ESPECIAL PARA INFOLATAM

Análisis realizado por Fernando Molina

La dinámica perversa

 
 

Infolatam
La Paz, 14 de agosto, 2007


(Especial para Infolatam) .- "... Las presiones desde la izquierda harán que negociar y llegar a acuerdos con la oposición exija el liderazgo de un estadista dispuesto a enfrentar la adversidad y la rechifla para resolver el impasse estructural que ha llevado al país a la crisis política desde hace siete años. Y es dudoso que el presidente Morales esté a la altura de semejante desafío".

Aunque las cúpulas del gobierno boliviano han comprendido que no pueden imponerse absolutamente en la Asamblea Constituyente, y que por tanto necesitan concertar con la oposición política y regional, tienen dificultades para llevar a cabo su estrategia, a causa de la resistencia que ésta despierta en sus propias filas y en las de sus aliados. Los sectores indigenistas y el MSM, partido del Alcalde de La Paz, y principal socio del presidente Evo Morales, están en contra del acuerdo logrado por los parlamentarios del oficialista MAS para darle viabilidad a la Asamblea, que hace poco ha cumplido su término legal de un año sin lograr resultados.

Esta es la dinámica perversa. Para acumular una mayor "masa" política, el MAS impulsó a las políticas radicales, a los dirigentes de los llamados "movimientos sociales", aunque sus discursos fueran inaplicables, y dio vuelo a su pretensión de "refundar el país". Además, en el forcejeo con sus adversarios, recurrió una y otra vez a la movilización de los grupos de interés que orbitan en torno a la Asamblea, pidiéndoles que ayudaran a imponer la línea de izquierda, todavía sin definir claramente, por encima de las voces disidentes.

Como era previsible, esto no sirvió para nada y la Asamblea concluyó su periodo sin resultados. Si quiere evitar el fracaso total de este esfuerzo, promovido en primer lugar por él mismo, el gobierno debe tratar de llegar a acuerdos mínimos con los departamentos y los grupos que poseen una "visión occidental" del futuro del país, y desplazar, así sea parcialmente, a los defensores de una fuerte "etnización" del Estado. Pero no le será fácil. Lo hecho y dicho hasta ahora ha adquirido dinámica propia y, como todos sabemos, es muy difícil girar soportando una fuerte inercia. Las presiones desde la izquierda harán que negociar y llegar a acuerdos con la oposición exija el liderazgo de un estadista dispuesto a enfrentar la adversidad y la rechifla para resolver el impasse estructural que ha llevado al país a la crisis política desde hace siete años. Y es dudoso que el presidente Morales esté a la altura de semejante desafío.

De modo que, si tuviéramos que pronosticar algo, lo mejor sería comportarse conservadoramente. Sí, el gobierno parece inclinarse hacia la concertación en lugar de tratar de avasallar, lo cual es positivo y digno de aplauso. Pero no, no hay seguridades de que pueda o quiera mantener ese curso, porque el mismo no le conviene a los radicales de su propio lado (embriagados por la posibilidad, que ellos ven inminente, de organizar una revolución indianista en Bolivia), ni a los radicales del extremo opuesto, que creen que la agudización de las contradicciones actuales les permitirá finalmente derrocar a Evo Morales, sin comprender que, en las circunstancias actuales, después de Morales sólo está la guerra civil.

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