, ahondando aún más las distancias con la ciudadanía.

El resultado de todo esto es la desmotivación y el desánimo generalizados, a lo que se suma incertidumbre respecto al futuro. Las positivas expectativas que generó la elección de Bachelet, la primera mujer en la historia de Chile elegida al cargo de Presidente de la República, han sido reemplazadas por el desencanto. Las encuestas nos dicen que la población aún siente afecto y cariño por la mandataria, pero que duda de su capacidad de gestión y de su liderazgo.

El tema de la adhesión personal que despierta Bachelet no es menor. En este cariño y afecto ciudadanos ella aún conserva parte del capital político que la llevó al poder. Aquí radica también la única solución posible para resolver la irrecusable disyuntiva: Recuperar el entusiasmo y la confianza de los chilenos por un proyecto de desarrollo hasta ahora exitoso, o ver hundirse su gobierno en el desánimo y el desorden.

 

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