
Washington Post
Washicnton, 2 julio 2009
"... La crisis de Honduras debería atraer la atención del mundo hacia esta verdad respecto de la América Latina actual: que la amenaza más grave a la libertad proviene de populistas electos que procuran destruir las instituciones del Estado de Derecho a partir de sus caprichos megalómanos. Dado ese escenario, la respuesta del hemisferio a la crisis de Honduras ha minado la posición de quienes están tratando de impedir que el populismo retrotraiga a la región a épocas infaustas en las que estaba obligado a escoger entre las revoluciones izquierdistas y las dictaduras militares".(The Washinton Post. EE.UU.)
"Cuando un grupo de soldados irrumpen en una casa presidencial, se llevan al Presidente y lo ponen en un vuelo hacia el exilio, como sucedió en Honduras el domingo pasado, está claro que se ha dado un "golpe". Pero, a diferencia de la mayoría de los golpes en la tortuosa historia republicana de América Latina, el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, carga con la mayor responsabilidad por su derrocamiento.
...El Congreso, el Partido Liberal de Zelaya y una mayoría de hondureños (en sucesivas encuestas y a veces en las calles) expresaron su horror ante la posibilidad de que el Presidente se perpetuase en el poder y pusiese a Honduras en manos de Chávez. Desafiando las disposiciones judiciales, Zelaya persistió. Rodeado de una turba, irrumpió en las instalaciones militares donde se conservaban las boletas electorales y ordenó su distribución. Los tribunales declararon que Zelaya se había puesto al margen de la ley y el Congreso inició un juicio político para destituirlo.
Este es el contexto en el que las Fuerzas Armadas, en una movida poco atinada que convirtió en golpe de Estado un mecanismo perfectamente legal para frenar a Zelaya, expulsaron al Presidente. El hecho de que el procedimiento constitucional fuera luego cumplido al designar el Congreso al jefe del Poder Legislativo, Roberto Micheletti, como Presidente interino, y que se confirmaran los comicios fijados para noviembre, no quita la mancha de ilegitimidad que afecta al nuevo gobierno. Este factor ha desarmado a los críticos de Zelaya en la comunidad internacional frente a la bien coordinada campaña de Chávez para reinstaurarlo en el cargo y denunciar el golpe como un ataque oligárquico contra la democracia.
Dicho esto, la respuesta internacional, que intenta reponer a Zelaya sin mencionar en absoluto sus actos ilegales ni ponerle la condición de respetar la Constitución, ha sido sumamente inadecuada. La Organización de Estados Americanos, conducida por su Secretario General, José Miguel Insulza, de quien me precio de ser amigo, ha actuado como un verdadero perro faldero de Venezuela. A pedido de Chávez, Insulza viajó a Nicaragua, donde una cumbre del antidemocrático grupo del ALBA se convirtió en el "centro de gravedad" político del hemisferio después del golpe. Insulza y los esperpénticos Presidentes populistas no dijeron nada acerca de la conducta dictatorial de Zelaya que provocó los sucesos del domingo pasado, limitándose a hacerse eco de la posición interesada de Venezuela. Los esfuerzos de otros países, incluidos los Estados Unidos y varios gobiernos sudamericanos, para matizar las declaraciones públicas y buscar una solución justa a la crisis hondureña fueron neutralizados por el espectáculo que se desarrollaba en Nicaragua, del que se informó ad náuseam en el mundo de habla hispana. Fue penoso ver a Insulza acordarse de pronto de la Carta Democrática Interamericana de su organización en relación a Honduras: el conjunto de exigencias democráticas que Chávez, Morales, Correa y Daniel Ortega en Nicaragua han violado en numerosas ocasiones mientras la OEA hacia la vista gorda.
La crisis de Honduras debería atraer la atención del mundo hacia esta verdad respecto de la América Latina actual: que la amenaza más grave a la libertad proviene de populistas electos que procuran destruir las instituciones del Estado de Derecho a partir de sus caprichos megalómanos. Dado ese escenario, la respuesta del hemisferio a la crisis de Honduras ha minado la posición de quienes están tratando de impedir que el populismo retrotraiga a la región a épocas infaustas en las que estaba obligado a escoger entre las revoluciones izquierdistas y las dictaduras militares"
Extracto del artículo publicado en The Washinton Post (Estados Unidos)
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