América Latina
  República de Argentina
  República de Bolivia
  República Federal de Brasil
  República de Chile
  República de Colombia
  República de Costa Rica
  República de Cuba
  Ecuador
  República de El Salvador
  Reino de España
  Estados Unidos de América
  República de Guatemala
  República de Honduras
  Estados Unidos Mexicanos
  República de Nicaragua
  República de Panamá
  República del Paraguay
  República de Perú
  República Dominicana
  República Oriental de Uruguay
  República Bolivariana de Venezuela
EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

La ilusión boliviana en el Che

 

Infolatam
La Paz, 22 de octubre 2007


(Especial para Infolatam) .- ".. En Bolivia... no se ve la política como un asunto de valores, incluso inconciliables, que vuelven imprescindible la negociación y por tanto las instituciones adecuadas a ella, sino como una ciencia cargada de mecanicismos y leyes inexorables, incontrovertible. Una ciencia concebida para eliminar el dolor humano mediante la administración de una receta simplista, como por ejemplo la abolición de la propiedad privada".

En Bolivia, la ciega admiración que despierta la revolución cubana, sus líderes y mártires (en particular Ernesto Guevara) trasciende a los castristas, e incluso a la izquierda en su conjunto. Es un fenómeno muy amplio y que se ha mantenido con altibajos pero siempre con fuerza desde que, en los años setenta, grupos de universitarios y obreros comenzaron a reivindicar el sacrificio del Che y adoptaron muchos de sus valores. Esta tendencia, que se explica por las peculiaridades de la cultura política boliviana, registra hoy uno de sus picos, con el enorme retrato del Che, confeccionado con hojas de coca, colgando en la oficina del Presidente de la República.

¿Qué tiene la cultura política boliviana que la lleva a elogiar, envidiar y convalidar (lo que se piensa que es) el "modelo cubano"? ¿Qué ha llevado a la población a transformar la aventura de Guevara en Bolivia, una agresión casi colonialista en contra de sus instituciones, en una gesta comparable con las luchas por la Independencia? En nuestra opinión, una extrema impaciencia por impartir justicia, pasando por encima de cualquier otra consideración, tanto ética como pragmática. Justicia, o una idea de ella, por encima de las realidades económicas, de la historia del país, de las leyes en vigencia, de la correlación de fuerzas políticas, incluso por encima de la opinión de quienes supuestamente serían sus beneficiarios. ¿No fue justamente esto el foco guerrillero? El supremo voluntarismo. La más extrema supresión de las mediaciones institucionales. Y, en perspectiva, la eliminación de la política como intercambio y conflicto entre diferentes, y su reemplazo por un sistema de mecanismos puramente técnicos, que, en un marco de unanimidad social, provea igualitariamente ingresos, servicios y oportunidades a los ciudadanos. Y la realización, entonces, del viejo ideal de Saint-Simon: "La sustitución del gobierno de personas por la administración de cosas".

Saint-Simon no aparece aquí traído de los cabellos. En realidad, debemos este conjunto de creencias, que están en el núcleo de los que podríamos llamar la "mentalidad boliviana", al ala jacobina de la Ilustración, tan segura de la razón (de su razón) que no admitía dilaciones ni cuestionamientos. Desde tal posición no se ve la política como un asunto de valores, incluso inconciliables, que vuelven imprescindible la negociación y por tanto las instituciones adecuadas a ella, sino como una ciencia cargada de mecanicismos y leyes inexorables, incontrovertible. Una ciencia concebida para eliminar el dolor humano mediante la administración de una receta simplista, como por ejemplo la abolición de la propiedad privada.

Por supuesto, se requiere ser escéptico respecto a estas opiniones para llegar al concepto representativo e institucional de la democracia.
Pero ahí están. Son ellas las que, luego de encarnarse tangencialmente en el marxismo, en especial en sus versiones más radicales, como la guevarista, ahora perviven en las florecientes teorías del "poder constituyente", la "democracia participativa" y el "socialismo del siglo XXI". Esa es la tradición ideológica en la que abrevamos los bolivianos, y la que nos lleva a admirar el "modelo cubano", concebido como la realización de dicha tradición en la Tierra.

Porque supuestamente luchan de esta forma -de una forma que, digámoslo de una vez, es autoritaria, pero efectista-, Fidel Castro y, por supuesto, Ernesto Guevara, son visualizados como modernos Robin Hood que, acechando entre los árboles, a la cabeza de ejércitos zaparrastrosos, imponen su voluntad por las buenas o por las malas, mientras se postulan a la leyenda: indudables héroes políticos. Y atención que no digo solamente "marcas" dentro del rentable mercado mundial del progresismo, cosa que también son, sino verdaderos "héroes" o, más aún, auténticos "santos" políticos. Ocurre, entonces, como es natural, que en torno a ellos se formen congregaciones y sectas, aparezcan asociaciones encargadas del culto, defensoras de la fe, proliferen los frailes de la opinión y se afirme el pensamiento de parroquia. Tal es el mundillo que ha encabezado el rendido homenaje de Bolivia al 40 aniversario de la muerte del Che en su territorio.

La conciencia boliviana sobre Cuba anda, por supuesto, no es necesario decirlo, notablemente atrasada. Como dice François Furet en El pasado de una ilusión, a veces la idea comunista se extiende más allá de la zona en la que es posible conocer y aquilatar los crímenes a los que da lugar, por lo que puede conservar allí un prestigio un tanto postizo, incluso si la realidad que le dio origen ya vive en la decrepitud, ya decepcionó a todos, ya amenaza con derrumbarse. Creemos todavía en el espíritu audaz de las revoluciones, en su impulso emancipador, cuando éstas ya se han dado a luz sociedades opresivas y conservadoras. Amamos el ardor generoso de Robespierre, aunque con él se hayan encendido las hogueras del terror.

Confiamos aún en la posibilidad de un milagro, de un golpe tremendo y poderoso que parta la historia en dos partes, y que asegure un porvenir próspero y armónico para todos, en el que el gobierno de los hombres dé paso a la administración de las cosas. Entretanto, la historia misma, los hechos -que son implacables aunque pocos los conozcan-, no han parado de enseñarnos justamente lo contrario: que esos cambios tan terribles en su ingenuidad y su mojigatería, que esos esfuerzos por ordenar a las sociedades conforme a un paradigma totalizador, únicamente conducen a graves tragedias, como hoy la del pueblo cubano, empobrecido y silenciado, masivamente encadenado a los altares de una religión de Estado que promete liberar las mentes y las almas pero que, en lugar de eso, lo más que hace es ofrecer un culto totémico, primitivo, en torno a un hombre muerto hace 40 años.

 
 

SINDICACIÓN RSS

INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal  - Publicidad: Magnoliart SCom.  - Programación: Taller Digital