
Infolatam
Paris, 10 junio 2009
(Especial para Infolatam por Ángel Melguizo y Javier Santiso).- "... Ambos, fondos de pensiones y fondos soberanos, tienen horizontes temporales largos, ambos podrían convertirse en fuentes de financiación para las infraestructuras. Estas apuestas podrían darle un empujón muy saludable a la región. La crisis podría tener así alguna `bendición disfrazada´. Ojalá la región pueda aprovechar estas oportunidades".
La inversión en infraestructuras es un factor clave para el crecimiento económico de largo plazo. El futuro de toda economía depende de la calidad y extensión de su red de carreteras, puertos y aeropuertos, de la eficacia de su red de transporte ferroviario, de una correcta provisión de agua, y de unas infraestructuras educativas y sanitarias adecuadas.
El nivel óptimo es difícil de determinar, pero la evidencia internacional sugiere que la inversión anual en infraestructuras se debería elevar al menos al 5% del PIB. En las economías más pujantes de Asia (como China, Tailandia o Vietnam) la inversión se ha situado por encima, alcanzando incluso niveles de 6-8% en el caso chino.
Ello contrasta con la experiencia en América Latina, donde la inversión apenas supera el 2% del PIB, debido a la reducción de la inversión pública. Dicho de otra manera, mientras la locomotora china apostó masivamente por las infraestructuras, la región quedó rezagada.
La actual crisis económica presenta quizás algunas oportunidades al respecto. Algunos países (como Chile, México o Perú) en la región reaccionaron activando planes de estímulo con componentes algunos importantes en gastos de infraestructuras, en línea con las recomendaciones de todos los expertos. De manera más estructural sin embargo ¿deberían las economías de América Latina elevar la tasa de inversión pública, aunque ello implique más déficit y más deuda pública?
Los fondos en America Latina
Quizá, pero no necesariamente. Cada vez hay más ejemplos de proyectos de inversión público-privados. Además, América Latina ha sido la región pionera en las reformas estructurales de los sistemas de pensiones, unas instituciones de inversión colectiva con horizontes temporales largos (algo que encaja también con los horizontes temporales de infraestructuras). Los fondos acumulan recursos de entre el 10% y el 60% del PIB. Los afiliados son relativamente jóvenes, por lo que no comenzarán a retirar sus ahorros de manera mayoritaria hasta dentro de bastantes años. A cambio de esta contribución, los fondos de pensiones incorporarían a sus carteras unos activos que muestran una relación rentabilidad-riesgo muy favorable, y elevan la cuantía de las prestaciones al aumentar el crecimiento potencial de la economía.
Lograrlo no es una tarea sencilla. Se precisa de una combinación virtuosa de buen gobierno (son inversiones poco líquidas y de medio plazo), un mercado de capitales profundo, un sistema de concesiones y de financiación público-privada de infraestructuras desarrollados, y una regulación flexible del sistema de pensiones.
Chile es la referencia, hasta el momento. La cartera de los fondos de pensiones chilenos acumula cada 1 de cada 10 pesos en acciones y deuda de empresas de energía y telecomunicaciones, o directamente a través de bonos de infraestructuras emitidos por las empresas concesionarias de autopistas y aeropuertos. Gracias en parte a ello, la inversión privada en infraestructuras se eleva al entorno del 4% del PIB, dotando al sector público de margen para otras políticas.
Desde Perú llegan noticias cada vez más positivas. Uno de los financiadores principales del fondo de infraestructuras creado por el Ministerio de Economía y Finanzas dentro del Plan de Estímulo Económico serán los fondos de pensiones. Según la información disponible, las cuatro administradoras de fondos de pensiones en el país aportarían conjuntamente, unos 250 millones de dólares a proyectos de infraestructuras (incluidos proyectos nuevos), equivalentes a la mitad del fondo, incrementando muy significativamente su cartera en estos activos. El resto de fondos serían aportados por el banco de desarrollo nacional Corporación Financiera de Desarrollo (Cofide), y eventualmente por organismos multilaterales como la Corporación Andina de Fomento (CAF) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Esperemos que las economías de la región intenten un camino similar.
Otras fuentes de financiación
Existen igualmente otras fuentes de financiación de que podrían volcarse hacia la región y que también tienen en general horizontes de inversión de largo plazo. Éstas son los fondos soberanos. En un trabajo publicado en el marco del OECD Emerging Markets Network (EmNet) (ver Javier Santiso, "Sovereign Development Funds: Key Financial Actors of the Shifting Wealth of Nations", OECD Emerging Markets Network Working Paper, Octubre 2008), hemos argumentado el creciente apetito y potencial de los fondos soberanos para invertir en otros países emergentes. La reciente crisis financiera, originada en los países OCDE puede que lejos de inhibir este apetito al contrario lo acelere.
Prueba de ello son las operaciones de inversiones sur-sur mencionadas en ese trabajo, que no dejaron de multiplicarse en el 2008. América Latina, si bien no es la región dónde se concentran estas inversiones en otros emergentes, no quedó fuera de juego como lo muestran las operaciones realizadas por algunos fondos soberanos árabes e incluso las aperturas en México y Brasil de oficinas de inversión del gigante Temasek, el fondo soberano de Singapur.
Esta institución incluso confirmó en mayo 2009 su creciente apetito por invertir mucho más en los países emergentes vendiendo su participación en Bank of America y decidiendo en paralelo revisar su estrategia de inversión. Pretende así reducir a 20% el total de sus activos en países desarrollados y llevar hasta 50% del total sus inversiones en emergentes, el resto siendo destinado a Singapur.
Este ejemplo apunta hacia otra fuente potencial para financiar proyectos de infraestructuras en la región y sumarse así a los flujos procedentes de los fondos de pensiones locales o de las institucionales multilaterales. Por su parte, el Banco Mundial dio un paso importante al crear IFC Asset Management en mayo 2009, una nueva subsidiaria de gestión de activos, que administrará el Fondo para la recapitalización de bancos de US$3.000 millones pero podrá también administrar capital para el desarrollo por cuenta de terceros, incluyendo fondos de pensiones y fondos soberanos.
Ambos, fondos de pensiones y fondos soberanos, tienen horizontes temporales largos, ambos podrían convertirse en fuentes de financiación para las infraestructuras. Estas apuestas podrían darle un empujón muy saludable a la región. La crisis podría tener así alguna `bendición disfrazada´. Ojalá la región pueda aprovechar estas oportunidades.
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