
La Nación
Buenos Aires, 16 de octubre de 2008
"...Nos desviamos de lo básico. De los fundamentos de la prudencia en otorgar y solicitar préstamos, según los cuales el prestamista y el prestatario se hacen cargo de cierta responsabilidad personal por la transacción, y manifiestan cierto interés personal por ella, asegurándose de que la persona que recibe el dinero pueda devolverlo. En cambio, caímos en lo que alguna gente llama préstamos del tipo "ni usted ni yo estaremos aquí" cuando llegue el momento de pagar."...(La Nación. Argentina)
"... ¿Nueva York? Un amigo suele recordarme que si uno salta desde la terraza de un edificio de 80 pisos, durante 79 pisos puede creer que está volando. Lo que mata es la súbita parada del final.
Cuando pienso en el boom, la burbuja y el súbito estallido de los servicios financieros por los que ha pasado recientemente Estados Unidos, suelo recordar esa imagen. Creíamos estar volando. Bien, acabamos de llegar a la súbita parada final. Resulta que la ley de gravedad sigue vigente. No se les puede decir a decenas de miles de personas que pueden hacer realidad el sueño americano (tener una casa sin nada que pagar por dos años) sin que eso se les vuelva en contra. La ética puritana del trabajo duro y el ahorro todavía funciona. Aborrezco la idea de que esa ética esté hoy más presente en China que en Estados Unidos.
Nuestra burbuja financiera, como todas las burbujas, fue alimentada por ramales complejos -derivados y trueques de créditos en default- pero en el fondo era muy simple.
Nos desviamos de lo básico. De los fundamentos de la prudencia en otorgar y solicitar préstamos, según los cuales el prestamista y el prestatario se hacen cargo de cierta responsabilidad personal por la transacción, y manifiestan cierto interés personal por ella, asegurándose de que la persona que recibe el dinero pueda devolverlo. En cambio, caímos en lo que alguna gente llama préstamos del tipo "ni usted ni yo estaremos aquí" cuando llegue el momento de pagar.
Sí, esta burbuja la armamos nosotros. No todos, porque muchos estadounidenses eran demasiado pobres para entrar en el juego. Pero sí suficiente cantidad de nosotros como para decir que es una burbuja estadounidense. Y no saldremos de ella sin volver a algunos presupuestos básicos, y es por eso que estoy releyendo un valioso libro llamado El por qué y cómo hacemos las cosas es de enorme importancia en los negocios [y en la vida]. Su autor, Dov Seidman, es ejecutivo de LRN, un organismo que ayuda a las empresas a construir una cultura corporativa ética.
Seidman argumenta que en nuestro mundo hiperconectado y transparente, la manera en que uno hace las cosas es más importante que nunca, porque ahora hay tanta más gente que puede ver cómo uno hace las cosas, y que le cuenta a otros por Internet, sin costo y sin ninguna restricción.
Destino
"En un mundo conectado -me dijo Seidman- los países, los gobiernos y las empresas también tienen carácter, y su carácter (cómo hacen lo que hacen, cómo cumplen sus promesas, cómo toman decisiones, cómo ocurren realmente las cosas en su interior, cómo se conectan y colaboran, cómo engendran confianza, cómo se relacionan con sus clientes, con el medio ambiente y con las comunidades) es su destino."
Nos alejamos de todos esos cómo. Es decir, nos alejamos de un mundo en el que, si uno quería una hipoteca para comprar una casa, tenía que demostrar ingresos reales y antecedentes crediticios. Caímos en un mundo en el que un banquero podía venderle una hipoteca y hacer un montón de dinero por adelantado y después endosarle su hipoteca a un "empaquetador" que armaba un paquete con otras hipotecas, las dividía en bonos y se las vendía a bancos tan remotos como los de Islandia.
El banco que concedía la hipoteca se alejó del cómo porque simplemente traspasaba, a usted y a su hipoteca, a un empaquetador. Y el banco de inversiones que armaba paquetes con esas hipotecas se alejó del cómo porque no lo conocía a usted, pero si sabía que era lucrativo juntar sus hipotecas con otras en un paquete. Y la calificadora de riesgo que daba valor a esos créditos se alejó del cómo porque se podía hacer muchísimo dinero asignando un buen valor a esos bonos. Y entonces, ¿para qué examinar las cosas en gran profundidad?
.... Debemos volver a colaborar como antes. Es decir, necesitamos gente que tome decisiones comerciales con buen juicio, prudencia, claridad de comunicación y pensando en el cómo... no en el cuánto".
Traducción: Mirta Rosenberg
Extracto del artículo publicado por el diario La Nación
INFOLATAM Todos los derechos reservados 2005 Advertencia legal - Publicidad: Magnoliart SCom. - Programación: Taller Digital