Don Juan Carlos felicita al Nobel de Literatura Gabriel García Márquez durante la inauguración del Congreso de la Lengua Española.
Infolatam
Cartagena de Indias (Colombia), 26 de marzo 2007
Las distintas expresiones del lenguaje, las palabras que permanecen en unos lugares y en otros han desaparecido, las impurezas de la lengua, la fertilidad de la mezcla y, claro, la literatura de García Márquez, abrieron el IV Congreso Internacional de la Lengua Española.
Los Reyes de España y el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, estaban presentes en el auditorio iberoamericano del Centro de Convenciones de Cartagena, junto a centenares de escritores, periodistas, políticos, lingüistas y expertos que durante cuatro días van a escrutar el futuro y los desafíos de la lengua española.
Vestido de blanco impoluto y acompañado por su esposa Mercedes Barcha, el popular "Gabo" recibía el homenaje de las Letras Hispanas, en un año que se cumplen varios e importantes aniversarios en relación con su persona: sus ochenta años, los sesenta de la publicación de su primer cuento, los cuarenta de "Cien años de soledad", y los 25 del Nobel.
César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes, el ex presidente de Colombia Belisario Betancur, el escritor argentino Tomás Eloy Martínez y el español Antonio Muñoz Molina, abrieron el congreso. Molina habló de la percepción novedosa de la lengua que se apoya en dos principios: uno de "carácter incluyente", porque la lengua es "hoy más que nunca asunto de quienes la hablan", y otro en "la voluntad de futuro".
En su opinión "no existe ningún" acontecimiento semejante en torno a ninguna otra lengua en el mundo como este foro donde "nos hemos anticipado a las demás" y "hemos inaugurado una nueva forma de entender la dimensión de las lenguas en la sociedad contemporánea".
Además de consideraciones sobre los retos que representa el futuro para el español, el director del Instituto Cervantes no podía dejar pasar la creación literaria porque "si alguien representa por antonomasia una lengua es la figura del escritor" y García Márquez "uno de los mayores iconos mundiales de nuestra lengua". Betancur, presidente de honor del congreso, se refirió al mestizaje de la lengua de Castilla desde el momento mismo de la llegada de los conquistadores españoles a América, y recordó que la palabra "canoa" fue la primera aborigen incorporada al español.
"Fue en ese momento (la llegada de los españoles) en que nació Macondo, que descubrió cuatro siglos después García Márquez", dijo, un lugar de esta América que ya no es la de los conquistadores, sino "la que ha convertido la diversidad en unidad de la lengua y la América que escribe y habla en español".
Muñoz Molina recordó cómo hace 50 años nació el germen de lo que hoy es la Unión Europea con algo básico, el carbón y el acero, para trazar un paralelismo con la lengua común porque "el primer impulso de la comunidad hispánica ha sido la literatura".
Pero la literatura va mucho más allá, según el autor español, porque "los hablantes hemos descubierto el mundo con la hermosa mercancía de las palabras impresas". Haciendo referencia a la obra de García Márquez, Muñoz Molina afirmó que con "Cien años de soledad", leída a sus quince años, cuando cayó en sus manos de "una manera casual", nació su vocación literaria.
Esa obra le sumergió "en un mundo, en un idioma, en una manera de contar totalmente diferente, desconocido", como si fueran los "cuentos primitivos", una novela que "no iba a parecerse a ninguna otra". Las obras surgidas de los escritores hispanoamericanos, de las que las del Nobel colombiano son exponentes, "cambió en unos pocos años la literatura en español", y en esas obras, continuó Muñoz Molina, se ha constatado la presencia de un "idioma inagotable en sus variedades".
"La mejor literatura la ha escrito la gente que cruzaba fronteras", afirmó el escritor español, mientras que Tomás Eloy Martínez se refirió al mestizaje del español, un idioma "impregnado" de giros quechuas, de Cervantes o de "La Celestina". "Lengua mestiza" llamó al español el escritor argentino, porque en ella hallamos "vetas árabes y guaraníes", "relámpagos de Macondo y del Quijote", así como "vallenatos de Barranquilla y romanceros gitanos".
"Amo las impurezas de mi lengua, la gracia con la que fertiliza otras lenguas y se deja fertilizar" sin perder su libertad, dijo, porque el español está vivo "somos hijos de una lengua, que como el agua va por todas partes", somos, concluyó, los hablantes de América y España "un mismo cuerpo, la lengua es nuestra patria común".
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