
Infolatam
Santiago, 27 de mayo de 2008
(Especial para Infolatam).-
"...Aunque esta sea una hipótesis que de momento se ve lejana, porque no hay mejor adhesivo que el poder para unir a una coalición política, es un hecho que el pesimismo reinante en la Concertación acerca de su continuidad en el gobierno está permitiendo ahora arrebatos y desencuentros que en otro momento los partidos ni siquiera hubieran imaginado."
Dos de los cuatro partidos oficialistas quieren inscribir lista aparte en las próximas elecciones municipales chilenas. ¿Sobrevivirá la Concertación a las pulsiones del divisionismo y a la falta de liderazgo?
Un fantasma recorre al oficialismo en Chile. Es el viejo fantasma de la división, que esta vez reaparece tras la decisión del Partido por la Democracia (PPD) y el Partido Radical (PR), dos de los cuatro partidos de la Concertación, rótulo del bloque político que ha estado tras los cuatro gobiernos que ha tenido el país desde la restauración democrática de 1990, de llevar lista aparte para las elecciones municipales de octubre próximo.
Como lo han hecho presente los directivos de los partidos díscolos, no se trata del fin de la Concertación, puesto que desde ya ambos se comprometen a votar por los candidatos a alcaldes en los cuales la centro-izquierda se ponga oportunamente de acuerdo. Pero la idea de descartar la lista unitaria para los concejales es un síntoma doblemente preocupante en momentos en que, a partir de escándalos en el gobierno y desórdenes en los partidos, el tema de la fatiga de la Concertación se está tornando cada vez más recurrente.
Aunque en términos de realismo político cualquier alianza gubernativa debería darse por más que satisfecha si tras 18 años en el poder el único costo del fragor de sus batallas es alguna fatiga en los liderazgos y en las ideas, son muchos los dirigentes concertacionistas que ven en el desprecio al valor de la unidad en esta vuelta, la puerta de entrada a un túnel disociador que podría terminar pulverizando tanto el ethos como las lealtades internas del sector. Porque si los cuatro partidos son incapaces de concordar listas conjuntas de concejales, el día de mañana también podrían dejarse tentar por candidaturas parlamentarias y presidenciales separadas. Aunque esta sea una hipótesis que de momento se ve lejana, porque no hay mejor adhesivo que el poder para unir a una coalición política, es un hecho que el pesimismo reinante en la Concertación acerca de su continuidad en el gobierno está permitiendo ahora arrebatos y desencuentros que en otro momento los partidos ni siquiera hubieran imaginado.
Lo peor de la voluntad del PPD y el PR de correr con colores propios es que deja a sus socios de centro (la Democracia Cristiana) e izquierda (el Partido Socialista) en una posición inconfortable. Ambos son los partidos que tenían mayor poder de negociación en la conformación de las listas unitarias. Ahora van a ser muchos los democratacristianos y socialistas que se van a plantear si acaso no debieran competir también en listas separadas, para saber con precisión qué peso tiene cada cual en la votación nacional. Eso podría ser el comienzo del fin de la Concertación, al menos en los términos en que se ha organizado y comportado hasta ahora.
Chile, en cualquier caso, tiene un sistema de partidos que, a pesar de todas sus turbulencias y tensiones, es bastante ordenado. Pero está claro que en el bloque de gobierno se han estado acumulando por demasiado tiempo traumas y falencias que comienzan a pasar la cuenta. El problema es que precisamente ahora no hay un líder capaz de convocar con éxito a la unidad y que ninguno de los precandidatos presidenciales que se perfilan desde la Concertación –el ex presidente Ricardo Lagos, el actual secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, y la senadora Soledad Alvear, presidenta de la DC- dan por adelantado garantía de ser cartas ganadoras para una elección que, en las encuestas al menos, por ahora favorece al candidato opositor, Sebastián Piñera. La esperanza para la Concertación es que una cosa son los sondeos al día de hoy y otra muy distinta son las elecciones que tendrán lugar a fines del 2009.
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