
Tal Cual
Caracas, 1 de noviembre 2007
"... La ambición de Chávez es semejante. También él quiere gobernar su país sin los molestos obstáculos que se presentan en las democracias liberales y aunque ya controla todas las instituciones políticas del país: el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, el tribunal electoral pero, como bien ha observado Teodoro Petkoff, le falta controlar el resto de la vida social del país y para ello necesita ganar el plebiscito del domingo". (Tal Cual)
E l 2 de diciembre de 1851, el presidente de Francia, Luis Napoleón Bonaparte, dio un golpe de Estado, y en nombre de la democracia disolvió la Asamblea Nacional Francesa. Llamó a un plebiscito, que ganó de forma abrumadora y un mes después promulgó una nueva Constitución que permitía un período presidencial de diez años y reelección indefinida. Insatisfecho con los poderes de la presidencia, valiéndose de un nuevo plebiscito, el 2 de diciembre de 1852 fue proclamado Emperador.
Fotomontaje: Sir Gregory Molina/TalCual
Este 2 de diciembre, si los venezolanos no lo detienen con sus votos, Hugo Chávez ni siquiera tendrá que disolver la Asamblea Nacional para convertirse en presidente vitalicio legitimado por un plebiscito y revalidando la tesis de G. Friederich Hegel sobre la repetición de los hechos históricos y la enmienda de Karl Marx, quien añadió: "La primera vez suceden como tragedia y la segunda como farsa". Con la oposición debilitada, la prensa censurada, un férreo control policial y repartiendo dádivas al pueblo, Napoleón III expandió el imperio francés y amplió su esfera de influencia económica de Argelia a Senegal, Cochinchina (Vietnam y Laos) y Camboya. Terminada la Guerra de Crimea, y cuando su poder en Europa era incontestable urdió una invasión a México cuyo verdadero propósito era poner en jaque a Estados Unidos.
La ambición de Chávez es semejante. También él quiere gobernar su país sin los molestos obstáculos que se presentan en las democracias liberales y aunque ya controla todas las instituciones políticas del país: el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, el tribunal electoral pero, como bien ha observado Teodoro Petkoff, le falta controlar el resto de la vida social del país y para ello necesita ganar el plebiscito del domingo.
Ya el gobierno venezolano utiliza el sistema educacional para adoctrinar a la juventud y ha declarado incompatible la autonomía universitaria con el papel rector del Estado. Las únicas organizaciones no gubernamentales aceptables son aquellas alineadas al Gobierno y en materia de comunicaciones no pugna por el monopolio sino por la hegemonía. Si triunfa en su proyecto, la Fuerza Armada se convertirá en un apéndice del partido político chavista unificado.
Pero Chávez no se conforma con ser el cacique de Venezuela. El quiere rebasar su ámbito nacional y ampliar el hasta ahora reducido espacio internacional que la relativa riqueza petrolera de Venezuela le ha facilitado porque su aspiración es enfrentar, aunque sea de forma escorzada, a Estados Unidos. Lo que le falta para poder concretar sus aspiraciones hegemónicas es lo que Georges Pompidou definiera como "los instrumentos de la política exterior de un país", es decir "los ejércitos y el dinero".
Con un presupuesto anual de defensa menor a los dos mil millones de dólares Venezuela no compite con Brasil y su presupuesto de 13.692 millones de dólares, que pronto crecerá 50%. Tampoco con Colombia, cuyo presupuesto ronda los tres mil millones de dólares o con Chile, que los supera. Aunque habría que señalar que Chile y Venezuela son los dos países de la región que más han gastado en armas en los dos últimos años y que el tipo de armamento que Chávez está comprando, así como sus repetidos intentos de influir políticamente en los países vecinos, son causa de preocupación regional.
En cuanto al dinero, a pesar de las ínfulas de Chávez y de su derroche de nuevo rico, Venezuela no está ni entre los 30 países más ricos del mundo. Con base en el Producto Interno Bruto anual de América Latina, sólo Brasil y México están entre los primeros 15. Comparar la riqueza de Venezuela con la de Estados Unidos sería un acto impúdico.
Quizá la mayor preocupación que existe hoy en los círculos diplomáticos estadounidenses sean los crecientes vínculos de Chávez con Irán. La existencia de un vuelo directo de Teherán a Caracas y el floreciente mercado negro de documentos de identidad falsos abren la posibilidad real de que se pudiera montar una base de operaciones terroristas en suelo americano. También inquieta la posibilidad de que Venezuela, que tiene libre acceso a los mercados financieros internacionales pudiera servir de prestanombres a los Ayatolás iraníes.
A diferencia de Napoleón III, Chávez, cuya retórica es generalmente intolerable, sólo representa un peligro real para los venezolanos. Y, afortunadamente, todo indica que la administración de Bush, después de un confuso período inicial, ha entendido bien que con Chávez, la clave es no repetir los errores de la administración de Ronald Reagan en la Nicaragua de los años ochenta, que sobredimensionó a un adversario cuya capacidad de hacer daño fuera de su país era sumamente limitada.
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