
Infolatam
Buenos Aires, 19 de julio 2007
(Especial para Infolatam).- "..Todas las interpretaciones y las fantasías electorales son posibles. La candidatura de Cristina Fernández las activa a todas y pone una nota de renovado interés en la elección presidencial... Para la oposición a Kirchner es un gran desafío"
La candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner está en el aire desde hace algún tiempo. En estos meses, la hoy candidata ha emitido más señales que mensajes explícitos. Madrid puede ser una primera instancia donde sea preciso formular conceptos más explícitos. En cuanto a sus reales posibilidades electorales, según todas las encuestas conocidas la senadora es ganadora en la primera vuelta, como también lo hubiera sido Néstor Kirchner.
Ese hecho califica, desde ya, la relevancia simbólica de esta decisión del oficialismo. Que un presidente que ha logrado sostener su tasa de aprobación en niveles notablemente altos después de cuatro años de gestión, sobrepasando muchos resultados positivos pero también importantes sinsabores -especialmente en los últimos meses- y que recoge en los sondeos electorales un caudal de votos muy importante, decida resignar su autosucesión y ceder el lugar, es un mensaje que la opinión pública argentina decodifica positivamente. Es plausible que así ocurra también fuera de la Argentina.
Que la sucesora sea una mujer no es un hecho menor. En todo el mundo, y por cierto también dentro de la Argentina, se asiste a una ola de ascenso de mujeres a los primeros planos de la política. Eso está dejando de ser una rareza para empezar a tornarse una tendencia.
En cuanto a las señales, Cristina Fernández de Kirchner ha estado sembrando el terreno -dentro y fuera de la Argentina- con indicios positivos en planos que en buena parte de la sociedad argentina y en el exterior son vistos como deficitarios en la presente gestión. El gobierno lo sabe. El recambio presidencial, si se produce efectivamente, puede preparar el terreno para las necesarias correcciones que la siempre cambiante realidad está requiriendo. Los temas acuciantes como la inflación y el abastecimiento de energía y combustibles, los temas de fondo como la mejora de la calidad de las instituciones del estado, la política internacional, son terrenos donde hoy se cultivan disímiles expectativas.
Aunque la posición electoral de Cristina Fernández hoy es cómoda, todavía falta algo más de tres meses para el día de la votación. Es cierto que la oposición sigue mostrándose muy fragmentada y débil. Ante ese hecho, un cálculo posible en el oficialismo es que la elección presidencial se gana de cualquier manera y bajo cualquier escenario. Pero, por otro lado, la independencia de criterio que está exhibiendo el electorado argentino en el nivel de las provincias abre el espacio a cualquier conjetura sobre cambios de humor o de tendencias.
Todas las interpretaciones y las fantasías electorales son posibles. La candidatura de Cristina Fernández las activa a todas y pone una nota de renovado interés en la elección presidencial. El gobierno apuesta fuerte. Cuánto de continuidad y cuánto de cambio preanuncia su decisión no será algo fácil de establecer muy pronto. Pero anticipa una confrontación electoral a jugarse en una cancha distinta. Para la oposición a Kirchner es un gran desafío. Para los candidatos locales que todavía deben dirimir sus elecciones provinciales puede ser un cambio parcial de escenario. Para la Argentina toda es una señal auspiciosa: este período que muchos analistas vienen definiendo desde hace un tiempo como una transición a un nuevo contexto político democrático se está tornando muy dinámico.
El tiempo y ese mismo dinamismo del proceso político siguen socavando los cimientos de la vieja política y contribuyen a que se generen, en todo el territorio del país, nuevas ofertas políticas. Precisamente lo que la sociedad argentina viene demandando desde hace años.
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